domingo, 21 de julio de 2013

EL "CÁNTARO DE CANTO" DE NÉSTOR ESPINOZA HARO. UNA POÉTICA DE LO TELÚRICO.

Cántaro de canto (2012, Lima: Ediciones El Cóndor) es el nuevo poemario del poeta ancashino Néstor Espinoza Haro (Huacachi, Huari - Áncash, 1938), autor también de otros poemarios como Pequeña Canción (2000), Poemas andinos (2002) y Huaraz del Alma (2007). Espinoza es un poeta cuya empatía con el universo andino deba también ligarse a su filiación con el “Grupo Intelectual Primero de mayo” allá por la década de los años de 1960, ya que es visible en su poesía una clara posición de clase. Esta toma de posición, también, se manifiesta en su lenguaje, pues rompe con la retórica tradicional de la poesía denominada como culta para servirse de las formas populares como el canto quechua, el huayno, la oralidad andina, etc., para expresar la óptica del proletariado y de otros sectores marginados y postergados por la historia oficial.
La poesía de Néstor Espinoza pertenece a la poca abordada poesía andina contemporánea. Dicha poética retoma, pues, los nexos  con la visión mítica e incorpora “la modernidad” con técnicas expresivas del lenguaje. Hay una larga tradición de lo que podríamos denominar como “discurso andino”, pues no solo abarca a la poesía, sino también a otros discursos como la crónica (pienso en Guamán Poma de Ayala o en el Inca Garcilaso de la Vega), las canciones andinas (de resistencia cultural), el teatro quechua colonial, la pintura cuzqueña, entre otros discursos producidos desde la colonia hasta nuestros días. A esta tradición, asimismo, pertenecen los yaravíes de Mariano Melgar, la poesía de Arguedas y otros poetas como Efraín Miranda, Kilqu Waraka, Mario Florián, Dida Aguirre, Odi González que enmarcan su discurso sobre la base de una racionalidad andina. Sin embargo, es preciso atender a una cualidad de estos poetas: todos pertenecen al universo de las élites provincianas y letradas. Si rastreamos desde la colonia hasta nuestros días, estos sectores están vinculados directa o indirectamente con los sectores de élite letrados de su contraparte. Todos han tenido contacto con la educación, ya sea con los libros o en la misma universidad.

Carlos García-Bedoya (2012) señala que “la producción discursiva de las élites andinas no se define por la identidad de sus productores. Sus textos pueden ser el resultado de la práctica escritural de individuos propiamente indígenas, integrantes de tal élite, pero también de mestizos más o menos andinizados, que comparten una posición semejante” (p. 171). Esta forma de producción, por ello, está vinculada hasta nuestros días con una idea consensualmente compartida por estos escritores, aunque también se han incorporado en su poesía los cambios socioeconómicos de la segunda mitad del siglo XX e inicios del siglo XXI. Sin embargo, estos discursos han sido poco abordados en su valor histórico, no hay, lamentablemente, antologías o estudios historiográficos que fijen los antecedentes, las propuestas y las perspectivas que han desarrollado este grupo de escritores a lo largo de varios siglos.  Lo que se puede reconocer es que sí hay estudios diversos sobre algunos autores como Guamán Poma de Ayala, otros han indagado en la poesía de Arguedas, en la revalorada obra poética de Efraín Miranda; sin embargo, todavía está pendiente una mirada sobre las poéticas regionales andinas. Porque como señala Gonzalo Espino (2010), “el discurso canónico acepta los discursos nativos en tanto prehistoria, no como una manifestación cultural viva, sino como un proceso clausurado; en última instancia, se reproduce el sistema discriminatorio que opera socialmente” (p. 13).

Con este preámbulo, queremos acercarnos a la poesía de Néstor Espinoza Haro y desprender algunas características elementales: la vinculación con el elemento andino, la filiación de clase con ciertos sectores marginados y una retórica anticanónica. Efectivamente, Espinoza Haro es un poeta cuya tradición en el escenario ancashino viene de las líneas de Octavio Hinostroza y Marcos Yauri Montero, cuando precisamente estos se refieren y representan (particularmente en sus primeros libros en ambos) al mundo andino con sus mujeres, con su flora y fauna dispersos en metáforas de la vida cotidiana rural.
Sobre la poesía de Espinoza Haro, Óscar Colchado (2010) refiere que esta “tiene el sello de la tierra, su olor a barro florecido bajo las lluvias de enero” (p. 7); por su parte, Segundo Castro (2010)  señala que en esta “se encuentra toda una celebración de y para los elementos del paisaje, del mundo andino, a través de una poesía abundante en imágenes. Se trata de una lírica plena de regocijo, apenas atenuado por la melancolía”  (p. 33); de otro lado, Carlos Toledo (2010) subraya que en esta poesía “hay un recorrido que se apertura con la confesión del yo poético que se sabe andino, y crece en las siguientes páginas, descubriendo la naturaleza, el amor, el mito con su utopía andina, para que ésta, acompañada de las deidades ancestrales, pueda hacerse realidad un día” (p. 50); desde otra arista, y poniendo énfasis en los recursos retóricos, Nelly Villanueva (2010) señala que “Néstor se vale de recursos estilísticos como metáforas, prosopopeyas e imágenes, para hacernos descubrir la magia que hay en la naturaleza, mirada desde su ángulo de poeta” (p. 52); de igual modo que las primeras citas, Abdón Dextre (2010) sentencia que en esta poesía “se halla aquella feliz correspondencia del hombre con la naturaleza” (p. 60); sin embargo, desde otra visión Marcos Yauri (2003) afirma sin ambages que en la poesía de Espinoza Haro “es aplastante la presencia del paisaje y no ha habido la toma posesión del espacio por el hombre” (p.25) ; por su lado, Antonio Cáceres (2008) enfatiza que “la línea temática que caracteriza la poesía de Espinoza Haro gira básicamente entre el mundo andino, el amor y el asunto social” (p. 5 - 6) y; finalmente, José Luis Ayala (2012) refiere que la poesía de Espinoza está llena “de ternura, de un amor limpio como la lluvia, que se siente cuando se lee sus páginas. Pero, al mismo tiempo, es un libro de protesta contra las formas de la coloniedad y así el poeta alza la voz para hablar en nombre de las grandes mayorías marginadas, empobrecidas y marginadas a su suerte” (p. 9).

Cántaro de canto es un poemario donde, a decir verdad, podemos encontrar algunas constantes en el plano de la expresión y el contenido que ya habían aparecido en otros poemarios como Pequeña Canción, Poemas andinos y Huaraz del Alma. Por eso, las citas que aludimos líneas arriba refieren el universo andino representado (particularmente en su flora y fauna; y otros elementos como el sol, la luna, el viento el rayo, la lluvia, el río, la piedra y la tierra); los múltiples interlocutores andinos (jóvenes, madres, hijos, arrieros, agricultores, migrantes); las pasiones (amorosas, maternales, lúdicas, lascivas, contemplativas, sensuales) y; finalmente, el tiempo (la memoria, el pasado, la angustia, la soledad y la nostalgia). En el prólogo a Cántaro de Canto, el poeta José Luis Ayala (2012) señala que este libro “es un canto de amor, un conjunto de poemas orgánicos de un auténtico poeta que escribe desde el eje a la periferia y desde allí su voz se expande con el viento. No necesita adaptarse a las exigencias de la literatura de consumo” (p. 7). El libro de Néstor Espinoza está conformado por 44 poemas que refieren diversos temas, particularmente, la celebración de la condición del locutor personaje, la contemplación erótica de la mujer andina y la mirada nostálgica desde la lejanía.
A continuación me referiré sobre estos y algunos temas que aparecen en un universo andino y cuya visión sobre aquel se resuelve a través de una racionalidad mítica andina.

En el poemario, se subraya la condición del locutor personaje (yo poético) en muchos poemas, estos están ligados a la condición de hombre andino, de estirpe “inca” y al “cholo”. Hay un anhelo intimista en el uso del “yo”  por testimoniar su condición. En el poema “Corazón cholo”, por ejemplo se lee: “¿Cómo seré de cholo yo,/ que mi voz es voz de río,/ y mis ojos se tatúan/ con oro de retama” (p. 31); de otro poema, “Preguntas” se desprende: “Yo soy arcilla/ de ríspida cordillera,/ con oro de trigal” (p.25); en el poema “Perfil” se lee: “Yo no soy,/ más que aroma/ de tierra labrantía,/ espiga de oro,/ voz de manantial.” (p. 29); en el poema “Arpachallay” se lee: “Es que yo soy andino,/ andino de pies a pañuelo,/ andino de corazón a paloma,/ andino de batán a trueno.” (p. 37), entre otros textos.

Otro tema que se desarrolla, en algunos poemas, es el amor periférico, rural, del campo entre los habitantes que tienen como cómplices y elementos ineludibles a la flora y fauna andinos. Este amor erótico y a veces lúdico se presenta en poemas como “Embrujo” donde se lee: “Después,/ premiada mi cintura/ con el parto de la tierra/ y el tuyo,/ yo haré la promesa/ de sembrar eternamente/ tus cenizas y las mías/ donde floreció el amor” (p. 14);  en el poema “Parcela”, se lee: “de las hurañas torcazas de tu pecho/ y tus pellizcos de tuna,/ bajo a  la dulce quebrada/ de tu mayor recato,/ para sembrar en ella,/ en una virgen parcela de amor,/ mi mayor ímpetu labrador” (p. 17) y; en el poema “Embriaguez”, se lee: “Cuando yo beso/ las tiernas mazorcas/ del maíz/ y tus pechos,/ me embriago dos veces” (p. 18). El tema amoroso, acompañado del erotismo en estos poemas tiene como escenario el universo rural, periférico y andino donde aparecen la flora y fauna materializando las partes sexualizadas por el locutor personaje. En esta visión es quizás donde el poeta logra mostrar mayor brillo de su estro poético, porque combina: imagen, sensualidad, ritmo y elementos del mundo andino. Esta perspectiva, además se alimenta de la metáfora del labrador que tiene que depositar la semilla en la tierra para luego gozar de los frutos de esta. La deducción es simple: la mujer es la tierra sexualizada en el surco de la tierra, además es la productora del alimento y el sustento; mientras que el hombre o el labrador es el que deposita la semilla y por tanto es el iniciador del climax sexual a través de la fuerza en el trabajo de labranza. Esta representación del amor periférico y rural no es nuevo, pues tienen en Vallejo y en Neruda sus más altos exponentes, recuérdense los versos de “Pienso en tu sexo,/ surco más prolífico/ y armonioso” y en “Mi cuerpo de labriego te socava/ y hace saltar el hijo del fondo de la tierra” respectivamente; donde ambos poetas se refieren al mismo punto, lo sexual representado en las metáforas que focalizan el espacio rural agrícola.

Hay otros temas que aparecen en el poemario Cántaro de canto, por ejemplo la configuración de la figura maternal como protectora (en “Perfil” se lee: “Y mi labriega madre,/ sentada ante el rojo fogón/ de su corazón,/ en abnegadas trenzas/ que atizan amor,/ sólo amor”; en “Toro” se lee: “Madre,/ ¿qué pasará ahora,/ ahora que la lluvia alista/ rayos y truenos,/ para atar su agua al río?”; en “Éxodo” se lee: “Madre,/ del río que bebe nuestro pueblo,/ allá en la tierra natal que dejamos,/ nos hicimos estas lágrimas” ), la migración (en el poema “Tonada” se lee: “En un camión de colores,/ se van las trenzas que yo caricié”; en “Procedencia” se lee: “Pero en estas grises calles,/ de grandes manadas de suelas/ y moles de cemento/ que vomitan ecos,/ no hay tonadas de insecto,/ ni vida que retoza”), los sectores populares y marginados (en “Advertencia” se lee: “El hambre muerde/ con despiadados dientes/ nuestras carnes/ y aúlla todos los días/ nuestra desgracia”; en “Prosperidad” se lee: “Y el Perú/ es un país próspero,/ próspero en balas/ contra piedras” ), el culto a la tierra (léase el poema “Canto quechua a mama pacha”, y aparece también el tema de la reivindicación andina (en “Corazón cholo” se lee: “Y del gusto de ser cholo,/ mojo y remojo el paladar/ con dulces sorbos/ de orgullo”); en “Serranía” se lee: “Y este concierto es el mío,/ este mundo soy,/ mundo rural feliz”, el poema “Canto quechua a Túpac Amaru”, también puede resultar ilustrativo).

Por lo que queda decir de Cántaro de Canto de Néstor Espinoza, este es un poemario de múltiples intensidades. A veces, es luz radiante en un cielo azul como el que se describe en sus páginas  y; a veces, es una mañana nublada todavía. Sin embargo, destacan con luz propia los poemas eróticos trabajados con un buen manejo de metáforas que a su vez usan elementos andinos, asimismo destacan poemas como “Perfil”, “Pertenencia”, “Río”, “Éxodo”, “Tierra” y “Toro”. Indudablemente, Espinoza Haro es un autor importante dentro de la denominada poesía andina (poéticas regionales), que camina a la par de la poesía canónica y miope. Quisiera terminar este breve acercamiento a la poesía de Espinoza Haro con una declaración del mismo autor (2010): “[c]omo hombre andino, soy parte y fruto de la realidad andina, no soy extraño a ella para pintarla desde fuera, sino que soy real y palmariamente andino; esto es, biológica, cultural y estéticamente andino” (p. 41).


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BIBLIOGRAFÍA:

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