domingo, 2 de octubre de 2016

"EL VIAJE A TRAVÉS DE LA PALABRA" (USIL, 2016) DE CAMILO FERNÁNDEZ COZMAN

                                      

PRÓLOGO


La obra crítica de Camilo Fernández Cozman (Lima, 1965) se ha incrementado considerablemente en estos últimos veinticinco años, merced a sus relecturas de poetas fundamentales de la tradición literaria peruana y latinoamericana, y también a partir de la perspectiva dialógica de la literatura con otras disciplinas humanísticas que dicho investigador practica. El académico esboza diversas perspectivas teóricas (psicoanálisis, retórica, interculturalidad, sociolingüística, estilística, semiótica, antropología, sociología, etc.) sobre la base de una Retórica General Textual (Tomás Albaladejo, Stefano Arduini, Antonio García Berrio y Giovanni Bottiroli) que dialoga con estas. El estudioso sanmarquino es uno de los investigadores más prolíficos y está muy atento a las transformaciones discursivas de la poesía latinoamericana del siglo XX; pues se ha detenido, desde diversas perspectivas (en sus libros, artículos, ensayos y notas), en el abordaje del ejercicio poético de los autores más importantes de nuestra tradición.

“La crítica es esencial a la creación literaria. No solo forma parte de ella, sino que también la hace posible. Pero es algo más que un método o un modo de conocimiento”, afirmaba el poeta y crítico literario venezolano Guillermo Sucre. Es decir, la crítica literaria tiene un papel fundamental dentro de la literatura, pues la crítica es también una creación. Pero ella no debe reducirse a la fetichización de la metodología o al hecho de que la obra literaria sea concebida solo un pretexto para exhibir el dominio del método, sino que procure más bien un diálogo armónico entre el crítico y el texto literario.

De otro lado, no se podría entender el proceso de la poética crítica de Camilo Fernández sin referirnos a los procesos y derroteros de la modernización de los estudios literarios en nuestro país. Quizás convenga recordar la apertura estilística y filológica de Luis Jaime Cisneros (1921-2011), la postura fenomenológica y lingüística en Alberto Escobar (1929-2000) y la perspectiva sociológica goldmaniana de Antonio Cornejo Polar (1936-1997), quienes, desde diversas canteras, renovaron la crítica literaria peruana de la segunda mitad del siglo XX y que han dejado huella en los escritores y estudiosos posteriores a estos, muchos de ellos discípulos de los investigadores antes mencionados.

Sin duda, caracteriza a la «poética crítica» de Camilo Fernández la amplitud dialógica del discurso. Es decir, el crítico no analiza la obra de manera insular (en otras palabras, intuitivamente ni de modo reduccionista), sino que procura una metacrítica necesaria para el inicio del recorrido. Se detiene en el análisis del contexto histórico-cultural en el que aparece la obra, posibilita una apertura interdisciplinaria y no plantea un monismo metodológico, sino que incorpora (la Retórica General Textual) otros discursos (verbigracia, la interculturalidad, la teoría de la antropofagia y la argumentación) que dialogan con la obra de arte. Evidentemente, podemos afirmar que hay predilección por abordar el estudio de la poesía; sin embargo, también observamos un interés particular por el estudio de la narrativa latinoamericana. En esta última tampoco le es ajena la óptica neorretórica como base para el análisis textual que retoma los planteamientos de la perspectiva filosófica y totalizante de la retórica aristotélica. En relación con los trabajos de Fernández dedicados al análisis de la prosa, distingo una preocupación por observar en la estructura novelística un universo cognitivo en el discurso del narrador (ideas y argumentos) y no únicamente la tentativa de explicar la actividad social de los seres humanos dentro del contexto histórico-cultural en el que se encuentran inmersos (más propias de un análisis sociológico tradicional). Estos trabajos sobre narrativa, en Sujeto, argumentación y metáfora (2011), abordan el relato hispanoamericano y el brasileño que no son de reciente interés en Fernández Cozman. De lo contrario, revísense algunos trabajos sobre narradores peruanos como, por ejemplo, un estudio a “El loco” de Carlos Eduardo Zavaleta que aparece en el libro C. E. Zavaleta: hombre de varios mundos (2009) compilado por Tomás G. Escajadillo o el análisis de los estilos de pensamiento en un fragmento de Los ríos profundos de José María Arguedas (Arguedas Centenario. Actas del Congreso Internacional José María Arguedas. Vida y obra, 2011) que revelan un esfuerzo por abordar la novela desde la perspectiva teórica de la argumentación y de la teoría de las ideas, no restringida únicamente a los discursos jurídicos.
La obra crítica de Camilo Fernández puede dividirse en dos grandes grupos. El primero está representado por un conjunto de ensayos de carácter monográfico sobre autores representativos de la tradición poética peruana como son los siguientes: César Vallejo, Emilio Adolfo Westphalen, César Moro, Jorge Eduardo Eielson, Blanca Varela, Wáshington Delgado, Rodolfo Hinostroza y José Watanabe. Estos libros son: Las ínsulas extrañas de Emilio Adolfo Westphalen (1990), Las huellas del aura. La poética de J.E. Eielson (1996), Raúl Porras Barrenechea y la literatura peruana (2000), Rodolfo Hinostroza y la poesía de los años sesenta (2001), Mito, cuerpo y modernidad en la poesía de José Watanabe (2009), Casa, cuerpo. La poesía de Blanca Varela frente al espejo (2010), César Moro, ¿un antropófago de la cultura? 2012) y El poema argumentativo de Wáshington Delgado (2012). A estos autores cabe agregar dos autores latinoamericanos también abordados, como el poeta mexicano Octavio Paz en el libro El cántaro y la ola. Una aproximación a la poética de Octavio Paz (2004) y el vate argentino Luis Benítez en La poesía es como el aroma. Poética de Luis Benítez (2009). El segundo grupo está representado por un conjunto de libros que compilan artículos, ensayos y ponencias, que han aparecido indistintamente a lo largo de 25 años. Estos libros son: La soledad de la página en blanco (2005), La poesía hispanoamericana y sus metáforas (2008), Sujeto, metáfora, argumentación (2011) y Fulgor en la niebla. Recorridos por la poesía peruana contemporánea (2014).

De otro lado, pienso que la obra ensayística de Camilo Fernández comprende cinco períodos. El primero es el de aprendizaje y evidencia una perspectiva psicológica y está constituido por su primer libro Las ínsulas extrañas de Emilio Adolfo Westphalen (1990, 2003). Allí se puede observar la utilización del método de la psicología analítica que proviene del marco teórico de Carl Jung y está referida al tratamiento de los arquetipos y del inconsciente colectivo, la perspectiva onírica de Gastón Bachelard y la visión antropológica de Mircea Eliade sobre la construcción y repetición del arquetipo. Estos autores son útiles  para abordar el enigmático mundo y las concepciones arquetípicas en Las ínsulas extrañas.

El segundo periodo es el de la retórica estructuralista del Grupo μ con apertura sociológica bajo la perspectiva poético-formal y está constituido por Las huellas del aura. La poética de J. E. Eielson (1996), Raúl Porras Barrenechea y la Literatura Peruana (2000) y la primera edición de Rodolfo Hinostroza y la poesía de los años sesenta (2000). En el libro sobre Eielson se puede observar cómo el crítico literario se nutre de procedimientos de análisis retórico y así manifiesta su inclinación por el análisis del estudio de las figuras del discurso, poniendo énfasis en las formulaciones del Grupo μ de la Universidad de Lieja. En este ensayo, Fernández Cozman procura, además, un estudio de las figuras semánticas, fónicas y sintácticas ligadas a una teoría de las ideologías apoyándose en las nociones sociológicas de Walter Benjamin (quien subraya que la modernidad se fundamenta como un proceso de desintegración del aura) y Karel Kosík (quien entiende que, en la experiencia cotidiana, la racionalidad utilitarista establece sus dominios sobre la base de un mundo de las apariencias). En cambio, en el segundo libro, Fernández analiza el pensamiento de Raúl Porras Barrenechea y su vinculación con la literatura peruana. Para el historiador peruano, nuestra literatura tiene una esencia mestiza; asimismo, Porras incorpora la categoría de la transculturación en la investigación literaria en el Perú. De igual manera, Fernández Cozman aborda también los planteamientos de Porras acerca de tres autores claves para la modernidad en el Perú (Ricardo Palma, González Prada y José Santos Chocano) y sostiene que Porras no fue un hispanista y colonialista, sino un apasionado admirador del legado prehispánico a través de los mitos y relatos andinos. En el tercer libro, dedicado a la poesía de Rodolfo Hinostroza, parte de la perspectiva hermenéutica para llegar al planteamiento metacrítico que permite subrayar la naturaleza comunicativa y pragmática de la poesía. Esta propuesta parte de la perspectiva teórica de la Retórica restringida del Grupo μ o de Lieja, poniendo énfasis en las figuras del discurso de índole pragmática y comunicativa; asimismo se subraya la predilección de Hinostroza por la experimentación formal y se analiza el rol que cumple el significante como organizador de las estructuras de significación de poemas de Consejero del lobo y Contra Natura.

El tercer periodo es la perspectiva antropológica e intercultural y está constituida por El cántaro y la ola. Una aproximación a la poética de Octavio Paz (2004), Mito, cuerpo y modernidad en la poesía de José Watanabe (2008), La poesía es como el aroma. Poética de Luis Benítez (2009) y César Moro, ¿un antropófago de la cultura? (2012). En estos ensayos se puede observar cómo el crítico literario centra su atención en los procesos culturales y la naturaleza intercultural de la poesía. En el primer libro, dedicado a Octavio Paz, se plantea la poesía antropológica que refiere a una lírica intercultural donde el poeta evoca el mundo prehispánico y lo confronta con el occidental, de este modo se posibilita un dialogo entre ambos. Fernández, además, vincula la praxis poética de Paz con la tradición literaria francesa, examina la categoría de la modernidad del poeta mexicano frente a las ideas de Jürgen Habermas y Jean François Lyotard. Finalmente, aborda, además, la concepción de la poesía y la naturaleza antropológica de Piedra de sol. El segundo volumen, dedicado al poeta José Watanabe, parte de una perspectiva “plurimetodológica” donde relaciona los estudios antropológicos, históricos y metacríticos para abordar una lectura de El huso de la palabra, Historia natural y Cosas del cuerpo. Allí Fernández aborda los tópicos subyacentes a la poesía moderna (la racionalidad instrumental, la tecnología, la modernidad, la lírica conversacional, la obra abierta y la desmitificación). La hipótesis fundamental que recorre el libro recalca que en la poesía de Watanabe se observa el pensamiento mítico, una reflexión sobre el cuerpo en la modernidad y una crítica de la racionalidad instrumental. El tercer ensayo, que indaga en el universo semántico de la poesía de Luis Benítez, se sitúa en el marco del estudio de la poesía latinoamericana contemporánea. Allí el investigador sanmarquino se detiene en el ámbito de la llamada Generación de 1980 en Argentina. En este libro, Fernández analiza el referente prehispánico que aparece  en Mitologías/la balada de la mujer perdida poniendo énfasis en la tradición poética hispanoamericana y la poética de la interculturalidad (que surge en el ámbito de la vanguardia y la posvanguardia y que procura una asimilación creativa de los aportes de occidente). Asimismo, aborda la poética de las sensaciones (auditivas, táctiles, visuales, y olfativas) a partir del legado del simbolismo francés y estudia el campo figurativo formulado por Stefano Arduini para rastrear cómo se configura esta estructura cogniica en la poesía de Benítez. El cuarto libro, dedicado a César Moro, confirma el rigor y el apasionamiento del crítico por navegar en el oro de la poesía peruana. Allí Fernández categoriza y sistematiza conceptos ligados al planteamiento de Oswald de Andrade en el “Manifiesto antropófago” publicado en 1928. Esta peculiar «antropofagia» tiene que ver con la idea de cómo es que los latinoamericanos absorbemos de modo creativo los aportes de la cultura occidental. Sobre la sistematización de este manifiesto como categoría se puede leer el ensayo de Emir Rodríguez Monegal “Carnaval/ Antropofagia/ Parodia” publicado en la Revista Iberoamericana, Pittsburgh, Nº 108-109, 1979, donde el crítico uruguayo sostiene que en la época (se refiere a las tres primeras décadas del S. XX) coinciden diversas perspectivas teóricas como la de Bajtin, quien señalaba que la novela de Dostoievski derivaba de los géneros parodiados y carnavalescos que instauran un dialoguismo (es decir, una pluralidad de voces). El crítico literario peruano, a diferencia de Rodríguez Monegal, sistematiza el manifiesto como categoría y lo aplica a un poeta paradigmático como Moro; asimismo, ve en el terreno de la sociolingüística y la Retórica General Textual las herramientas para analizar las estructuras figurativo simbólicas de la poesía de Moro y cómo este último hace uso de un lenguaje híbrido que manifiesta una ideología antropófaga. De este modo, utiliza el concepto de “imaginación plurilingüe” que le sirve para detectar ciertas procedimientos por los cuales Moro emplea el francés desde la óptica de un sujeto cuya lengua materna es el español. Es así que el poeta peruano castellaniza el idioma de Baudelaire. En consecuencia, el crítico sostiene que el autor de La tortuga ecuestre practica un procedimiento típico de la literatura latinoamericana: la antropofagia, pues en dicho poemario se observa cómo el poeta asimila creativamente (a través de la violencia verbal) el surrealismo europeo.

El cuarto periodo es el de la consolidación de la perspectiva de la Retórica General Textual, aunque esta ya se deja evidenciar en el anterior periodo. Se pone de relieve la naturaleza de la metáfora como un universal antropológico; pero en esta etapa se consolida el tratamiento de este método, mas  con apertura interdisciplinaria para la lectura analítica a partir de la cosmovisión que porta el poema. Conforman este periodo los siguientes libros: La soledad de la página en blanco. Ensayos sobre lírica peruana contemporánea (2005), donde se subraya la necesidad de analizar la dimensión retórica figurativa de algunos textos con el propósito de indagar en la ideología que subyace en los textos literarios; la segunda edición del libro Rodolfo Hinostroza y la poesía de los años sesenta (2009), ya que amplía y supera la postura restringida del Grupo μ y ahora más bien se asimila los aportes de la Retórica General Textual, en particular, las categorías de campo retórico y campo figurativo; La poesía es como el aroma. Poética de Luis Benítez (2009) que también puede situarse en este periodo, ya que allí se pone énfasis en la perspectiva intercultural y en la dimensión pragmática y cognitiva de la figura retórica, es decir, la metáfora no es un desvío respecto de la norma, sino un universal antropológico relacionado con la dimensión comunicativa; y Casa, cuerpo. La poesía de Blanca Varela frente al espejo (2010), donde se analizan los campos retóricos referidos a los vastos contextos culturales a fin de situar la poesía de Blanca Varela donde se abordan los campos figurativos de la metáfora y la antítesis, pero con mayor énfasis en la figura de la desmitificación que configurará la estructura de Valses y otras falsas confesiones (1964-1971) a partir de la figura del cuerpo como centro de reflexión y disputa. Particularmente, en este periodo se enfatiza con mayor detenimiento el análisis textual a partir de los aportes de la Retórica General Textual de Stefano Arduini, Tomás Albaladejo o Antonio García Berrio, y de la postura de la lingüística cognitiva de George Lakoff , Mark Johnson y Mark Turner.

Finalmente, el quinto y último periodo es el de la indagación en la perspectiva retórico-argumentativa y está constituido por tres libros. El primero es Sujeto, metáfora, argumentación (2011), que reúne en un solo volumen un conjunto de ensayos divididos en tres secciones, donde no solo se abordan textos poéticos, sino también narrativos. La primera sección se centra en la poesía hispanoamericana; la segunda, en la narrativa hispanoamericana; y la tercera, en la novelística brasileña, poniendo énfasis en una figura importante de la literatura del Brasil: Joaquim Maria Machado de Assis. En relación con los trabajos sobre poesía resulta interesante la reflexión sobre la construcción de la condición del sujeto “marginal” o marginado” latinoamericano y qué discursos plantean dicha problemática. Además, se reflexiona cómo el sujeto reacciona en su condición de “otredad” y desde qué espacio simbólico se ejercen aquellos discursos de cuatro poetas latinoamericanos (Vallejo, Neruda, Parra y Cisneros). En el segundo ensayo, “Los interlocutores en Escrito a ciegas (1961) de Martín Adán”, el crítico emplea la teoría de la argumentación, que se nutre de los aportes de la Retórica aristotélica y del marco conceptual de Chaïm Perelman y de Lucie Olbrechts Tyteca; además, analiza algunas metáforas sobre la base de una óptica cognitiva y pone en relieve el enfoque de la Retórica General Textual (representada por Tomás Albaladejo y Stefano Arduini). El académico plantea de este modo que el poema de Martín Adán es un texto argumentativo, pues el locutor personaje se dirige a una alocutaria representada con el fin de convencerla haciendo uso de cierta estructura argumentativa y de una amplia gama de figuras retóricas. El segundo libro es El poema argumentativo de Wáshington Delgado (2012), donde se profundiza con mayor despliegue la retórica de la argumentación. Este estudio tiene un sistema metodológico, teórico y de análisis sustentado en la Retórica General Textual (especialmente, en este libro, con Stefano Arduini y Tomás Albaladejo), pero aquí se pone énfasis en los elementos del “texto argumentativo” para luego detenerse en los campos figurativos, los interlocutores y la visión del mundo en los poemas analizados. En esta nueva publicación, Fernández profundiza en los conceptos de la Retórica de la argumentación de Chaïm Perelman y Lucie Olbrechts-Tyteca en lo que respecta al funcionamiento de las técnicas argumentativas en una obra literaria, que, como señala el crítico, abre la posibilidad de una lectura pragmática del poema porque el argumento de un locutor intenta producir un efecto en el alocutario. Para Fernández Cozman, dicha particularidad de la obra de Delgado aparece a partir de Días del corazón y, sobre todo, desde Para vivir mañana; además, permite inferir que esta escritura busca fundamentar una opinión a través del empleo de una estructura argumentativa determinada. Y, finalmente, el último libro es Las técnicas argumentativas y la utopía dialógica en la poesía de César Vallejo (2014), que obtuviera el Premio Nacional de Ensayo Vallejo Siempre 2014. En este libro se estudia al vate trujillano en el contexto de la poesía peruana del siglo XX, donde este dialoga con los movimientos literarios y con otros poetas de la época; Fernández reflexiona, además, sobre la utopía dialógica desde una postura argumentativa que se observa en Poemas humanos y España, aparte de mí este cáliz. En este libro se reitera el trabajo sobre la base de la Retórica General Textual y la Retórica de la argumentación, pero noto que en este texto se profundiza en la noción cognitiva y pragmática del poema. Es decir, Fernández usa las categorías de “provincias figurales” de Giovanni Bottiroli  que subrayan el lazo entre la figura retórica y las estructuras de pensamiento y, por otro lado, emplea la noción de “poliacroasis” de la retórica cultural de Albaladejo, que  hace referencia al hecho de cómo el locutor se dirige a múltiples alocutarios en el universo representado en el poema.

La presente compilación de ensayos, El viaje a través de la palabra, tiene el propósito de mostrar y orientar al público lector a la lectura de un determinado conjunto de textos que, desde mi perspectiva, definen el proceso, los cambios metodológicos, las asimilaciones teóricas y el reciente interés de Fernández por insertar diferentes elementos de la retórica como saber con el propósito de echar luz sobre la obra literaria. Distingue a la escritura de Fernández Cozman la agudeza con la que observa los estudios sobre el autor abordado, la clara explicación de las categorías que utiliza y el análisis textual donde se operativizan los andamiajes teóricos y metodológicos que revelan cómo el corpus de la poética crítica del estudioso limeño  se constituye en una de las más sólidas de la crítica literaria latinoamericana. Él, sin duda, ha entendido que el oficio crítico es también una creación al igual que cualquier obra de arte.

Con esta antología, que es, a su vez, un homenaje, procuro dar una imagen de la «poética crítica» que nos plantean los ensayos del investigador sanmarquino. Son  25 años de producción bibliográfica (desde 1990 hasta el 2015) y casi una veintena de libros. Los análisis de Camilo Fernández son referencias imprescindibles para el estudio de la literatura peruana y la latinoamericana, sobre todo de la poesía. Aquí se antologa un conjunto de textos donde el crítico usa sus mejores antorchas para alumbrar el todavía enigmático bosque de la lírica peruana.



Alejandro G. Mautino Guillén
Universidad Nacional Santiago Antúnez de Mayolo
Sociedad Peruana de Retórica