sábado, 7 de noviembre de 2015

UN ACERCAMIENTO A LA POÉTICA DE "E(R)GO" DE WILDER A. CAURURO SÁNCHEZ. UNA LECTURA SOBRE LO POSMODERNO, DIOS Y EL YO.

La poesía en Ancash, en las últimas décadas, ha traído interesantes propuestas que se materializan en voces como la de Ricardo Ayllón en Un poco de aire en una boca impura, Juan Carlos Lucano con su poemario La hora secuestrada, César Quispe con su libro Una piedra desplomada y Breve tratado de ternura del poeta Dante Lecca, solo por citar a los poetas contemporáneos más importantes. Este dato resulta importante; por un lado, se advierte que la mayoría de los poetas mencionados son chimbotanos y; por otro, se observa que en estas últimas décadas en Huaraz la poesía no ha alcanzado el impulso ni la madurez suficiente de la que era la obra de Marco Yauri y Rosa Cerna Guardia. Hay poetas en cuantía, pero no hay poesía y quizás solo el tiempo logre rescatar contadísimos nombres. Por ello, la escritura poética de Wilder Caururo Sánchez (Huaraz, 1976), con los altos y bajos, resulta importante en este género tan caro en esta ciudad. Después de la propuesta poética de Manuel Cerna en los años noventa, la poesía en Huaraz ha tenido en Caururo a una de las voces que se resiste al paso de las oleadas narrativas, al boom del plan lector y editorial en Huaraz.
Caururo Sánchez es docente en la Universidad Nacional Santiago Antúnez de Mayolo, lugar donde estudió Lengua y Literatura, que dicho sea de paso en Huaraz; es una institución que ha forjado una joven pléyade de escritores. De otro lado, el autor huaracino obtuvo el Primer lugar en los Primeros Juegos Florales de la UNASAM en Poesía; ha sido, además, fundador y director del Círculo Literario Disidencia y Codirigió la revista de creación Kastillo de Umo. Nuestro poeta ha publicado el poemario Llevaba sombrero de copa (en coautoría, 2004), Botella (2011), Pájaro: escrito para no matar (2014) y ahora nos sorprende con un reciente libro, E(r)go (Esplín editores, Huaraz, 2015). Este nuevo poemario está conformado por siete poemas. Desde nuestra perspectiva, haremos una revisión de los aspectos temáticos que se abordan en dicha escritura y observaremos qué aspectos técnicos literarios se desprenden en este nuevo libro.
Hay tres grandes temas que aborda la poética de Caururo en E(r)go. El primero es la posmodernidad que se presenta como un instante angustioso; el segundo es la desacralización de la figura divina y su humanización y; el tercero, la deconstrucción del yo. Los paratextos como el título del libro (ergo y ego), los epígrafes (cita a Heidegger, Rilke, Apollinaire), que aparecen al interior del libro, y la sentencia en la contratapa, anuncian y confirman su temática.
El filósofo italiano Gianni Vattimo y el pensador francés Jean-François Lyotard coinciden en subrayar que la posmodernidad es un momento filosófico e histórico que indica la crisis y el fin del siglo XX. Este se caracteriza por la fragmentación del yo, el debilitamiento de la historicidad, que cuestiona a la historia oficial que aparece como catastrófica y en la que se erigió el Progreso, el Humanismo, la Cultura, la Religión etc., como categorías trascendentales para interpretar y normar la realidad. Sin duda, el hombre posmoderno reconstruye su historia en base a trozos, fragmentos, un collage de recuerdos provocados, pero es un recuerdo hedonista, caracterizado por el individualismo. He aquí la importancia de la posmodernidad y el énfasis en el locutor en primera persona (denominado como yo poético) en el poemario de Caururo a través de una tendencia exhortativa y desacralizadora.
En el poema que se abre a modo de epígrafe al inicio del libro se leen estos versos: “No han de quitarme esta sonrisa/ ni el estado de ultraje animal” (p. 2). En el poema “II” de E(r)go se lee: “Soy una desperfecta máquina de porquerías que destruir no podrás ni en tus más/ terribles sueños” (p. 5); en el poema “III”, la voz poética exige por medio del mandato o el imperativo transformar su cuerpo a través de estas expresiones: “Mátame”, “Moldea en mí”, “Extermina en mí”, “increpa mis huesos”, donde, por momentos, la figura de este hablante poético asume una voz y una postura femenina que busca que se haga en su cuerpo lo que la «otredad», a través de la violencia, desee. En el poema “Un niño juega a Dios…”, también se puede leer ese énfasis en la figura del yo poético en esta cita: “Y yo sentado en una esquina/ medito en tu excremento/ (si tan solo el hombre fuera más inmenso la vida sería natural)” (p. 9). En el poema “Canto”, se leen estos versos ilustrativos: “Amo los tacones altos de Dios/ construyo palacios/ espío a dios mientras se baña” (p. 10). Como se puede evidenciar, hay un énfasis particular en construir la figura del «yo poético» en relación al «tú oyente», a quien se le pide que actúe y rompa su pasividad y su estado acrítico. En la posmodernidad las relaciones con la “otredad”, tema importante en el libro por cierto, resultan conflictivas y angustiantes. En el poema “II” se leen estos versos que pueden resultar ilustrativos para entender este tópico: “Soy una desperfecta máquina de porquerías que destruir no podrás ni en tus más/ terribles sueños./ Asciendes. Telarañas extiendes de tu cuerpo que no logro sujetar./ Mi rey sin nombre./ Árbol deshojado, sin sombra, alargado. No te reconozco.” (p. 5).
El segundo tópico que desarrolla el poemario de Caururo es la desacralización de la figura divina y su humanización. En este sentido, la figura del yo poético en muchas ocasiones procura un lenguaje de prédica, pues asume una postura desacralizadora. En el texto de nuestro poeta se lee: “Despersígnate y asume tu orgasmo”, “abandonen vuestro estado de coleópteros mal avenidos”; en el poema “I” se lee: “No vuelvas a ser/ no te arrepientas”, “Armagedón no viene/ Armagedón no vendrá…”; en el poema “II” se lee: “Ponme bajo tu trono. No refluyas de mí. En inconsciencia, EL PECADO mismo nos/ une”; y en el poema “Tercera noche con dios” se lee “No es Dios quien los rescata/ No es Dios quien los castiga”, entre otros ejemplos. Como se evidencia, ese tono imperativo (o exhortativo, que también aparece muy marcado y a veces algo predictivo en este y en sus dos anteriores libros) tiene una visión desacralizadora a lo largo de todo el texto. Este asunto no es nuevo en poesía. Solo para tomar un ejemplo en la poesía moderna, en Baudelaire aparece este elemento. En la poesía latinoamericana; en Vallejo, Dios es el hombre, el que sufre, trabaja, come, suda y es un asalariado; en el Neruda de Crepusculario, por ejemplo, Dios es un perro y está en todas las cosas vanas y cotidianas perdiendo así su carácter sagrado y; en Benedetti, Dios aparece como una figura femenina y sensual en sus formas. Salvando las distancias, en la poesía de Caururo, Dios aparece como una mujer con tacones altos, como un niño o a veces ni aparece y se niega la posibilidad de su existencia en los actos carnales, en el amanecer, en el anochecer, en la historia de su resurrección y se forja un escepticismo; el poema “Tercera noche con Dios” puede resultar ilustrativo para esta referencia. Sin duda, el asunto religioso inunda este poemario, se deja notar a través de los deícticos y las iteraciones en torno a “pecado”, “sagrado”, “Dios”, Armagedón”, “Profanación”, “Credo”, “profeta”, “cruces”, “anticristo”, “celestial”, etc. De alguna manera en el poemario, la figura del yo siente una angustia, pues pese a utilizar un lenguaje exhortativo no conduce este a una respuesta, pues los oyentes permanecen estáticos y pasivos en el interior del libro, esto evidencia la angustiosa y tormentosa estructuración del yo y la construcción de su identidad. Esta reconstrucción desacralizadora, sin duda, obedece a una práctica neobarroca y posmoderna. En esta se imbrican modelos de discursos de predicas religiosas, citas latinas, disposición del espacio en blanco y la referencia a elementos de la literatura grecolatina; asimismo, el lenguaje neobarroco aprovecha arcaísmos, un lenguaje atiborrado de preciosismo y la utilización del modelo modernista en expresiones como “espejismo bursátil”, “pradera luz”, “afiebradas pensiles”, “arcadas lanzas”, “Danzas, arcadas”, etc.; el poema “Taedium” puede citarse como un ejemplo.
El tercer tema importante del libro es la deconstrucción del yo. Aquí quizás convenga examinar el libro desde una perspectiva intratextual, en el que se aborde el título del libro en relación a este tercer tópico. El título de este poemario, al igual que el de sus anteriores libros, intenta una nominación lúdica. Por un lado, alude a «ego» y; por otro, a «ergo». Ambas provienen de la terminología latina. Ego es el concepto de yo y es la instancia psíquica a través de la cual el individuo se reconoce como yo y es consciente de su propia identidad. El ego, por lo tanto, es el sitio de referencia de los fenómenos físicos y media entre la realidad del mundo exterior. En cambio, el ergo es una conjunción ilativa que equivale a “por tanto, luego o pues”; es decir, refiere a la situación, la razón o el motivo. Desde esta perspectiva el título alude al instante del yo, vale decir a la fugacidad del instante que evidencia la transitoriedad de la esencialidad del yo desde un tiempo posmoderno. Este elemento se torna angustioso, pues el yo se haya en un conflicto, en una escisión de su unidad, de su identidad, incluso de colectividad representada en la desacralización de la figura de Dios.
Otro elemento que quizás también debamos subrayar es respecto al lenguaje y al estilo del yo poético en la poesía del autor de E(r)go, pues en esta se manifiesta, como ya señalamos, una perspectiva conflictiva y angustiosa en la voz poética. Dicha perspectiva se percibe no solo en este nuevo poemario, sino también en el libro anterior, Pájaro: escrito para no matar (2014). Esta idea se sustenta en la predilección que tiene el autor por la disposición de las palabras en la página en blanco. Asimismo, merece atención especial la influencia de la literatura latina; particularmente Caururo la evidencia desde sus anteriores libros, con epígrafes, frases y otros préstamos lingüísticos. Todos estos elementos coadyuvan en hacer notar el uso de un lenguaje apelativo que busca una actitud pragmática en los alocutarios al interior del texto. El título del libro que juega con el ego y el ergo, asimismo, la frase de la contratapa (“Nisi credideritis, non permanebetis...” (Si no crees, no permanecerás), el título del poema “Taedium”, entre otros ejemplos, pueden ayudar a explicar la predilección del autor por esta lengua. Hay, sin duda, otras influencias diferentes respecto de lo comentado, pues esta poesía tiene deudas con la literatura grecolatina, la cultura medieval, la poesía satírica, además de la poesía de Octavio Paz, Charles Bukowski, Gonzalo Rojas y hasta de la música trova, entre otras son detectables en el autor de Botella.
Finalmente, para cerrar este acercamiento a la poética de E(r)go, quisiera subrayar que esta como propuesta continúa la ruta de sus anteriores textos. Es decir, sigue siendo fiel a su estilo. Pero, por la naturaleza del tema desacralizador, sobre todo en esta nueva entrega, se acerca a las fuentes de sus primeros versos publicados en revistas y plaquetas de poesía, incluso anteriores al poemario escrito a dos manos Llevaba sombrero de copa (2004). Desde mi lectura, observo que el tema de la crisis y la angustia de situarse en el instante y de consolidar su voz en la «otredad» sigue siendo todavía la columna vertebral de la poesía de Caururo. Quiero terminar este acercamiento a E(r)go, quizás con uno de los mejores versos del libro; se trata del poema “Taedium”:

Oh torres de espasmos
Constelas el hambre
Elástica sombra de infamia
Que prefiere no entender lo que asimila
Plástica excelencia de la verdad que admiras
Terreno baldío
Sofisma cruel
¿Hasta cuándo más de ti


              Mirada y hastío?

2 comentarios:

Junior Limas Ayala dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Junior Limas Ayala dijo...

No me delates ¿ya?
he visto el cuerpo de Dios en una mujer
pienso en su cama mientras leo Pájaro,
me río de inquietud cuando leo E(r)go,

No me delates ¿ya?
me agrada más el escarabajo,
o cuando el perro está mudo,
con su cuerpo de piedra,

No me delates, ¿ya?
porque también eh visto palabras bajo el agua,
así besándola despacio ahogué un pájaro,
y por qué llamar poesía
a las palabras del azar?...
todo lo que se diga son palabras,
como Dios, sobre E(r)go.

No me delates ¿ya?