miércoles, 4 de diciembre de 2013

"JUAN OJEDA. POESÍA METAFÍSICA" DE JAVIER MORALES MENA

Acaba de publicarse Juan Ojeda. Poesía metafísica (Fondo editorial de la Academia Peruana de la Lengua – Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, 2013) de Javier Morales Mena, libro que retoma nuevamente el estudio de la poesía ancashina en uno de sus autores más enigmáticos y celebrados.
El libro del profesor Morales Mena está dividido en tres capítulos (Márgenes, Poética y Poesía metafísica en “Crónica de Boecio”), antecedidos por un prólogo (titulado “A propósito de la poesía de metafísica de Juan Ojeda”) de jesus Cabel. En el Prólogo, el autor de Fiesta prohibida señala que “Juan Ojeda es un poeta de excepción y excepcional, así se muestra y demuestra en este amplio ensayo crítico que busca esclarecer, con argumentos sólidos, una «catalogación inexplicada históricamente», para plantear definitivamente la urgente necesidad de «repensar la poesía de Juan Ojeda y su relación con los discursos poéticos»” (p. 9), sobre el cual no se profundizó ya que de él se conocía una “tímida y hasta inadvertida plaqueta, y un breve pero intenso poemario” (Ibíd.) y; por el contrario, y muy propio de la época, se construye míticamente su figura. Finalmente, Cabel sostiene que “el aporte crítico al esclarecimiento de temas y procedimientos creativos de la obra ojediana, gracias a este investigador, es de tal precisión y agudeza que no solo está ya juzgada y consagrada, sino que se siente desentrañada también en sus más recónditos enigmas” (p. 10).
El primer apartado del libro, denominado como Márgenes, contiene un recorrido por el estado de la cuestión: la revisión minuciosa de todas las notas, comentarios, prólogos, ensayos, artículos y tesis sobre el autor de Arte de navegar. En primer orden  analiza los “Discursos testimoniales o trabajos del duelo: primeros artículos sobre Juan Ojeda (1974-1978)”; en segundo orden, las “Interpretaciones semióticas sobre Juan Ojeda (1980-2000)” y; en tercer orden, las “Primeras sistematizaciones: investigaciones (1993-2002)”. Sobre el primero, “Discursos testimoniales o trabajos del duelo…”, Morales Mena señala que éstos “antes de profundizar en la obra en sí, se asumió el compromiso ontológico con el amigo muerto; responsabilidad que se tradujo en textos que tienen huellas de juicio crítico, apesadumbrado obituario y sentida memoria” (p. 19). En esta sección destacan los textos de Enrique Verástegui, Óscar Colchado, Edmundo Bendezú, Nilo Espinoza Haro, Hildebrando Pérez Grande, Danilo Sánchez Lihón, entre otros. En síntesis de Morales Mena, éstos trabajos testimoniales o de duelo apuntan: a) resaltar la vida entregada a la poesía, la reflexión y al conocimiento; b)la responsabilidad que Ojeda asume como poeta e intelectual; c) el rigor de su autoformación literaria; d) su poesía opta por una vía de  ocultamiento, opacidad y hermetismo; e) el tópico recurrente de su poesía es la muerte representada en la metáfora de la navegación; f) la urgente necesidad de estudiar sistemáticamente su obra y g) la no oficialidad de la poesía de Juan Ojeda. En esta sección Morales Mena utiliza algunas categorías para referirse precisamente a estos textos que indagan en aspectos de la vida del autor en relación a su obra. La primera es el “materialismo” dentro de la teoría literaria y los conceptos de Manuel Asensi que tienen que ver con “el genio y los avatares del poeta, a través del vínculo indisoluble entre los contenidos de la obra y las experiencias el autor” (p. 30). Morales, asimismo,  utiliza al testimonio como categoría que implica el comentario del testigo sobre Juan Ojeda. Particularmente, nos señala que “los testimoniantes son poetas y amigos que a través de ciertos contenidos persiguen conservar la memoria del amigo” (p. 35). Esta idea se desprende precisamente de Jacques Derrida al referirse sobre “memoria” e “interiorización”, y lo que en el texto se denomina como “trabajo del duelo”. En segundo orden está lo que el crítico denomina “Interpretaciones semióticas sobre Juan Ojeda (1980-2000), en este segundo tramo el autor mismo nos dice el objetivo: “centrar la reflexión en la obra poética en sí. De esta manera, se abandonan los trabajos del duelo para ensayar aproximaciones a la poética ojediana” (p. 39). En éste precisamente revisa los estudios de Carlos López Degregori, Jesús Cabel, Eduardo Urdanivia, Edgar O' Hara, Cesareo Martínez, Danilo Sánchez Lihón, entre otros. Morales sintetiza en algunos puntos los estudios sobre la poesía de Juan Ojeda en este tramo y subraya que a) Ardiente sombra (1963) no presentaría mayor complejidad en su composición; b) comentan sobre todo temáticamente los textos publicados por Ojeda; c) consideran que Elogio de los navegantes (1966) está estructurado sobre una base mítica, histórica y metafísica; d) las estructuras, los símbolos y el lenguaje conforman un sistema complejo de elementos; e) advierten una perspectiva catastrófica del mundo llena de caos, destrucción y vacío en Arte de navegar; f) el lenguaje experimenta asir lo imposible y explorar el misterio a partir del fundamento del pensamiento de filósofos, poetas y científicos que comparten sus mismas incógnitas y certezas y g) diferencian la poética de Ojeda con la de los otros poetas de la denominada “Generación del 60” y sostienen que esta se diferencia en estructura, temas e indagaciones. Para referirse sobre los textos analizados en este tramo, Morales utiliza el concepto de semiótica advertido por Umberto Eco, donde la interpretación semiósica es propia del lector semántico, mientras que la interpretación semiótica es propia del lector crítico. En el caso de este tramo, Morales Mena sostiene que muchos de ellos, salvo algunas pocas excepciones indagan y echan sus redes reflexivas sobre la cuestión temática y no abordan una interpretación crítica o semiótica que “desentrañe el complejo universo poético ojediano” para decirlo en términos del crítico. En tercer orden, se ubica el tercer tramo denominado como “Primeras sistematizaciones: investigaciones (1993-2002)”, donde particularmente se analizan dos tesis sobre Juan Ojeda: la de Rafael Dávila-Franco Cavero “Apuntes para una aproximación a Juan Ojeda: una perspectiva histórica” y la de Gilberto Gálvez Zuloeta “Elogio de los navegantes. La visión del infierno en la poesía de Juan Ojeda”. Sobre la primera tesis, Morales señala que esta a) denuncia que no hay atención a la poesía de Ojeda, b) caracteriza a la poesía de los años sesenta como aquella tocada fuertemente por el influjo anglosajón, c) advierte recurrencias de recursos expresivos como iteraciones formales y temáticas de los años sesenta como la narratividad, el prosaísmo, el coloquialismo, el conversacionalismo, composición por campo y la autonomía de la imagen, d) se explica el rasgo formal más importante de Arte de navegar que es el manejo de voces poéticas, la estructura conversacional y la preocupación por el destino de la humanidad. Por otro lado, la segunda tesis según Morales Mena: a) evalúa la crítica existente en torno a la obra de Juan Ojeda como la crítica valorativa; por tanto, proyecta su análisis como aquel que supera la limitación aludida; b) compara y diferencia con aquellas modernas representaciones como la figuración del infierno que modela Elogio de los navegantes; c)Explica que Elogio de los navegantes tiene una estructura narrativa, por cuanto relata una historia de tránsitos, cambios y diferencias de estado, sobre todo cognitivo; d) explica e interpreta que la figuración del infierno en Elogio de los navegantes sigue todo un proceso de metaforización para llegar a  significar “ciudad”. Para Javier Morales resulta importante haber indagado en el estado de la cuestión; sin embargo, llama su atención porqué se epigoniza o se nombra  a Ojeda como poeta metafísico cuando poco se han detenido en abordar este carácter en su poesía. Para Morales, hay un descuido no solo formal sino metodológico donde la crítica sociológica a partir de la década de los años sesentas abre diversas rutas para intentar forzosamente, y con descuido, analizar únicamente el componente sociológico de la obra de arte; pues como subraya el profesor sanmarquino “la crítica literaria atendiera más la explicación de tópicos concernientes a los laberintos identitarios, los desencuentros nacionales y los fracasos de la modernidad nacional” (p. 76). En este apartado se hace notar no solo la ausencia o inclinación por los estudios de la metafísica en la poética ojediana sino también que la crítica última pese a sus logros no ha atendido a esta perspectiva.

La segunda parte del libro de Morales Mena se titula Poética, que particularmente analiza la geografía y atmósfera de la poesía ojediana a partir de los textos que el mismo poeta chimbotano concediera en entrevistas y notas con el propósito de “reconstruir el concepto de poesía que tiene Juan Ojeda” (p. 80). Al iniciar nada más se advierte una nota del autor de Arte de navegar quien nos explica que: “una profunda crisis me llevó a refugiarme en el estudio de la filosofía. Sobre esta base intervenía el mostrar el proceso de enajenación y cosificación que caracteriza  a nuestra época” (p. 79). En esta segunda parte también analiza a “la poesía como memoria cultural”, para ello operativiza el concepto de poesía que tiene Ojeda y lo liga al contexto sociocultural de los años sesenta. Morales reflexiona sobre una entrevista que concedió Ojeda a Vilma Ritter para el diario Panamá América y publicado bajo el título de “Nuestra época exige una poesía subversiva sin concesiones”. En este texto se advierten tres ejes temáticos: a) la situación de la poesía en la era tecnológica; b) las características de la nueva poesía y c) la concepción de poesía de Ojeda. Del análisis de los tres tópicos abordados en dicha entrevista, el crítico sanmarquino señala que se evidencian “el fuerte vínculo entre poesía y sociedad; (…) la constante experimentación lingüística que debe tener todo poeta. (…) en tal sentido, una conciencia poética muy comprometida con el entorno social y la práctica escritural” (p. 82). Hay otra entrevista que también se analiza, se trata de amigos cercanos del vate chimbotano: Virginia Mayorga y Danilo Sánchez Lihón que lo titularon: “Con Juan Ojeda, hablando de poesía y algo más”. En aquella se abordan los tópicos de  a) la poesía y la deshumanización, b) la poesía y la política, c) la poesía joven y d) las preferencias temáticas y de escritura. En síntesis, de ambas entrevistas, Morales señala que éstas focalizan 1) el discurso poético como una práctica de fuerte compromiso con la humanidad; 2) la poesía como discurso autónomo que tiene el imperativo de trabajar lúcida y creativamente la escritura y 3) la poesía como archivo simbólico o memoria cultural que guarda en clave de imágenes los avatares y derroteros de la existencia humana. Esta parte del libro es importante porque sistematiza la concepción sobre la sociedad, el lenguaje y la poesía misma desde la voz del mismo poeta; donde éste es pieza clave para entender dicha poética.

La tercera parte del libro de Morales es analítica, se denomina “Poesía metafísica en «Crónica de Boecio»”. Abre esta parte una epígrafe de Ojeda quien señala “la poesía es, pues, para mí, conmoción y crisis (…) mi poesía es un informe sobre la desintegración demencial que es la historia” (p. 89-90). En este tramo Morales intentará explicar cómo se configura lo metafísico en la poesía de Ojeda, para ello indaga en la descripción e interpretación de los componentes formales. Se analiza el extenso poema “Crónica de Boecio” en  cuatro momentos: el locutor y el alocutario líricos, la conjunción, los versos interrogativos y los códigos intertextuales. Sobre el primero señala que en dicho poema se evidencia un locutor personaje, pues su huella se evidencia en marcas deícticas de “yo” (“He oído las voces he oído los clamores”, etc.) y en “nosotros” (“Escarbamos/ las anchas tierras con manos seguras, / y nada hay allí que nos consuele”). Asimismo, este locutor personaje se dirigiría a un “alocutario cero”; es decir, se habla a sí mismo. Sin embargo, en el análisis de los interlocutores que hace Morales no se analiza porqué es que se dirige a su “alma” y qué relación tiene el monólogo con la atmósfera que de aquel texto se desprende. De otro lado se analiza la conjunción “y” en el poema, donde esta se encargaría de las funciones de implicatura y copulatividad. Al decir de Morales, su recurrencia implica no solo la conexión de conceptos abstractos sino también la imagen crítica de una situación cognitiva, pero que no es analizada a profundidad. Por otro lado, también se detiene en los versos interrogativos de “Crónica de Boecio”, donde el crítico señala que “esta característica dota a la dicción ojediana de cierto halo reflexivo, filosófico e incluso hermético”  (p. 99); sin embargo, advierte que estas poseen también otro orden. Morales subraya que el objetivo de los versos interrogativos es, fundamentalmente, transaccional porque el locutor demanda en el alocutario una información o un saber que no posee bajo una “sospecha del saber”. De igual manera, también analiza los códigos intertextuales en “Crónica de Boecio”, para tal fin usa las categorías genettianas de la ‘intertextualidad’, ‘paratextualidad’, ‘metatextualidad’, ‘hipertextualidad’ y ‘architextualidad’. En “Crónica de Boecio”, el crítico advierte que los versos entrecomillados se asumen como textos sin referencia precisa y donde no se conoce al autor de las citas ya sea escritor, poeta o filósofo: estas representarían la topografía donde acontece la crisis y el padecimiento del locutor y alocutario líricos. Por otra parte, analiza a la crónica como testimonio en relación al hecho escritural y más precisamente: poético. De esta manera sentencia que “su experiencia en aquel mundo es traumaticamente testimonial (…) lo acontecido se inscribe como metáfora de la experiencia vital” (p. 106). Asimismo Morales Mena analiza la poesía metafísica y la dicción metafísica en “Crónica de Boecio”. Él distingue dos sentidos de la dicción metafísica: a) el primer sentido apunta a la indagación que compromete la universalidad: el origen y el término del existir, los motivos trascendentales de una catástrofe, la búsqueda de explicación de un acontecimiento que abarca la totalidad y; b) el segundo sentido, refiere al cuestionamiento, es decir, ésta tiene que ver como una crítica o un recusamiento de la razón, el lenguaje y todo aquello que por lógica o determinación ha posibilitado hacer estallar el universo. Finalmente el crítico se pregunta “¿ya podemos argumentar qué es la dicción metafísica de Ojeda?” (p. 111) y el mismo responde a la pregunta y sostiene que “lo metafísico es tal no porque se encierre en la dimensión semántica del misterio y lo incomprensible; (…) por el contrario, la aproximación analítica ha permitido ilustrar una doble justificación: por un lado, lo metafísico como indagación por los orígenes y fundamentos de lo universal (…) por otro lado, lo metafísico como crítica y cuestionamiento de un tipo de racionalidad logocéntrica” (p. 111). Entonces, para Morales la poesía metafísica de Ojeda busca la exégesis al problema de la existencia humana y la dicción metafísica en el vate chimbotano es una continua crítica e indagación por el saber institucionalizado y que ha traído consecuencias perversas al desarrollo humano.

Pienso que el estudio sobre la poesía metafísica y dicción metafísica en “Crónica de Boecio” es interesante porque no solo se interesa en la obra del autor, sino que demuestra que es importante también atender a la voz del autor cuando éste habla de su visión del mundo, del hombre, del lenguaje, de la sociedad y de la poesía misma.  Este análisis posibilitó releer la poesía de Juan Ojeda desde sus mismos códigos cognitivos y formales. Sin embargo, considero que hubiera sido interesante también poner énfasis en las figuras del discurso en ese universo metafísico en relación a la dicción del locutor personaje, ya que estas figuras no son elementos decorativos ya de la retórica reduccionista ni de la vieja escuela formalista rusa, sino estructuras formales de pensamiento que encierran una visión del mundo. Quizás el análisis de un solo texto no basta para hacernos una imagen de dicha poética metafísica si es que, digamos, es un elemento característico únicamente de “Crónica de Boecio” o si es una constante que aparece también en otros poemas como “Swedenborg”, “Paracelso”, “Caput Mortem”, “Dioscuros”, “Eleusis” etc. Creo que sería interesante detectar qué elementos posee dicha dicción metafísica en la poesía de Ojeda en relación a la tradición de este tema, digamos que esta también aparece en otros códigos de tiempo, dios, universo, origen y sombra en la poesía de Vallejo, por ejemplo. ¿Pero qué diferencia de otros poetas de nuestra tradición la poesía metafísica de Juan Ojeda? ¿Es lo metafísico un elemento clave de un solo texto o es columna vertebral en la poética ojediana? Estas interrogantes pudieran ser quizás desarrolladas en una segunda parte del libro o en otros estudios necesarios para seguir navegando en el mar de la poesía de Ojeda.

Por  lo que queda decir del libro,  Juan Ojeda. Poesía metafísica de Javier Morales Mena, este se inserta muy bien en el escenario de la crítica literaria ancashina y nacional, que dicho sea de paso todavía exige de estudios monográficos, minuciosos y amplios sobre sus procesos y autores. Este texto nos hace ver la agudeza del crítico por indagar en diversos registros y por sistematizar diversas categorías para el estudio de la todavía enigmática poesía de Juan Ojeda, que tras esta publicación volvemos a celebrar pese a toda desatención de los críticos capitalinos. 



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