domingo, 15 de enero de 2012

ENTREVISTA A ALEJANDRO MAUTINO GUILLÉN


A PROPÓSITO DE BREVE ANATOMÍA DE LA SOMBRA DE
 ALEJANDRO MAUTINO GUILLÉN*


Por César Pinedo Bravo


Como si quisiera homenajear a la literatura ancashina (que este año vio partir a dos de su más queridos exponentes, Carlos E. Zavaleta y Efraín Rosales), el huarasino Alejandro Mautino Guillén ha presentado al mundo su poemario Breve Anatomía de la Sombra, ganador del Primer Concurso Literario Nacional “Libro Verde, Garza Blanca” 2011, convocado por la Municipalidad Distrital de José Gálvez, Celendín, Cajamarca, de entre 33 trabajos. Mautino Guillén, licenciado en Lingüística y Literatura por la Universidad Nacional “Santiago Antúnez de Mayolo”, conversó con Prensa Ancashina.

¿Cómo tomas esta premiación, cuán importante es para tu carrera?

Lo tomo de la mejor manera. Un premio siempre alegra no sólo al que gana sino también a los amigos de este. Pero claro, por otro lado, es también un estímulo personal para el artista.

¿Qué elementos de inspiración fueron relevantes para tu poemario Breve anatomía de la sombra?

Para mí inspiración significa paciencia para el trabajo con la palabra. Es más o menos lo que para un artesano significa trabajar su obra. Claro esto puede durar horas, meses, años, décadas en algunos casos, pero la idea fundamental es siempre eso: buscar cierta perfección. En alguna oportunidad leí una entrevista a Álvaro Mutis donde afirmaba “escribir es un eterno corregir” y creo que esa fórmula todo escritor debe planteárselo. Yo también creo en eso, creo que uno corrige leyendo, escribiendo y viviendo. Esta tríada, lectura-escritura-vida, me interesa mucho para trabajar un poema, por ejemplo. Quizás los elementos relevantes para construir Breve anatomía de la sombra han sido precisamente los diálogos interdiscursivos. Me refiero al plano de la imagen y al lenguaje, es decir cómo estos pueden ofrecer múltiples asociaciones. Breve anatomía de la sombra es un poemario especial para mí, no porque ha ganado un premio, sino porque le he perdido el rastro de influencias o de textualidades que han confluido de diversos modos y en distintos momentos.

¿Cómo ves la escena literaria ancashina?

Áncash es un departamento con mucha tradición cultural. Especialmente los ejes han sido los discursos andinos, costeños y la simbiosis entre éstas concebidas desde la migración. Existen estudios sobre una historia literaria regional, pero carecen de rigor crítico y aluden a especulaciones o muestras censales. Yo creo que no hay un estudio sobre literatura ancashina que sistematice los movimientos, las corrientes, los hitos, las figuras claves, los contextos socioculturales, los discursos populares, las textualidades orales, las canciones, etc. Como si lo hay en Puno o Arequipa, por ejemplo. Esa tarea aún queda pendiente. No digo que sin ella, no pueda verse la literatura, pero sería un punto importante para entender no sólo literatura, sino la vida cultural, social, política de Ancash en el tiempo y el espacio. Ancash tiene notables escritores: Carlos Eduardo Zavaleta, Marcos Yauri Montero, Óscar Colchado Lucio, Juan Ojeda y Antonio Salinas. Otro grupo importante de escritores son Macedonio Villafán Broncano, Abdón Dextre, Olger Melgarejo, Ítalo Morales, César Quispe, Ricardo Ayllón, Edgar Norabuena, Dennise Vega, entre otros.

¿Qué pasos deben darse para reforzar la AEPA? 

Bueno, yo creo que primero debe reformularse el nombre. Porque es sabido que un poeta también es un escritor. En cambio en el título de la AEPA se lee “Asociación de Escritores y Poetas Ancashinos”, como excluyendo al “poeta” en el rango de “escritor”. Yo particularmente reconozco los grandes eventos que han organizado desde sus inicios, la fuerza que le han puesto para juntar a los escritores. Es loable todo eso, pero creo que en los últimos años la cosa se ha politizado un poco y hubo división e improvisación. Yo creo que debiera reestructurarse todo.

Qué sensaciones te deja la partida de Carlos Eduardo Zavaleta

Un par de semanas antes que falleciera el maestro, Zavaleta, recibí su llamada. El motivo era para corregir algunos puntos de la revista que dirijo “Casa de Asterión”, que unas semanas antes le pude obsequiar y como todos pensé que el maestro, por motivo de tiempo, no lo leería nunca. Pero ese día me sorprendió y me dio sus apreciaciones de casi todos los trabajos publicados en la revista. Zavaleta pese a que no fue mi maestro en un aula sanmarquina lo fue en el almuerzo, en los cafés, en su casa y en los libros. Recuerdo mucho las conversaciones acerca de Joyce, T. S. Eliot, Malraux, Vallejo y Abril. Zavaleta es indudablemente uno de los renovadores de la narrativa peruana, uno de los más grandes cuentistas baste citar sólo algunos como: “Mamá Alba”, “Una figurilla”, “El cuervo blanco”, “El muñeco”, “Eclipse de una muchacha”, etc. y autor de novelas claves: Los aprendices y Pálido, pero sereno, etc. Sin duda un gran maestro, murió leyendo hasta el último día. Por raros designios también se fueron dos grandes: Ernesto Sábato y Gonzalo Rojas, casi al mismo tiempo que Zavaleta.

* Tomado de la revista Prensa ancashina, edición de diciembre del 2011.

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