miércoles, 14 de agosto de 2013

"LITERATURAS REGIONALES. NARRATIVA HUARACINA RECIENTE" DE JORGE TERÁN MORVELI

Fredric Jameson (1998) señalaba que “los Estudios Culturales surgieron como resultado de la insatisfacción respecto de otras disciplinas, no sólo por sus contenidos sino también por sus muchas limitaciones. En ese sentido, los Estudios Culturales son posdisciplinarios; pero a pesar de eso, o tal vez precisamente por dicha razón, uno de los ejes fundamentales que los sigue definiendo es su relación con las disciplinas establecidas” (p. 72). Esta cita puede hacerla suya Jorge Terán Morveli (Lima, 1976), quien acaba de publicar el libro Literaturas regionales. Narrativa huaracina reciente (Lima: Pakarina ediciones, 2013); pues percibo que el libro del profesor sanmarquino es una provocación académica sobre diversas disciplinas que han hurgado en la literatura peruana, pero que sin embargo han evadido a las literaturas regionales, pienso particularmente en las historias literarias que en poco o nada han involucrado a las literaturas de provincias, regionales o periféricas en relación a la literatura denominada como canónica.

El libro de Terán está conformado por tres partes precedidas por un prólogo. En el prólogo, Javier Morales Mena, con cierto halo de apasionamiento por su tierra, nos introduce al espacio huaracino poniendo énfasis en su cielo azul y su magnetismo para luego subrayar que la literatura ancashina “forma parte de cruciales capítulos del proceso de nuestra literatura peruana y latinoamericana” (p. 11), merced a la incursión de escritores paradigmáticos como Carlos Eduardo Zavaleta, Marcos Yauri Montero, Óscar Colchado Lucio, Julio Ortega, Juan Ojeda y Macedonio Villafán Broncano. Morales Mena, enfatiza que la aproximación de Terán por la narrativa huaracina debemos entenderla “dentro de aquel escasamente frecuentado campo de proyectos literarios alternativos; universos simbólicos a los que, normalmente, la comunidad académica no le presta la debida atención” (p.14). Para Morales, de este modo, la propuesta de Terán implicaría el reconocimiento de las propuestas narrativas regionales que tendrían el imperativo de imponer su diferencia, su modo alternativo de comprender el curso de la historia literaria.

La primera parte del libro de Terán obedece a la presentación de los marcos referenciales, donde sistematiza  las categorías de 1) La narrativa andina peruana contemporánea y 2) La narrativa regional ancashina-huaracina. Sobre 1) La narrativa andina peruana contemporánea sostiene que en aquella hay una referencia constante a procesos sociales que articulan la tensión simbólica de nuestra cultura, asimismo una suerte de adaptación literaria de la expresión indígena. Para Terán, entonces, son cruciales los procesos socioculturales de la segunda mitad del siglo XX en la compleja racionalidad del sujeto andino y a esta obedecería la narrativa andina, digamos contemporánea. Sobre 2) La narrativa regional ancashina-huaracina subraya que esta refiere a la “narrativa que se produce en una determinada región geográfica y cultural, al interior de un espacio mayor entendido como nacional” (p. 23). Es así que, en el ámbito de la narrativa ancashina, dialogan la narrativa chimbotana con la huaracina, precisamente por ser los focos culturales y de mercado editorial. Esta sistematización de las dos categorías que se corresponden dentro del espacio nacional resulta importante; pues, sitúa a la narrativa regional en el plano de las narrativas andinas contemporáneas, o viceversa. Sin embargo, creemos que un acercamiento a profundidad y comparatista hubiera posibilitado los hallazgos de las similitudes y diferencias de dichas prácticas narrativas andinas. Más aún, hubiera sido interesante evidenciar en un análisis diacrónico, al menos en el siglo XX a grandes trazos, las diversas transformaciones de la narrativa ancashina- huaracina, para rastrear hacia donde apunta dicha poética, indudablemente ligada a las grandes transformaciones socioculturales en nuestro medio: migración, postsismo, minería, turismo, universidad, medios de comunicación y otros que son elementos dinamizadores de las transformaciones sociales y/o culturales en un medio tan cerrado como el nuestro. Este aspecto de la historia literaria  ancashina está aún por escribirse.

La segunda parte del libro tiene que ver con La narrativa huaracina reciente. Para el autor, entender la narrativa huaracina reciente es entenderla como parte de la narrativa andina peruana contemporánea. En esta sección, el estudioso expone los criterios de su muestra y delimita y explicita la lectura desde dónde se acerca a su objeto. De este modo, el investigador, parte del análisis de los mundos representados para posteriormente referirse al componente ideológico en el texto. Para Terán, estos escritores “escriben desde su posición espacio cultural, manifestando en sus textos una ideología —consciente o inconsciente—” (p. 28). Es decir; los textos de estos narradores, declaran ideologías que han simbolizado y continúan simbolizando el complejo mundo andino. Particularmente, estarían divididos en dos grupos no del todo antagónicos: a) Narrativa de apego al mundo andino tradicional y b) Narrativa de apego al mundo andino moderno. En la primera, estarían jóvenes escritores (en procesos de maduración estética) como Edgar Norabuena y Eber Zorrilla; mientras que la segunda, estaría conformada por Ludovico Cáceres, Daniel Gonzáles y Rodolfo Sánchez. Sobre la Narrativa de apego al mundo andino tradicional en el caso de Edgar Norabuena puntualiza que “las variaciones entre los libros de narrativa publicados obedecen más, en algunos casos, a variantes en el tratamiento del componente temático” (p. 32). De este autor, Terán hace suyas algunas características donde señala hallamos en él (se refiere al primer libro) una propuesta ideológica y estética que habrá de mantenerse, en gran medida, a través de los siguientes libros. Asimismo, el mundo representado se concentraría en los espacios andinos, donde dichas personas exhiben su pertenencia al mundo indígena, sin embargo estos protagonistas se encuentran en una especie de limbo, entre el olvido de lo quechua y la insuficiencia de lo occidental y; finalmente, el tópico de la violencia aparece en textos más recientes. Un caso no distinto es el de la narrativa breve de Eber Zorrilla, quien también hace suyo  el universo andino; especialmente el espacio puchkiano. Al decir de Terán, dicha narrativa nos ofrece un “conjunto de hombres andinos quechuas a través de un mundo donde el amor está marcado por la tragedia, tanto en este mundo como en el otro” (p. 46), pues algunos tópicos que aparecen también en Norabuena aparecen en Zorrilla. Por otro lado, está la Narrativa de apego al mundo andino moderno, que asume una modernidad andina y que refiere a narradores que se configuran como parte del sector cultural mestizo andino o se concentra en protagonistas que manifiestan una visión del mundo por demás híbrida. De igual modo, se refiere a espacios urbanos modernos y cuya temática también refiere la compleja relación entre los Andes y la modernidad. Algunos representantes de esta perspectiva son Daniel Gonzáles, Ludovico Cáceres y Rodolfo Sánchez. Sobre el primero Terán sostiene que es el amor un tópico recurrente, en espacios y sensibilidades marcados por la migración, la globalización y la vida urbana en donde la cotidianidad adquiere un peso gravitante. Sobre el segundo, señala  que este refiere a la representación del contacto del espacio andino y el espacio urbano cuya propuesta es evidenciar los hechos periodísticos más importantes referidos al crimen, al asesinato, al mediatismo, entre otros. Sobre el tercero, Terán afirma que los textos de Sánchez ofrecen como eje temático la cara de la modernidad urbana en los Andes cuya perspectiva es desencantada y crítica de dicha modernidad. Es importante observar cómo el crítico aquí se sumerge en la narrativa de escritores huaracinos de los últimos años y los ubica en grupos subrayando las afinidades temáticas de estos. Sin embargo, un análisis textual hubiera echado luces sobre las diferenciaciones entre estos dos tipos de narradores que producen en un mismo espacio como el huaracino. Particularmente, creo que en la primera se advierte más una racionalidad mítica andina aún vigente en la visión de muchos de los personajes narradores de estos escritores; mientras que en los segundos, se asume una característica elemental de la narrativa hispanoamericana del postboom, dicho sea de paso también relacionada con los medios de comunicación masiva (o mass media) y el postmodernismo. Parafraseando a Umberto Eco diríamos que hay una visión apocalíptica de quienes insisten en la revaloración del núcleo cultural andino casi olvidado y cuya práctica cultural es la resistencia; mientras que el otro grupo de narradores asumen su posmodernidad y hacen suyas otras prácticas de textualización, estos serían los integrados, los que permeabilizan y adhieren los diversos mecanismos de comunicación: el virtual, el new periodism, el televisivo, el informático y otros. Rastreables, particularmente y fácilmente, en la narrativa de Gonzáles Rosales, Cáceres Flor y Sánchez Coello.

La tercera y última parte da cuenta de un conjunto de reflexiones finales del autor sobre la narrativa reciente. En aquella se señala que dichas posturas de la narrativa huaracina reciente parten del eje temático común tradición-modernidad en los Andes. De esta suerte, hay una narrativa de apego al mundo andino tradicional que opta por la conservación y defensa de lo tradicional andino y una narrativa de apego al mundo andino moderno que opta por la representación de los complejos efectos de la modernidad.
La lectura del libro de Terán Morveli nos permite darnos cuenta de la presencia de un grupo de narradores recientes y; a la vez, avergonzarnos de la carencia de libros sobre la tradición de autores que pese a ser canónicos dentro de la literatura ancashina escasean estudios que indaguen sobre las transformaciones socioculturales en Ancash entre el siglo XX e inicios del presente siglo. Retornando sobre los autores recientes, se advierte, además, cierto individualismo en las figuras de los personajes (desde la visión de Terán), donde apocalípticos e integrados refieren la configuración de una identidad sin rostro, de una mirada negativa de la modernidad andina que atenta contra los valores culturales, éticos y morales. En particular, pienso que esta última narrativa que analiza Terán en su libro representa cierta decadencia del sujeto huarasino de entre siglo. Sin embargo, es lamentable que la presentación de esta nueva “generación” (si cabe la categoría) aparezca casi como amputada o cercenada de la tradición (Zavaleta, Colchado, Yauri, Ortega, Salinas y Villafán) en el desarrollo de dicha narrativa y más aún sin un análisis textual que exponga las similitudes entre uno y otro escritor reciente. Hubiera sido fundamental atender quizás en una mirada diacrónica los cambios sociales para fijar cuáles son los procesos donde se encuentran estos narradores al iniciar el siglo.

Este libro, indudablemente, trata de una reflexión sobre la narrativa contemporánea peruana y focalizada cultural y epistemicamente en el espacio huaracino.  Cabe advertir que  la reflexión se enuncia desde un centro hegemónico como Lima y a través de una institución inquisidora como es San marcos. Esto último es importante porque involucra el manejo de procedimientos teóricos y cómo es que el centro comienza a mirar a la periferia, el rincón de los olvidados.

Literaturas regionales. Narrativa huaracina reciente es, a mi criterio, una propuesta interesante y por ello discutible y provocadora para la ampliación de los estudios culturales nacionales, ya de por sí heterogénea y contradictoria. Aquí es donde el libro circunscribe dicha categoría de Antonio Cornejo Polar y como señala Terán “[e]n nuestra reflexión, entendemos a todas las literaturas como regionales —incluyendo la de Lima— en una aproximación mereológica que comprende a estas  como las partes relacionadas con un todo denominado literatura nacional y, a la vez, como las relaciones entre las partes, entre las mismas literaturas regionales” (p.23). A mi entender, el libro de Terán asume una postura posmoderna: descentrada y provocadora. Apunta a rastrear el análisis de las conciencias de fin de época y del comienzo de otra en la narrativa huaracina reciente. Es una historia literaria posmoderna; es decir, del instante, por ende  un estudio sincrónico, transversal o actual sobre las prácticas narrativas en el ámbito huaracino desde donde se erigen discursos de jóvenes escritores que han pasado por una universidad y hacen uso de su condición letrada en un universo andino periférico como Huaraz, desde donde construyen sus discursos.

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JAMESON, Fredric [y] ZIZEK, Slavoj (Comp.).  1998. Estudios Culturales. Reflexiones sobre el multiculturalismo. Barcelona: Ediciones Paidós Ibérica.
MORALES MENA, Javier (2013). “Jorge Terán: La poética regional huaracina”. En: Literaturas regionales. Narrativa huaracina reciente. Lima, Grupo Pakarina, pp.11-16.
TERÁN MORVELI, Jorge (2013).  Literaturas regionales. Narrativa huaracina reciente. Lima: Grupo Pakarina.


1 comentario:

Anónimo dijo...

Veo que es un libro muy interesante, ¿donde puedo conseguir un ejemplar?