sábado, 2 de julio de 2016

"LITERATURA Y CULTURA. UNA INTRODUCCIÓN" DE MIGUEL ÁNGEL HUAMÁN VILLAVICENCIO


Acaba de aparecer la segunda edición del libro Literatura y cultura. Una introducción (Dedo crítico Editores, 2016) del destacado crítico, teórico y profesor sanmarquino Miguel Ángel Huamán. Al inicio del libro nos topamos con una idea sentenciante de Antonio Cornejo Polar sobre el texto de Huamán: “no intenta construir una hermenéutica literaria, no intenta introducir al estudiante a través de los métodos de lectura de los textos, aunque los utiliza por supuesto, sino fundamentalmente lo que intenta es hacer comprender que la literatura es parte de un sistema mucho mayor que obviamente incluye a la sociedad, pero de manera mucho más definida y definible incluye a la cultura”. (p. 11-12). De esta manera, para Cornejo Polar, el perfil de Huamán ha hecho que “lo profundo se convierta en algo claro y que lo erudito se convierta también en algo al alcance de todos, prácticamente de cualquier lector” (p. 13).

El presente libro, Literatura y Cultura. Una introducción está dividido en seis apartados. El primero es una amplia Introducción sobre diversos tópicos ligados a la sociedad y a la cultura. Nuestro autor señala que “en toda sociedad y su cultura, el arte es el lenguaje de la vida, a través de él la realidad habla de sí misma. El arte representa, por ello, un magnifico generador de lenguajes que involucran no solo la palabra, la imagen, el color y una infinita gama de estímulos acústicos, visuales, etc.” (p. 30). De este modo, el arte presta a la humanidad un servicio insustituible ligado al proceso de comunicación social que configura el concepto de actividad artística. Otro punto que se subraya en este apartado es la diferenciación entre lo real y la realidad. Huamán afirma que “la realidad es una construcción social que tiene mucho que ver con nuestra cultura, con el conjunto de creencias, ideas o reglas que nuestra colectividad ha elaborado en el transcurso de su experiencia histórica” (p. 31). Otro punto que conviene resaltar es la del arte como lenguaje; para el teórico sanmarquino “el rasgo que caracteriza  al arte, al margen de cualquier punto de vista filosófico sobre su naturaleza, es su organización” (p. 38). Vale decir, constituir una realidad altamente organizada. De esta distinción el estudio de la literatura como disciplina humanística no pueden abordarse de una manera reduccionista, es decir, limitándose al contenido o al mensaje de esta. Otro punto que se subraya con énfasis en este apartado es la problemática de la literatura y los estudios literarios. Nuestro autor conceptualiza la teoría literaria, la historia literaria y la crítica literaria. Sobre la teoría literaria menciona que esta es “un conjunto de conceptos, categorías y principios referidos al lenguaje artístico propio de la literatura, al discurso y texto específico de las obras literarias, que guían el trabajo de interpretación, comprensión y difusión de las obras artísticas de creación verbal en una sociedad” (p. 45) y sobre la historia literaria y la crítica literaria subraya que ambas son disciplinas que parten de los criterios señalados por la teoría literaria; pero la primera, tiene que ver con un sentido diacrónico, esto es, en un estado temporal de la historia; mientras que la segunda, tiene que ver con un sentido sincrónico, es decir, un detenimiento  transversal o actual. Otro aspecto importante en este apartado también es el tópico de la lectura y la crítica. Huamán inicia su reflexión haciendo una diferenciación precisa entre la literatura (entendida como práctica social definida) y los estudios literarios (entendidos como disciplinas de investigación); luego, subraya el importante papel que tiene la lectura crítica. Para el autor “la función esencial que cumple la crítica es la de enseñar a leer, a descodificar la experiencia humana, leer la vida y lo real, todo ello gracias y a partir de su contacto con las obras literarias” (p. 49). Asimismo, se puede hablar de tres momentos en la lectura: la descripción o análisis, la explicación y la interpretación. Sin embargo, también se pueden establecer tres tipos de lectura. Una primera es una lectura lineal, referida a un dominio poco imaginativo y ciego. Para el profesor sanmarquino esta lectura se contenta con contar la historia del relato o en repetir de otra manera lo que dice el poema, esto quiere decir, una lectura empobrecedora. Una segunda es una lectura tradicionalista, referida al ámbito de lo trillado, pues esta se encargará de repetir lo que otros han dicho sobre el relato o sobre el poema, esto es, una lectura estándar que no aporta nada. Y una tercera es una lectura crítica, que ofrece una mirada inédita y pone en cuestionamiento a la primera y segunda lectura y; por el contrario, atiende al discurso, al lenguaje literario, al qué y al cómo de la obra y aún más, atiende a otros aspectos como la sociedad y la cultura.

El segundo apartado del libro está referido a las categorías de “Cultura, modernidad y literatura”. En esta parte del libro importa la comprensión del proceso literario, donde se pone especial énfasis en aquello a “lo que llamamos literatura o creación verbal es a su vez producto de nuestra cultura” (p. 65). De esta manera, tanto la literatura y los estudios literarios que trazan los parámetros de esta se constituyen como productos de la cultura moderna e intentan diversas formas de incidir en la sociedad “al brindar mecanismos de identidad individual y social” (p. 66). Para Huamán, nuestro proceso no solo debe producir obras de resolución simbólica amplia y representativa de la totalidad social y que estén escritas en una lengua nacional, sino que en la tradición cultural y literaria. Otros tópicos de este apartado son la modernidad (vista como categoría filosófica y cultural muy ligada a la propuesta de Habermas) y el desarrollo (siguiendo algunas posturas de Mariátegui). Sobre el primero se subraya que “hay una modernidad desde los criterios y patrones nuestros, una alternativa de modernidad andina o peruana, cuyo desarrollo debería acercarnos a los beneficios propios de la era de la ciencia, la tecnología y la cibernética” (p. 78) y, sobre el segundo, pone en vigencia el pensamiento de Mariátegui y afirma que éste “no solo funda una tradición propia de reflexión rica, sino que en su vastos escritos literarios establece con nitidez criterios de valoración del humanismo, la libertad y la criticidad propios del arte y la literatura que le permitieron defender y propugnar una cultura nacional antiautoritaria, enriquecida con aportes externos y enraizada en la tradición histórica, como factor indispensable para el desarrollo” (p. 88).

El tercer apartado del libro es “La tragedia del desarrollo”, donde el teórico sanmarquino toma de manera simbólica el Fausto de Goethe como obra arquetípica donde se evidenciaría una alegoría de la tragedia del desarrollo. Nuevamente se usa la categoría de modernidad, ligada a un conjunto de imágenes, valores y representaciones de la etapa de la evolución histórica y referida a ideas o creencias que constituyen la noción de desarrollo. De esta manera, para Huamán, “Fausto está representando los ideales del progreso la modernidad emergente y Mefistófeles está representando los procesos de modernización que a título de la modernidad o el progreso se implementaron” (p. 102).

El cuarto apartado del libro es “El heroísmo en la vida moderna”, donde el autor aborda la presencia capital de Baudelaire en el desarrollo de la poesía contemporánea. Para nuestro autor, el poeta francés forja desde diversas aristas una mirada particular sobre la modernidad y los riesgos de esta sobre la ciudad. Baudelaire, de este modo, procuraría una sensibilidad capaz de construir un sistema crítico dentro de esta. Hay algunas ideas que pueden desprenderse respecto a lo anotado, por ejemplo, en el poema “El albatros”, Baudelaire compara y trabaja simbólicamente la imagen del ave con el artista en la modernidad, donde este en la realidad material y en la modernización se muestra torpe,  inútil y es víctima de la incomprensión humana. En otro poema como “Correspondencias”, contrapone el tópico de la realidad interior frente a la realidad exterior, donde la sensibilidad del artista tiene que hallar símbolos y percepciones que puedan llevarnos hasta lo oculto para alcanzar la expresión plena de la libertad del individuo. En otro texto de Baudelaire, “Los ojos de los pobres”, asistimos a una mirada crítica del artista quien es capaz de reconocer el nacimiento del espacio urbano como centro de simbologías y desigualdades en la vida contemporánea. De este modo, “el papel del poeta francés en la precisión de la heroicidad de la vida cotidiana en la cultura moderna es fundamental” (p. 134).

El quinto apartado del libro está referido a “La modernidad y el subdesarrollo”, donde el autor nos introducirá en la problemática de la modernidad en el ámbito del subdesarrollo a partir de una atenta lectura de Crimen y castigo de Dostoievski. Al decir del autor, en la novela del ruso, la modernidad es representada desde la perspectiva de una realidad subdesarrollada. Donde la figura del joven Raskolnikov se puede leer simbólicamente como un tipo de respuesta frente al influjo de la modernidad y sus impulsos de progreso. Es así que para el crítico sanmarquino la obra muestra una abominable mirada de la modernidad “capturada en el torbellino de sus procesos modernizadores, en los que no vacila en asumir como costo social del progreso la muerte física o material, así como la moral o intelectual, de miles de personas” (p. 163).

Finalmente, el último apartado del libro es “Modernidad, Vanguardia, posmodernidad”, donde nuestro autor se concentra en el apogeo y la crisis del sistema capitalista y la noción de modernidad cultural en el siglo XX, época en la que surgen nuevas sensibilidades en Latinoamérica. Es en este periodo en el que surge la  vanguardia, en donde el arte y la literatura entran en su fase de autoconciencia y en una etapa crítica, marcando una particularidad de esta, la ruptura y posibilitando la tradición de la ruptura. Es en este punto donde Vallejo se articula como figura importante en la denominada vanguardia regional o latinoamericana (junto con Huidobro, Neruda, Borges y Paz). En el autor de Trilce se percibe una nueva sensibilidad atenta a lo que significa en su momento la modernidad ligada al arte. Por ello, la poesía vallejiana como señala Huamán, “Cuestiona crítica y humanamente los principios con los que se ha erigido la modernidad cultural” (p. 196).


Por lo que queda decir de Literatura y Cultura. Una introducción de Miguel Ángel Huamán, este es un libro que como el mismo autor subraya en la Presentación al interior del texto, este “ha sido escrito pensando en los jóvenes de las universidades como parte de su formación profesional humanística y que pretende ofrecer un adecuado acceso al campo de una educación integral” (p. 17). Nosotros nos adherimos a esta idea y la celebramos. Este no es únicamente un libro de conceptualizaciones aisladas y que intentan oscurecer el ya complejo universo de la teoría literaria, sino un conjunto de reflexiones y planteamientos que ayudan de manera didáctica a acercar al lector universitario latinoamericano a iniciar el camino del estudio de la literatura y no perderse ni desilusionarse en el recorrido.

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