martes, 24 de noviembre de 2009

Los hijos de Hilario

Macedonio Villafán Broncano (Ancash, 1949) es escritor, crítico literario y catedrático universitario en la Universidad Nacional de Ancash Santiago Antúnez de Mayolo. En 1987 obtuvo el Tercer Premio Copé de Cuento con “Sueños y viajes en las quebradas”; en 1997, el Primer Puesto del Premio Nacional de Literatura Quechua de la Universidad Federico Villareal con el cuento “Apu Kolkijirka”, y es autor del libro “Los hijos de Hilario” (1999). A continuación, una versión resumida de la entrevista a Villafàn.

En su libro de cuentos “Los hijos de Hilario”, ¿los temas lo fueron escogiendo o usted los escogió? ¿Cómo se articuló su contenido?
Los temas propios surgen a veces como una suerte de respuesta a la ausencia de temas de otros escritores, como una especie de búsqueda de temas de los que no han hablado otros. En mi caso, fui consciente de que había que diferenciarse de de los que estaban cerca, como Óscar Colchado, o, un poco antes, del mismo Marcos Yauri Montero, o de los maestros Alegría y Arguedas. Vi, por ejemplo, que Óscar Colchado, en “Cordillera Negra”, se había orientado al hombre andino en espacios rurales. Entonces pensé que tenía que hacer algo diferente, pues advertí que había cambios. El hombre del Callejón de Huaylas, por ejemplo, más o menos por la década del 60 empezó a cambiar; se trataba de un campesino andino en transformación, con todas las posibilidades de insertarse en el espacio urbano. Entonces, me dije, acá está el tema, y encontré esta veta de la migración y de la transformación que va sufriendo el hombre andino frente al mundo urbano y la modernidad.

Usted ha construido personajes que se resisten a la modernidad, pero que sin embargo no quieren ser ajenos a ésta.
Claro, toda transformación es conflictiva, no es fácil. De ahí que, efectivamente, podemos señalar que se trata de marcar los diversos rostros, las diversas instancias, o, si se quiere, las diversas caras de ese prisma en el que se encuentra el hombre andino. Este hombre andino puede transformarse sin sacar el pie del mundo rural, por ejemplo el personaje narrador de mi cuento “Fiesta grande”, o, de repente, en el caso de “Tantas amarguras por ella”, donde los padres buscan aferrarse a su mundo y no quieren que su hijo parta con la ola migratoria hacia la capital. Como tú dices, el hombre andino se ve inmerso en el conflicto de qué hacer ante un universo en que la modernidad atropella e invade su mundo. Yo creo que deben verse las múltiples facetas, los rostros, los conflictos, los diversos modos, y señalar qué avances y qué retrocesos se han producido.
¿Cómo logra configurar el efecto mítico en “Los hijos de Hilario”?
Bueno, yo pienso que cuando se habla del hombre andino hay que hacerlo desde su contexto cultural, y lo mítico es parte obligatoria de ese contexto. El mito implica un lenguaje, un medio, un discurso de aprehensión del mundo; y pienso yo que un escritor que intente mostrar al hombre andino, necesariamente tiene que llegar al discurso mítico, un elemento que no se puede obviar.

En su libro inédito “Pequeña nación” noto que la variante de la oralidad mítica e histórica, al final del relato, juega con la ironía, o es, en todo caso, un juego creativo que tiene que detectar el lector. ¿Qué plantea este libro?
Este libro es, en principio, un proyecto que está en pleno desarrollo. Es una especie de puntas de ciertos icebergs que están en el mar; ahí está la mirada a la época de la Conquista, a los hechos históricos, y su interpretación desde el tiempo actual. La propuesta que estoy trabajando es una especie de visión de historias cortas de lo que es Ancash, pero no en sentido localista lógicamente. Pretendo más bien que sea engañoso. La pretensión es que el libro, a través de la suma en conjunto de los cuentos breves, sea una especie de símbolo de cualquier país latinoamericano, de cualquier región latinoamericana, o, en todo caso, de nacionalidades pequeñas en nuestra Latinoamérica. Aparte de la pretensión de hacer diversas voces, diversos discursos con diversos lenguajes, hay varias y múltiples cosas por ver en estos textos.
¿Cómo ve el panorama actual de la literatura ancashina, hay un florecimiento responsable o irresponsable?
Es heterogéneo, la heterogeneidad no en el sentido de Antonio Cornejo Polar, cuando habla del indigenismo, sino en cuanto a niveles. Yo estoy atento a toda la literatura en Ancash, desde los 70, y creo que ese problema persiste. Así como podemos encontrar poetas que se esmeran, que trabajan la palabra, que tratan de tener en cuenta, digamos, el contexto literario de este ciclo, de cómo se está haciendo literatura en otros sitios, hay otros que no piensan en ese problema, no se hacen problemas por eso y, sin embargo, publican libros. Hay gente que sí tiene mucho entusiasmo en que su arte sea duradero y genere discusión y debate, pues necesariamente pasa por una exigencia, por una búsqueda desde algún modo novedoso de escribir o de trabajar la palabra, entonces se van esmerando; pero hay otros que piensan sacar libros y nada más. Pero sucede también que a veces uno va a un encuentro de literatura o sobre literatura, y se encuentra textos con mucho descuido, entonces esa heterogeneidad de niveles persiste. No obstante, hay una tradición que está bien fundada en Ancash; en narrativa, por ejemplo, está cimentada en Zavaleta, en Yauri, en Colchado. Y si esta tradición está bien cimentada, ¿por dónde hay que continuar? Pues por el camino de mantener el nivel para que la literatura de nuestra región concite la atención de otras latitudes.

jueves, 19 de noviembre de 2009

La contemplación y la palabra: Un poco de aire en una boca impura

Por: Axthedmio Mau Guil

Hugo Friedrich señalaba que la poesía moderna se caracteriza por su agresivo dramatismo. Pues éste impera en relación entre los temas y motivos, y que en modo alguno, son contrapuestos entre ellos, como también un estilo inquieto el cual plantea. Esta correspondencia de dislocamientos va tratar de romper cuanto sea posible la correspondencia entre los signos y lo designado. No obstante, éste dramatismo determinará también la relación entre el poema y el lector, provocando un encuentro cuya víctima es este último.

Creemos por ello que Un poco de aire en una boca impura, libro conformado por poemas en prosa y en verso, se circunscribe a esta poética moderna. Asimismo, creemos que dicho libro se enfrenta al duro trabajo de batallar con la palabra misma (hay varios poemas que tienen como eje a la “palabra misma”, ésta palabra tiene que salir, aunque sea, de unos labios impuros). De otro modo, Un poco de aire en una boca impura acentúa un agudo dramatismo entre la tensión de surrealizar dentro de la página en blanco la palabra exacta, perfecta e inquieta. Este mismo dramatismo también coincide con el dramatismo temático, por los dislocamientos del discurso poético y la des-estabilidad dentro de un espacio en el “yo” poético. Dicho en otro términos, el dramatismo de Un poco de aire en una boca impura no opera con los temas o los motivos únicamente, sino que hay una dramatismo especial del “yo” poético por crear la palabra perfecta dentro de un mundo impuro (¿será reiterar que este mundo engloba un mundo mítico surrealista, un mundo paisajista surrealista, un mundo cotidiano surrealista?) En momentos, la técnica surrealista sirve para colocar imágenes modernistas. Cuando por ejemplo se pinta a la naturaleza, que no es otra cosa que el fluir libre del consciente del “yo” poético. En otros en cambio, éste surrealismo se mezcla con un tipo de escritura coloquial, que se acerca a los de la beat generation.
Señalo que la “poética” de Ayllón no proviene de un surrealismo puro, ni mucho menos de un coloquialismo, sino que yace entre las coordenas que entre estas se crea.

Octavio Paz, al referirse sobre el surrealismo puntualizaba que éste “se proclama como una actividad destructora que quiere hacer tabla rasa con los valores de la civilización racionalista y cristiana” De tal modo que ésta va aspirar a transformar la realidad, y obligarla, en modo alguno o de otros modos, a ser ella misma. Un poco de aire en una boca impura por ejemplo intenta destruirlo todo, para volver a construirlo.
Destruye su pasado para construir su situación, su estado de salvación en el “ahora”. Vuelve a través del pasado mítico como reactualización de su presente (léase En la bahía). Se vuelve un mal dios que no puede ni siquiera restituir su palabra misma, lo cual confirma el dramatismo de la búsqueda de la identidad (Véase Crónica del guardián del piélago). El “yo” poético es sin la “palabra” (entiéndase como lenguaje): un mal dios. Sin la “palabra” sucumbe al clima conmemorativo del pasado restaurado para poder salir de ello.
He seguido de cerca la poesía de Ricardo Ayllón, y quienes lo hemos leído, creemos que éste es un libro maduro. Porque en éste libro hay esta búsqueda de “qué hacer frente a la palabra”, “qué se ha hecho” y “qué hay que hacer”. No en vano el libro se inicia con un epígrafe del poeta Octavio Paz; donde se buscar oxigenar, dar vida a la palabra: nitidez, claridad, sonido y equilibrio: “déjame sobre ésta roca parecida al silencio. Y tú, viento que soplas del Pasado, sopla con fuerza, dispersa estas pocas sílabas y hazlas aire y transparencia. ¡Ser al fin una Palabra, un poco de aire en una boca pura…” Luego de la epígrafe viene un poema de anunciación “cuando hace falta verdad” poema subvertido en un aura surrealista; donde la carencia del deseo original subvierte al “yo” poético en una opresión y luego, en un silencio: “Mejor sería tomar el camino del agua/ Sumergirme en el humo callado/ De una boca cerrada”. Para luego meditar sobre su situación de creador. El naufragio aquí opera como la imposibilidad de llegar a la palabra perfecta (perderse en su vastedad: en su mar y su cielo), el dramatismo corrobora aquí la carencia y la orfandad del equilibrio: “preferible es subirse a la barca/ de una palabra infinita”. Para luego reflejarse en el espejo de esta poca luz en orfandad y carencia. “La verdad”, no es otra cosa, que la misma situación en la que parece y perece estar el “yo” poético en aquel espacio con poca luz: “amar la luciérnaga herida de una palabra”. Para finalmente sucumbir ante la situación certera: “acudid sin miedo a la muerte”.

Le prosiguen cuatro secciones al poemario. El primero, denominado EN LA BAHÍA, donde se lee un poema en prosa dividido en cuatro secciones “La bahía”. Dicho poema se quiebra en la contemplación mítica surrealista del pasado a través del presente, o debemos decir del retorno del “yo” poético al lugar mítico. Los personajes míticos que se mencionan no son seres de la antigüedad, en realidad, podrían ser cualquier ser humano alojado en la “Bahía”. Es decir; los personajes y el espacio no son sino telón de fondo para novelar el dramatismo lírico del yo poético a su retorno a su Ítaca que puede ver después de tiempo (los amigos, las cuitas por la bahía, los goznes, los goces cotidianos, etc.). De este modo, el mito se articula reconociendo en cada acto cotidiano una participación en los grandes ciclos de la vida, que no son más que la repetición de los ciclos modelos narrados por la mitología. El hombre se siente participar de la gran eternidad mítica y busca liberarse de la transitoriedad a través de la mitología desde las más primitivas hasta las más modernas (por ejemplo también pueden leerse los poemas de Kavafis “Ítaca”, “Orofernes”, etc., o, algunos cuentos de Borges que retornan a la tradición mítica).
Octavio Paz mencionaba que “el remedio contra el cambio y la extinción, es la recurrencia: el pasado es un tiempo que reaparece y que nos espera al fin de cada ciclo”. En tal sentido, el hombre hace un flash back de su proceso dentro de la historia personal o social, una necesidad histórica de grandes cambios, es volver al pasado o al mito para sujetarse a algo o alguien. Una confrontación de tiempos y espacios de modo cíclico. La búsqueda o idea de la celebración del pasado presupone una nueva visión, la de modelar el futuro a través del pasado: “asido de los labios del tiempo, convertido en la acida espuma de la fatiga, en la fría baba del mar” nos dice Ayllón.
A esta sección le continúa INSTRUCCIONES PARA TU DELIRIO. Como lo señala el título de la sección, éstas están dedicadas a alguien (o todas, por lo general se alude a mujeres). Aquí recordamos lo que una vez más señala Paz: “el surrealismo opone los fantasmas del deseo, dispuestos siempre a encarnar en un rostro de mujer”.
Estos fantasmas del deseo, muchas veces en ésta sección aluden a una poética del exceso, a una necesidad de durar con la palabra, es decir, construir la figura del “otro” a través de la palabra. Por ejemplo, en el poema “para que me llames de una sola forma”: “Es que basta una palabra para conseguir que mi nombre halle el/ rumbo de tu sombra…” O en otros (por no decir de todos los de ésta sección) obedecen a una direccionalidad del locutor: “Cubre una alberca de azucenas en lo alto de un cementerio…” “Ve, camina de puntillas a través del rumor de la ciudad…” “elige aquellas hojas que te servirán de estrellas…” “acercarás el tacto del convencimiento a la dulce baba de tu dimensión mamífera…” Como podemos leer hay una gran necesidad del “yo” poético para que se le escuchen las instrucciones que intenta dar desde el confín del enamoramiento en “para que me llames de una sola forma”, pasando por la disolución del pensamiento subjetivo en “Cuando quieras un jardín en el mar”: “No te aflijas acaba con lo irracional. Permite que los seres de tu/ pequeño paraíso elijan su especie”. Hasta llegar a la comunión de los cuerpos en “Como una barca lubricada en la tormenta” donde el acto sexual se nos plantea como un ritual, como una ceremonia donde el tacto y la dimensión de la lascivia no tienen límites lúdicos, sino violentos. Ambos amantes naufragan en la lascivia hasta romper en gritos: “permitirás que horade la voz de tu respiro”. Para luego, quemarse en el fuego de las carnes: “en pleno grito destilando tu fiebre y tu fatiga”. Y posiblemente, llegar hasta el orgasmo soñado: “anunciando el chorro de mi cabalgata detenida”.
En la sección EL GUARDIAN DEL PIÉLAGO sintetiza la correspondencia entre el poema en verso y el poema en prosa. Es decir, la sección se compone de este modo: a un poema en verso le continúa un poema en prosa, que vendría u operarìa como una síntesis irreductible de la posibilidad de la palabra y de su subversión (digo subversión y digo surrealismo: multiplicidad de imágenes y temas que se articulan como un telón de fondo del gran tema: el espacio mítico marino). Los poemas presentados en ésta sección se constituyen como metáforas desplegadas para cubrir el paisaje marino que es, en última instancia, el paisaje interior del “yo” poético. Este dador y cuidador de las especies poéticas, por ejemplo, en “Crónica nominal” se subvierte en esta imposibilidad de domar su condición y en el estado de carencia y orfandad en la que se encuentra dicho guardián; se convierte así en el carcelero de su propia angustia: “Ahora habito una isla/ que un día fue ausencia,/ una porción de su universo humedecido,/ un templo que olerá a exudación”. El gran guardián, muchas veces, termina en medio de la soledad como un dios. Ante tanto qué cuidar, ante tal inmensidad no le queda otra cosa que liberar a sus fantasmas, crear su ciudad interior, darle nombre a los elementos perceptibles o a las imágenes, liberarlas de la materialidad y transgredirlas desde su exégesis: “Yo le puse al mar un nombre,/ lo llamé Domingo” “Una noche me compadecí de ella/ y le prodigué un nombre”, “así bautice algunas playas,/ con la saliva de su piel”. Para finalmente sucumbir, y es que es en demasía, algo incuidable al igual que su dramatismo: “Y el mar halló un custodio inédito,/ una nueva razón para ser el amor de los desesperados en este tiempo de arrecifes y rompimientos…”
Finaliza el poemario con una última sección CUADERNO DE OBCECACIONES, de donde se desprende un dramatismo de la situación del hombre moderno en medio de las incoherencias, en medio de las aberraciones, de los fanatismos y de las cegueras a través de intensos poemas en prosa. En donde; da igual tener los ojos abiertos o cerrados y por ello el “yo” poético busca “el sueño escalando en el ardor, ungiendo al silencio, ahorcando el bullicio en la brisa de las más altas penumbras”. O se intenta madurar un dramatismo dinámico: “en mi vientre laten los muertos, en mi pobre vientre calcáreo y nocturno respira la soledad en forma de hombres suicidas”. Posiblemente también muchas veces cargar con este dramatismo, conduzca al “yo” poético, a perderse entre los precarios límites de la realidad y lo onírico: “Pero debo decir en verdad que los rojos maderos del sueño erigen la liviandad de su hogar”
El libro finaliza con un poema tan desmitificador como al inicio se planteaba todo el libro. Por ejemplo, se desmitifica a la familia “y mi familia se hace llama prescindible/ desde su propia sangre devastada”. El “yo” poético queda en la imposibilidad de reconocer las fisuras de su carencia y orfandad en su pasado, menos aùn en sus antecesores: “La casa, los nisperales, el calor de la noche que no sabe modelarme/ un pasado razonable…”
Un poco de aire en una boca impura de Ricardo Ayllón, es un libro maduro pero no irreductible ni culminante en este tipo de poética. Aquí las imágenes, al igual que el mar a quien evoca como su espejo: son falsificaciones de la realidad perceptible. Se retoma otra vez el tema del “ser” de las cosas. Claro está, visto desde el “ahora”.
Libros van libros vienen como las olas del mar. Algunos votan espuma, algunos arrojan cadáveres, otros se chocan con las rocas, otros caen y acarician la sábana de la arena. Creemos que nos haría bien limpiar las impurezas de una página, cuidar una página como cuidar mil páginas, romper con la retórica de aquellos que extienden actas de defunción y que se ostentan como notarios de espíritu, que a veces, enturbian la claridad de la poesía misma.

lunes, 26 de octubre de 2009

¿Què se ama cuando se ama?. La poesía de Gonzalo Rojas: carne y luz a 180 km por hora

Por: Axthedmio Mau Guil

Conozco la poesía del poeta chileno Gonzalo Rojas (Lebú, 1917) desde la secundaria del colegio y, desde aquella época, su poesía que es aire, que es agua, que es fuego, que es tierra, que es todo y al mismo tiempo nada, me ha sido tan afín releerla.

Por razones que no me he podido explicar, éste es el primer artículo que le dedico con justicia a uno de los más grandes poetas latinoamericanos vivos, y que por cierto, ha sido candidato muchas veces al premio nobel de Literatura.

Éste gran poeta, autor de libros memorables como: La miseria del hombre (1948), Contra la muerte (1964), Oscuro (1977), entre otros, nos ha entregado una síntesis de las vanguardias latinoamericanas y europeas. Cabe señalar antes, que los dos primeros libros obedecen a un plano disociativo de las experiencias poéticas, el tercer libro en tanto viene a ser una especie de antología personal, reactualización si se quiere, cambios de títulos de libros anteriores, etc. O es todo y nada como señaló en alguna oportunidad Gonzalo Rojas. Posteriormente le continúan otras publicaciones tambièn memorables como: El alumbrado y otros poemas (1987), Del relámpago (1981), Materia de testamento (1997), etc.
En alguna oportunidad el poeta peruano Marco Martos, le rindió un efusivo homenaje a Rojas en el diario “Nuestra bandera” fechada en enero del 2004, después que Rojas ganase el Premio Cervantes de literatura (aparte de éste premio fue galardonado con el Premio Reina Sofía, Premio Octavio Paz, entre otros). Transcribimos la cita, porque nos parece sintética, pero no definitiva: “su poesía, una escritura transparente como la de San Juan, terrestre como la de Vallejo, aérea como la de Huidobro, sensual como la de Neruda, sufriente como la de Celán, Vital como la de Quevedo, tranquila como la de Horacio, profunda como la de Holderlin, única, personal e intransferible.”

Sin lugar a duda, una apreciación sintética de lo que plantea la poesía de Rojas, pero creemos que la poesía es irreductible, ella dice mucho de su carácter. De este modo se puede agregar o quitar aproximaciones porque ¿cómo entender en estado primigenio lo que escribió o lo que transita por la mente al poeta? Podemos agregar, además de las palabras del maestro Marco Martos una aproximación arbitraria.
Y es que la poesía de Gonzalo Rojas se genera y se regenera a través de la imagen musical (se detiene en vocalizar el mundo a través de la metáfora), la disposición balbuceante de verbos, el silabeo automático de la modernidad (véase por ejemplo los poemas: “Helicóptero”, “Carta a Huidobro” “Celular 09-2119000 71”), morbosamente lúcida que la hereda de Baudelaire (“Muchachas”, “A unas muchachas que hacen eso en lo oscuro”, etc.) la poesía visionaria y veloz como la de Rimbaud y Marinetti (“carta a Huidobro” “80 veces nadie”, etc.)

Gonzalo Rojas se desnuda y señala “Mi poesía es aire… oreja, pero es ojo a la vez… las cámaras lo saben: las fílmicas, las sigilosamente fotográficas los saben…” dice el poeta en el prólogo de su libro ¿Qué se ama cuando se ama? publicada en el año 2000 por DIBAM, Chile. Dicho libro perpetúa a uno de los poetas turbulentamente perturbadores y que mejor ha logrado sintetizar la poesía Latinoamericana y Europea contemporánea.
Cabe señalar que éste poemario o libro antológico personal, y que encierra luminosas cadenas eróticas, es una antología conformada por 41 poemas dotados de “libertinaje y rigor” y expuestos a la lúdica “erótica y mística”.
Donde la mujer más antigua, es decir; la fenicia, la griega, la china, la española, la egipcia, la nórdica, la cartaginesa, la americana, la musa, la santa, la bruja, la virgen y la puta son evocadas, fornicadas, deseadas, violadas, amadas, mordidas, bañadas de semen, carcomidas por el tacto, filmadas por la luz, ofendidas por las palomas blancas, los zapatos, los cuchillos, con tanto amor que la víctima termina aceptándolo todo o viceversa y confiando, en modo alguno, en su victimario. De este modo, ambos amantes deciden arderse en la comunión de la complementariedad.

Lo mismo sucede con el lector del libro, quien camina obnubilado por las imágenes que nos proyectan los poemas, con el fondo musical de una música remota, fresca, viva y reactualizada.
Culminamos ésta primera expiación con un poema tomado al azahar:

“Perdí mi juventud en los burdeles/ pero no te he perdido/ ni un instante, mi bestia,/ máquina del placer, mi pobre novia/ reventada en el baile./Me acostaba contigo,/ mordía tus pezones furibundo,/ me ahogaba en tu perfume cada noche,/ y al alba te miraba/dormida en la marea de la alcoba,/ dura como una roca en la tormenta./Pasábamos por ti como las olas/todos los que te amábamos. Dormíamos/ con tu cuerpo sagrado./Salíamos de ti paridos nuevamente/ por el placer, al mundo…” ("Perdì mi juventud en los burdeles" p.19 la citas son de la edición mencionada con anterioridad)

El libro de los seres imaginarios de Jorge Luis Borges

Por: Axthedmio Mau Guil
Su lúcida formación como artista le ha permitido ser el acróbata y navegar en diversos espacios. Jorge Luis Borges (Argentina, 1899 - Ginebra, 1986) es uno de los máximos exponentes de la literatura del S. XX. Es así que su labor de escritor, poeta, ensayista, traductor, crítico, bibliotecario, profesor, compilador y editor le ha permitido tener una profunda visión del arte universal. Es, si se quiere, un gran conocedor de las culturas.

Prueba de ello es la publicación de El Manual de zoología fantástica. La primera edición de éste texto fue publicada en 1957 por el Fondo de Cultura Económica, México. Posteriormente en 1967 se modifica el título por El libro de los seres imaginarios 1967 publicada por la editorial Kier de Buenos Aires.
Lo curioso de este libro aparte del cambio de piel; es decir, el cambio del nombre del libro, es que nos encontramos ante una obra, para variar, curiosa. Ya que dicho libro puede leerse como creación, compilación, selección o un manual mitológico “de los extraños entes que ha engendrado, a lo largo del tiempo y el espacio, la fantasía de los hombres” en palabras del mismo Borges en el prólogo del libro.

Algunas historias mitológicas que destacan por su curiosidad son por ejemplo: Abtu y Anet, Los Antílopes de Seis Patas, Arpías, El Asno de Tres Patas, El ave Fénix, El ave Roc (Charles-Marie Leconte de Lisle, por ejemplo utiliza a ésta ave mítica en su famoso poema “una puesta de sol”), El Caballo de Mar, El Cancerbero (que aparece por ejemplo en Hesiodo, en Dante, en Zachary Grey, etc.), El Centauro (que aparece en la Metamorfosis de Ovidio, o, por ejemplo en poemas como “Fuga de centauros” de José María de Heredia y Girard, etc.), Cronos o Hércules, El Doble, El Dragón (en algunas versiones como la China, la Etíope, Alemana, Inglesa, etc.), El Elefante que predijo el nacimiento de Buddha, Escila (que aparece en La Odisea de Homero, en Ovidio y en Pausanias), La Esfinge, Fauna de los Estados Unidos, El Gato de Cheshire y los Gatos de Kilkenny, El Grifo, Las Hadas, La Mandrágora, La Mantícora, El Minotauro (ser que por especial, fascinó a Borges y que se lee con anterioridad en Ovidio, o, en la biblioteca de Apolodoro), etc.

Algunas de los otros seres imaginarios en el libro de Borges provienen de algunos autores como: C. S. Lewis, Kafka, Poe y Swedengborg. Cítese por ejemplo: Un animal soñado por Kafka, Un animal soñado por C.S. Lewis, Un animal soñado por Poe, Los ángeles de Swedengborg, Una cruza, Los demonios de Swedengborg, Un reptil soñado por C.S. Lewis, etc.

En algunos casos, por ejemplo Borges ensaya una explicación de cómo es que probablemente ha surgido determinada mitología, en otros usa su agudeza de lector para recopilar de los “cuentos y novelas”, algunos animales extraños creados por los escritores.
Destaca asimismo por ser un buen manual para conocer parcialmente “los seres extraños” que en diversos lugares del mundo las culturas han ido creando: algunos por la justificación del origen divino de “algo” o su propia justificación existencial en la historia de determinadas culturas; otros en cambio, obedecen a alucinaciones, estados de sueños, de quimeras eternas, de prolongaciones de sueños, de deseos utópicos, de miedos que jamás se divorcian del hombre y su “estar aquí” y no sentirse solo.

Todo ello colapsa en una metáfora del universo y metáfora también de la imaginación más ancestral; es decir, lo religioso, lo divino, lo mágico, lo onírico, que conforman el corpus de este libro curioso de Borges.

Considerado como el escritor que más ha influenciado en la narrativa latinoamericana contemporánea, escritores como Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes, Ernesto Sábato, Julio Cortázar, Adolfo Bioy Casares y Julio Ramón Ribeyro, han reconocido en la figura de Borges a un escritor trascendental.

Dotado de la versatilidad de un universo imaginario, sòlo comparable a su propia creación, Borges trasciende la linealidad de la historia universal de las literaturas. Hace una literatura desde todos los puntos, no sólo del mundo (investigador de las culturas primigenias), sino también del universo (el hombre situado en el tiempo y el espacio).