miércoles, 17 de septiembre de 2014

"POESÍA, SER Y QUIMERA. ESTUDIO DE LA MANO DESASIDA DE MARTÍN ADÁN" DE JIM ANCHANTE ARIAS

La escritura de Martín Adán o Rafael de la Fuente Benavides (1908-1985) conjuga muy bien un gusto obsesivo por las formas clásicas y una profunda postura desacralizadora de la poesía moderna. Esta actitud fundada en la cercanía generacional con los poetas de los años 20 y 30, la predilección por las estructuras clásicas y su bagaje idiomático (alemán, francés e inglés), han logrado configurar la poética de un autor de culto, como también lo es Eguren.
La poesía de Martín Adán se sitúa en las décadas de los años 40 y 50 (aunque cronológicamente pertenece a la generación de los años 20, donde empezó a publicar en la revista Amauta dirigida por José Carlos Mariátegui, asimismo publicó La casa de Cartón en 1929), época en la que se consolidan las innovaciones de la generación vanguardista. Uno de los primeros en observar la trascendencia de la poética adaniana fue el amauta, quien señaló que “Martín Adán realiza el anti-soneto. Lo realiza, quizá, a pesar suyo, movido por su gusto católico y su don tomista de reconciliar el dogma  nuevo con el orden clásico” (p. 238). Como observamos, la actitud del poeta es desacralizadora y ello también se relaciona con el uso del seudónimo Martín Adán, que recoge por un lado la teoría darwiniana (Martín, por el mono Martín) y la teoría bíblica (Adán, el primer hombre). La naturaleza de este seudónimo enlaza dos extremos antagónicos: ciencia y religión, que obedece a una postura clásica y moderna, también en su poesía; asimismo, a nivel temático buscar la esencia, el inicio y la exégesis de las cosas, de la humanidad, de la espiritualidad, del ser.

En esa misma búsqueda, pero ya con andamiajes teóricos, Jim Anchante Arias (Lima, 1979) indaga en la naturaleza de la poesía, el ser y la quimera en el libro La mano desasida de Martín Adán. El joven profesor universitario acaba de publicar Poesía, ser y quimera. Estudio de La mano desasida de Martín Adán (Lima, Vicio Perpetuo, 2012), que en palabras del prologuista, Camilo Fernádez Cozman, el libro “tiene varios méritos: la indiscutible claridad expositiva, el orden, el planteamiento de un modelo teórico pertinente y el rigor analítico a partir del cual se aborda la lírica de Adán” (p. 13). Por su parte, Anchante subraya que en “el caso de La mano desasida, por ejemplo, creo encontrar un poema en que no solo se problematizan grandes temas de la literatura y de la filosofía –el ser, la existencia, la trascendencia de las cosas-, sino que además estos temas se enlazan a un complejo malestar en el desarrollo de la cultura occidental, que la mayoría de estudiosos identifican con el término “modernidad”” (p. 16). Sin duda, esta idea de Anchante en relación a la poética adaniana rompe dichas observaciones en torno a la calificación de poesía purista y evasiva sobre Adán y más bien fija una mirada sobre la conciencia crítica que opera en la categoría de “modernidad” occidental que subraya Jϋrgen Habermas.

El libro de Jim Anchante Arias está conformado por cinco capítulos. El primer capítulo se denomina “La crítica en torno de La mano desasida”, en donde el crítico literario realiza el estado de la cuestión de la investigación, aborda los textos, los libros, las notas, los comentarios respecto al libro de Martín adán, analiza los juicios críticos de los años 60 y 70, de los años 80 y de los años 90 hasta la actualidad, para finalmente realizar un balance necesario sobre las diversas posiciones sobre la poesía adaniana. En un primer momento, la crítica subraya el carácter ontológico de la poética de Adán, en tanto esta manifiesta una profunda preocupación por la condición del hombre, el ser y la existencia humana; en un segundo momento, la crítica observa la ambición desmesurada del proyecto poético de La mano desasida, en tanto a trabajo estilístico, sin embargo esta no atiende, en conceptos del autor, a “cómo estos rasgos y alcances mencionados fueron variando y complejizándose a través de las versiones que tenemos en la actualidad” (p. 40), ya que el libro de Adán ha ido aglutinando cambios sustanciales no solo en el aspecto de aumento de versos sino en algunos cambios estilísticos; en un tercer momento, la crítica ha puesto un énfasis particular en los recursos retóricos usados magistralmente por el poeta de Travesía de extramares, sin embargo para el crítico literario, “no ha habido, hasta el presente, un discurso crítico que profundice en forma sistemática sobre estos recursos retórico-estilísticos empleados por el poeta” (p. 40).

El segundo capítulo del libro se denomina “Contexto y génesis de La mano desasida”, en donde se analiza el contexto de aparición del libro, que subraya la presencia de Martín Adán en “varios momentos de la literatura peruana del siglo XX” (p. 41). Asimismo, el crítico literario se detiene en observar cuáles son los periodos de la poesía adaniana y qué de particular tienen las ediciones de La mano desasida (la versión de 1961, 1964 y 1980). Aquí Anchante Arias señala que “comparadas las ediciones de 1964 y de 1980, se evidencia el hecho de que la primera es una selección de fragmentos del total de manuscritos” (p. 55), teniendo en cuenta estos datos el estudioso organiza su objeto de estudio partiendo de que el texto adaniano es un poema-río, que implica que sea un poema que como un río va alimentándose de otros ríos y textos que desemboquen en aquél. O que, finalmente, se trate de un poemario propiamente dicho.

El tercer capítulo se denomina “Retórica y símbolo en la configuración del mundo”, donde se pretende “problematizar el asunto del marco teórico, el cual tiene como eje la neorretórica y sus alcances metodológicos” (p. 57). En esta sección, Anchante  Arias estará guiado por la propuesta teórica del profesor italiano Stefano Arduini en Prolegómenos a una teoría general de las figuras (2000) y a través de la propuesta de la Retórica General textual de orientación cognitiva y que difiere de la retórica de los formalistas rusos. Le interesa, por ejemplo, el concepto de campo retórico, el campo figurativo y la noción de metáfora como un universal antropológico. Pero Anchante va aún más allá, pues su posición es la de cuestionar el campo figurativo de la metáfora que propone Arduini, donde dentro de ésta operan las figuras retóricas como la metáfora propiamente dicha, el símil o comparación, la alegoría, el emblema, el símbolo, etc. Para Anchante, el símbolo a veces excede y sobre pasa las dimensiones del campo figurativo de la metáfora y por ello el autor sentencia que es “fundamental recuperar la problemática  sobre el símbolo dentro del campo de la retórica” (p. 72). Bajo algunos planteamientos del símbolo de Arduini y en especial de Paul Ricoeur el crítico literario aborda la poesía adaniana deteniéndose en la poesía como símbolo, la rosa como símbolo y la piedra como símbolo.

El cuarto capítulo es “Estructura y campos figurativos en La mano desasida”, aquí el autor se detiene en la estructura del texto, los interlocutores y los campos figurativos. Sobre la estructura el autor se pregunta, “¿qué importancia puede tener analizar la estructura de una obra que nació sin orden alguno?” (p.82). La propuesta de Anchante es que La mano desasida fue concebida como un poema que se convierte en una gran metáfora del infinito, donde las distancias entre inicio y fin sean recortadas e incluso anuladas, y la piedra lo inunde todo” (p. 84), más adelante el estudioso agrega: “a nivel profundo, interpreto entonces en La mano desasida la manifestación de una estructura circular, infinita, porque esa es también la manera en que se representa a lo largo de los versos Machu Picchu como símbolo de  lo universal” (p. 85). Aquí el autor, tomando la categoría de la “obra abierta” de Eco, subraya dicha naturaleza del libro adaniano. En relación a los interlocutores en el libro de Adán se evidencia su naturaleza comunicativa, aparece el locutor personaje (el poeta), los alocutarios en el poema son representados, pues aparecen en el texto: la piedra Machu Picchu, aparece ficcionalizada también la alocutaria femenina Celia Paschero y finalmente el poeta aparece cuando es Machu Picchu quien le habla. Finalmente, el autor se detiene en observar las recurrencias de los campos figurativos en La mano desasida, ya que estas no son meramente decorativas ni son un desvío respecto de la norma estándar de la lengua, sino se articulan en el texto de un modo cognitivo que a su vez son formas de ver y estructurar el mundo, así aparecen el campo figurativo de la metáfora, el campo figurativo de la metonimia, el campo figurativo de la antítesis y el campo figurativo de la repetición en el texto de Adán.

El quinto capítulo se denomina “Poesía y realidad de Machu Picchu: el símbolo de la piedra”, en donde el crítico observa, a través de la recurrencia de diversos campos figurativos utilizados en el anterior capítulo, la visión del mundo que se desprende del texto adaniano. Para el autor, La mano desasida es ante todo un poema ontológico, que entabla un diálogo cósmico y humanísimo con Machu Picchu en un afán de indagar en la esencia de su ser y en la naturaleza de la condición humana.

Por lo que queda decir del libro, Poesía, ser y quimera. Estudio de La mano desasida de Martín Adán de Jim Anchante Arias, este tiene como objetivo bucear en las fuentes y la documentación existente sobre la obra adaniana para ofrecer una evaluación sobre la lectura que se ha hecho sobre la poética de Adán, aborda desde la perspectiva de la neorretórica el universo figurativo y cognitivo de uno de los poetas más complejos de nuestra tradición poética peruana y uno de los libros claves: La mano desasida.