miércoles, 27 de junio de 2012

ENTREVISTA A ÓSCAR COLCHADO LUCIO



Hay un elemento clave en la narrativa de Colchado: el discurso  mítico. Este tiene la capacidad de mitificar un espacio referencial. De este modo, Chimbote se convierte en el telón de fondo en el libro Del mar a la  ciudad. Asimismo, es sabido que mitificar un espacio no solo obedece a un proceso de referencialidad sino que  actúa como si fuese un personaje más, al menos así lo entiende la narrativa moderna. Por ejemplo, Joyce mitifica Dublín, Faulkner a Yoknapatawpha,  Roma en el caso de Moravia, el Manhatan de Dos Passos, el Oak Park de Hemingway o el Kansas de Truman Capote, entre otros. ¿Cómo ha planteado Colchado las focalizaciones de los espacios en su narrativa?
 
Mi narrativa hasta el momento se desarrolla en dos espacios referenciales: un pueblo del Callejón de Conchucos que está presente en mis cuentos y novelas y que aparece con diferentes nombres por mi deliberado propósito de cubrir un espacio panadino y el otro propiamente la ciudad de Chimbote, a donde llegué niño aún procedente de aquel pueblito serrano al que muy pocas veces he mencionado directamente. Si es que esos espacios referenciales al que aludo devienen en míticos se debe a esa subjetividad propia que tiene cada escritor de ver el mundo.

Sábato, al referirse sobre la temática de la narrativa moderna, sostiene que “el gran tema de la literatura no es ya la aventura del hombre lanzado a  la conquista del mundo externo, sino la aventura del hombre que explora los abismos y cuevas de su propia alma”. De este modo, el mundo exterior se articula como un angustioso telón de fondo para representar la hazaña del hombre moderno, donde es necesario conquistar una utopía. Se habla del individuo en la ciudad, se habla del héroe moderno, aquel que batalla con sus monstruos interiores, con la pobreza, el trabajo, con su propia alma, con su angustia, sus frustraciones, sus miedos, etc. Noto que en Del mar a la ciudad, esta perspectiva no le es ajena si rastreamos los conflictos, motivos, sueños, ilusiones y utopías de muchos personajes en los cuentos.

Yo creo que Sábato en cierta medida tiene razón. En “El escritor y sus fantasmas” hace profundas reflexiones sobre los grandes temas de la novela y nos da los ejemplos de Proust, Kafka, Faulkner, Dostoievski y sus inmersiones en las profundidades del alma, la condición humana y los sueños, entre otros. Arremete contra las novelas policiales, de aventuras y otras de fácil factura y cuestiona muy acremente la narrativa de los conductistas o exterioristas  del noveau roman.

Volviendo sobre Del mar a la ciudad, distingo que se presenta un elemento clásico del mito. Esta es la aventura del héroe migrante que tiene que conquistar un espacio de referencialidad y otro que linda con la subjetividad. Este héroe de cualidades y virtudes, en algunos casos sobrenaturales, es lanzado a la conquista de un espacio que se le presenta como necesario para afirmar su existencia. En Del mar a la ciudad se lleva al plano ficcional el tema del viaje en sus conceptos más amplios y en su sentido más simbólico, de este modo es posible los viajes hacia el interior del pensamiento, del recuerdo, de la memoria, de las ilusiones etc. Pero también estos coinciden con viajes de un lugar a “otro”, por ejemplo de la sierra a la costa, de las islas al puerto,  del pasado al presente, de la alucinación a la realidad, etc. ¿Qué simbolizarían, acaso una utopía?

Uno de los cuentos del libro Del mar a la ciudad es el viaje de unos migrantes andinos hacia la costa en busca de trabajo, el mismo que resulta siendo un relato mítico, mágico o fantástico, que simboliza la crisis del sistema capitalista y plantea la utopía de una sociedad que se levantaría sobre los escombros de aquél.

En su novela Rosa Cuchillo, dos mundos parecen luchar, mundos opuestos, pero complementarios, me refiero al mundo como realidad sensible y el mundo mítico, ¿Cómo se plantean estos conflictos y asimilaciones?

Como es sabido, el yanantín, según el pensamiento andino es la lucha de mundos opuestos pero complementarios. Ese ser tangible, real, que es el hombre mientras hay en él un fulgor de vida, está siempre en pugna con esa realidad mítica, etérea, que es su alma la cual se revela con la muerte. Al producirse esta, ese ser tangible, material, cambia a un estado espiritual que, absorbido por la totalidad del cosmos, halla por fin su complemento que le permite insertarse dentro de este.


¿Podría hablarnos de la espectronarrativa de su prosa?. En Del mar a la ciudad está visible un discurso fantasmagórico: “Isla blanca”, “Katia o algo más que una historia de amor”, “Del mar a la ciudad”, “El tren”, “Vuelve la Moby Dick” o en Rosa Cuchillo, en algunos cuentos de Cordillera Negra. ¿Qué elementos involucran esta espectronarrativa?

Resulta que las cosas que yo escribo tienden a volverse míticos, mágicos o fantásticos por una fuerza que me gobierna y me impele a teñirlos de sustancias oníricas. Son asuntos de la subconsciencia los que logran esas transformaciones en relatos planteados desde sus inicios de una manera realista y que, como repito, terminan escapando a la voluntad del autor.

En muchos de sus cuentos y novelas está presente una técnica (entre muchas otras), referida a un discurso fragmentado y diagramático, con manejos y rompimientos de tiempos secuenciales y espacios, por un lado esto a nivel técnico y, por otro, esta misma técnica acaso tiene que ver con los rompimientos, fracturas y reacomodamientos de la historia peruana.  ¿La técnica también simboliza al tema?

En algunos casos se hace esto de manera deliberada; mas no siempre. A veces los reacondicionamientos, rompimientos y fracturas de un texto literario sólo responden a precisiones estrictamente formales. Sin embargo, los críticos hurgan tanto que encuentran cosas que el autor no lo pensó; pero que seguramente estaban ahí de modo inconsciente.

Tomás Escajadillo, González Vigil, James Higgins, Víctor Quiroz Aguirre y Edith Pérez señalan que Colchado representa lo individual valioso y representativo del neoindigenismo, entre una dialéctica ineludible: la religión andina y la religión cristiana, la cosmovisión costeña y la cosmovisión andina.

Creo que sí. Siempre he tratado de mostrar la síncresis de la religión andina y la religión cristiana y la engañosa asimilación de dioses de esta última por parte de los andinos, a fin de contrarrestar  la destrucción de sus deidades por los extirpadores de idolatrías. He mostrado también la pervivencia de ciertas huacas que aún tienen vigencia en estos tiempos de la globalización.

¿Mucho se ha hablado de las marcas de Arguedas, Alegría y Rulfo por el sentir de los temas y motivos; Joyce, por la secuencias técnicas. ¿Qué otros escritores han dejado huellas en tu narrativa, Óscar? 

Principalmente los que reflexionan sobre los temas y problemas de nuestra América india. Aparte de lo que tú has mencionado citaré, por ejemplo, a Miguel Ángel Asturias, a Alejo Carpentier, a Joao Guimaraes Rosa, a Augusto Roa Bastos, entre otros, quienes están dotados, no sólo del conocimiento de nuestra gran riqueza ancestral, sino que manejan todas las técnicas de la narrativa moderna, sin hacerlas deliberadamente visibles como ocurre con los escritores del boom literario. 

¿Cómo ves el panorama actual de la literatura en Ancash, especialmente, qué imágenes te transmiten las publicaciones de novelas, cuentos, revistas en esta parte del país?

Me entusiasma mucho la producción última de la narrativa ancashina. Veo que hay jóvenes valores que apuntan muy lejos, que se hallan en plena formación y que están dotados para hacer obras que han de dejar huella. Es un panorama muy alentador para nuestra región.

¿Palabras finales de Óscar Colchado Lucio?

Me gustaría que siempre estén atentos al rescate de nuestra identidad cultural. Nosotros somos un país con un rico legado histórico y es necesario no dejarse avasallar por los cantos de sirena de la modernidad. Tomar de esta sí lo que es necesario, pero erguidos siempre sobre nuestra gran herencia ancestral. No olvidemos esa ejemplar frase de Gamaliel Churata: “Para ser modernos hay que ser muy antiguos”.