domingo, 27 de noviembre de 2016

"PERDEDORES DE OFICIO" DE EDGAR NORABUENA FIGUEROA



El escritor, poeta y político francés Alphonse de Lamartine (1790-1869), afirmaba que “a menudo el sepulcro encierra, sin saberlo, dos corazones en un mismo ataúd”. Sin duda esta cita resulta importante, pues la muerte ronda en las páginas del libro que nos convoca y tiene el corazón y la historia de quien se va y quien se queda, unidos en un enmarañado de historias tanáticas que devienen en múltiples formas de tragedia.

Edgar Norabuena Figueroa (Huaraz, 1978), poeta, narrador, promotor cultural y cazador empedernido de concursos por internet, acaba de publicar Oficio de perdedores (Killa editorial, 2016). Este nuevo libro está conformado por cuentos forzosamente unidos en un tema que atraviesa el libro como un cordón umbilical: la muerte. Asimismo, estos mismos intentan instalarse con mayor énfasis en otro topo simbólico como es el espacio costero, la urbe y Europa; recordemos que, en un primer momento, el autor tuvo una marcada predilección por el espacio andino (donde pese a algunas limitaciones, posee a su vez sus mayores logros narrativos) y; ahora, nos sorprende con la dinámica del espacio urbano.

El conjunto de cuentos de Norabuena se puede dividir en dos grupos. Un conjunto de cuentos donde se produce una muerte (“Muerte en San Valentín”,” Sebastián”, “¿Tú?”, “Simona”, “El pan de cada día”, “Las garras del miedo”, “Inocente por pecador” y “El inquilino”) y otro donde los personajes logran legitimar su personalidad por medio de la confesión de una verdad que lo libera (“Sed” y “Deidi”).

El primer cuento es “Muerte en San Valentín”; que refiere la historia del amor enfermizo de un hombre por Violeta y quién al final muere por el cuchillo del amante de ésta. La violencia en este cuento surge como una respuesta a las divergencias entre las expectativas no satisfechas que un género ha depositado en el 'otro'. Por momentos, opaca al cuento lo cursi y patético de algunas escenas de desprendimiento amoroso; sin embargo, a veces el cuento se eleva en temple con las referencias intertextuales con poemas de resemantizados de Pavese, Vallejo, Neruda y otros. El segundo cuento es “Sebastián”; que relata el amor adolescente de Sebastián por Bellorita y cómo el enamorado de ésta al final mata al frágil colegial en un arranque de celos y obsesión. Otro cuento es “¿Tú?”; que narra el tema del doble, a partir de la historia fantástica de una prostituta que retorna a su casa y encuentra a su doble. El cuento por momentos parece elevarse de nivel al mencionar textos y autores de la tradición universal con los cuales se intenta hacer un diálogo intertextual que sostenga la trama fantástica al mismo estilo borgeano; sin embargo, el cuento decae abruptamente cuando hace su aparición un narrador ebrio en el bar a través del elemento de la oralidad, más ligado a un amanuense de barriada o un matoncito de cantina que a un hombre cultivado en letras que intenta tejer una historia. Su pobreza se deja notar en expresiones de metáforas pobrísimas como “las ideas que van fluyendo como peces en la mar” (p. 38); frases ambiguas como “el mediocre finalista que siempre es”, pues no se sabe si se trata de El princeso o de Segundo; un denso diálogo a veces inverosímil dentro de lo fantástico como es el diálogo entre la prostituta y su doble; entre otros tropiezos escriturales del autor. Si bien es cierto, hay cuentos que merecían un mayor trabajo y corrección, hay otros como “Simona” que, a mi opinión, es uno de los más logrados no solo del libro sino de la producción narrativa de Norabuena. En este texto el autor nos sumerge en múltiples planos donde se dan cita lo infantil, lo existencial, lo macabro y lo fantástico. El cuento representa la dura vida de una maestra peruana quien emigra a España para ganarse la vida, ella vive con una hija que al final fallece y deambula como un alma en pena por las calles de Madrid. Lo interesante de este cuento es cómo el autor, a partir de la figura del narrador en segunda persona, nos va sumergiendo en múltiples planos de la historia. Dentro de esta desarrolla una reflexión sobre el paralelismo entre la madre y la hija al mismo tiempo en que se va dejando detalles que luego serán retomados al final del texto cuando la niña muere y divaga como alma en pena, recorriendo sus pasos, los lugares y personas que conoció. Solo esperamos que su autor no atente contra este buen cuento y no termine haciendo su parte I, parte II o sus sagas como sucedió con ese otro buen cuento como “Eugenita linda flor”. Volviendo a los textos del libro, continúan un conjunto de relatos cortos: “El pan de cada día”, “Sed”, “Las garras del miedo”, “Deidi”, “Inocente por pecador” y “El inquilino”. “El pan de cada día” refiere una extraña reflexión de un hombre moribundo sobre la condición del hombre en relación con el trabajo diario de una hormiga; “Sed”, en tanto, trata de cómo un hijo busca ser libre y legitimar su condición a partir de la declaración de su opción sexual; de otro lado, “La garras del miedo” y “Deidi” refieren un tema predilecto y monótono de Norabuena, el amor entre miembros integrantes de una familia; la hermana y la prima, ya aparecidos en otros cuentos. Aunque aquí hay una ligera variante; en el primero, la hermana y el personaje principal, maquinan la muerte de la otra hermana para vivir su amor y; en el segundo, la prima en una 'confusión' (tema muy típico de los cuentos del autor huaracino) termina viviendo con el personaje y éste le confiesa abierta y cínicamente su amor por la otra persona. En cambio, en “Inocente por pecador”, cuyo título ya de por si es previsible y pobre, una mujer en trauma por la muerte de su esposo en una equivocación mata a su hijo. Similar ocurre en el cuento “El inquilino”, donde también hay un asesinato en una situación confusa. En este último grupo de cuentos, como también en el primer conjunto, observamos que el autor utiliza técnicas literarias que sin duda demuestran su dominio y conocimiento del oficio técnico; sin embargo, casi todos son similares en los relatos (en este nuevo libro y en anteriores publicaciones); los cuales los hacen muy previsibles, otro detalle que debe repararse es que todos poseen una misma estructura: una narración en contrapunto, un final abierto en casi todos los textos y la sorpresa técnica que se develará en el último párrafo.

Como hemos podido observar, los personajes que aparecen en este conjunto de cuentos, buscan legitimar su existencia en relación al 'otro'. Hacer legítimo un amor enfermizo por medio de una posesión en “Muerte en San Valentín”; hacer legítimo una obsesión sin importar el precio en “Sebastián”; legitimar una vida decorosa en una sociedad de doble moral en “¿Tú?”; legitimar el equilibrio de la felicidad a costa de la muerte en “Simona”; legitimar el sacrificio simbólico en la vida diaria en “El pan de cada día”; legitimar la libertad de la opción sexual en “Sed”; legitimar un amor caprichoso con la hermana en “Las garras del miedo”; legitimar un amor pasional por la prima en “Deidi”; legitimar la venganza en “Inocente por pecador” y legitimar el arrebato macabro en “El inquilino”. De este modo, todos estos personajes están conectados con esa búsqueda y legitimación a través de la figura del 'otro', donde fracasan sueños, amores, ilusiones, etc. De esta manera el autor construye una visión particular sobre qué es ser un perdedor de oficio y cuál es el final trágico que se le procura; aunque observo que en muchos cuentos es innecesario que el narrador o personaje intente explicar o argumentar porqué una persona es un 'perdedor de oficio' y esto hace que el texto se sienta forzado en algunos párrafos. Por sí solo el título de la obra, Perdedores de oficio, bastaba pues este ya tiene una dimensión simbólica que ya no convenía explicar en cada cuento.

Como el lector podrá comprobar al leer la obra, hay un aura funesta que golpea a los personajes de Norabuena en este libro; pues sucumben frente a la pasión personal y a la naturaleza destructiva sobre el “otro”. Las fisuras existenciales, los traumas no superados y los vacíos del alma en la obra anulan la felicidad en los personajes. De este modo, se intenta representar el sentido trágico de la condición humana en donde existen fuerzas incontenibles pero que irremediablemente a ambas se llega a través del sometimiento y el terror. Hay, para decirlo como Michael Foucault (2003), un espacio donde se ejerce el discurso de poder sobre el cuerpo; es decir, de “vigilar y castigar”. Por un lado, el asesinato, tan caro al género negro y; por otro, la biografía romántica, propia de la novela rosa, parecen celebrar en la obra de Norabuena un complejo encuentro en este libro.

Por otro lado, he seguido de cerca el desarrollo de la narrativa de Norabuena y observo dos lugares comunes en aquella y que aún persisten en esta última entrega. Lugares que, por cierto, hacen previsible la técnica que emplea el autor (por ejemplo, el contrapunto narrativo y el narrador en segunda persona desde ya muchos libros anteriores a este y que al autor a veces los emplea con rigor y redundancia estructural) y la monotemática que a veces el autor no quisiera desligarse. Claro, esto no lo observa un lector colegial, sino los amigos quienes hemos leído de cerca la poética narrativa del autor. Como ya había advertido Javier Morales Mena (2007) sobre El huayco que te ha de llevar, hay malezas en el campo de trigo de la narrativa de Norabuena que incluso, en este aparente inicio de la madurez, observo que asoman casi descaradamente. El primero es la poca ficcionalización del discurso estilístico oral (Por ejemplo, “cuando los celos atacan por la puerta, el amor escapa por la ventana” (p. 14) o “el amor es vida y la vida es muerte” (p. 19) en el cuento “Muerte en San Valentín”; hasta una expresión pobrísima como “las ideas que van fluyendo como peces en la mar” (p. 38.) o textos forzados como “Retazos fuimos y en retazos nos convertiremos nuevamente” (p. 47) en el cuento “¿Tú?”; o en un título que intenta una metáfora pobre como “Las garras del miedo”)  y el diminutivo ligado muchas veces con el temple amoroso de algunas tramas narrativas que acaso lindan con lo cursi y lo inverosímil (por ejemplo, “Violeta, mi gaviotita Chimbotana” (p. 18) en “Muerte en San Valentín”, “Soy tu gatita, la gatita de tu corazón” (p. 24) en “Sebastián”, “Sí, fueron sus ojos de pichón de gaviota”(p. 73) o en “Te lo dedicaré, mi tierna gaviotita” (p. 73) en “Deidi”, que nos recuerdan por momentos a un romanticismo trasnochado.

Por lo que queda decir de Perdedores de oficio, este es un libro que a nivel técnico reitera muchos de los lugares comunes por donde ya ha transitado la narrativa de Norabuena; a nivel temático sucede igual: la violencia hacia el 'otro', la frustración, la tragedia, la mala fortuna y hasta ciertas tramas ya aparecidas en otros cuentos nuevamente se dan cita. Una primera parte de su narrativa focaliza el espacio andino (imbuida de la cosmovisión andina); en esta segunda, hay en cambio una aparente permuta de espacio (por la urbe); sin embargo, este parece ser solo un débil cascarón ya que muchos de los personajes poseen una racionalidad andina, un carácter similar al de los otros personajes, incluso en sus actitudes violentas no pueden desligarse de aquel vínculo. Pese a todo ello, considero a Norabuena un autor valioso dentro de la narrativa ancashina contemporánea, dentro de esta afirmación caben textos como El huayco que te ha de llevar, el cuento “Eugenita, linda flor” y Fuego cruzado como textos de muy buen nivel. En esta nueva publicación, así como en las anteriores, Norabuena ha hecho de la violencia uno de sus personajes principales de su narrativa. Esto, evidentemente, también puede obedecer a que en su poética escritural trata de representar cierto sector social donde este elemento se ha agudizado. Desde una lectura sociológica los personajes de Norabuena obedecen a cierto tipo de sociedad posmoderna imbuida en la crisis de los sistemas de historicidad y de los valores éticos y la verdad, propias de un sistema en crisis y donde prima el individualismo, el goce instrumentalizado del placer y ego macabro. En este libro, el lector podrá observar la compleja naturaleza humana que se muestra a través de complejos transtornos de ansiedad, traumas no superados, vacíos existenciales, la dependencia emocional, situaciones de depresión y personalidades anormales que nos permiten observar a una sociedad frívola y cambiante aún con mayor vertiginosidad que se representan en este siglo.



REFERENCIAS

Foucault, Michael. (2003). Vigilar y castigar. Buenos aires, Siglo XXI editores.
Morales Mena, Javier. (2007). “Primera aproximación a la narrativa huaracina última”. En: Kordillera. Revista Cultural, N° 22, Año 8, Huaraz, pp. 6-7.
Norabuena Figueroa, Edgar. (2016). Perdedores de oficio. Huaraz, Killa Editorial.

martes, 1 de noviembre de 2016

ENTREVISTA CON EL POETA RODOLFO HINOSTROZA

LA DIMENSIÓN DE LA PALABRA. ENTREVISTA CON RODOLFO HINOSTROZA


Alejandro Mautino: En su poética la leyenda y la historia desembocan en una reinterpretación de sus elementos. ¿El mito y sus componentes sociales, culturales y políticos han cambiado de escenario?

Rodolfo Hinostroza: Lo que ha cambiado es el mito. Ahora ya no son los mitos heroicos de los griegos o los persas, sino los mitos del hombre cotidiano, de la historia individual convertida en mito, de epopeyas humanas que son materia de mitos. Por otro lado, los mitos son de materia oral antiquísimos y narran hazañas en serie y tienen una razón muy poderosa de existir y todo ello reunido en una biblioteca oral, porque en un principio no teníamos bibliotecas como las que hoy conocemos, pero sí teníamos una biblioteca virtual que se transmitía de generación en generación, de padres a hijos. Desde que yo comencé a escribir yo fui atraído por el mito, desde el primer libro, y ahora ese mismo mito se afirmado más en mis últimos textos.

A.M.: Hablemos un poco de aquellas estructuras míticas que a veces forman un "collage". Cada parte de éste es una visión fragmentaria que forma un corpus mayor. En su poesía noto una estética de la fragmentación, a veces todas se hallan dispersas en la página en blanco, pero vistos en bloque forman una unidad  elemental del cosmos histórico.

R.H.: Claro, no solamente en mi poesía se puede notar eso, sino también en mis cuentos que son también así como "collages", como trozos, como visiones de cosas. La estética del "collage" es una cosa más reciente y mi visión fue un poco anterior al ver dichas cosas. Yo hago cuerpos independientes pero intercomunicados; escribo en géneros diferentes, pero en muchos me expreso a partir de una línea a partir de la expresión de mi propia alma -como decimos los poetas- y me valgo de todos los medios expresivos a mi alcance que tengan que ver con la palabra básicamente. El asunto es ese, no de la imagen porque yo no soy fotógrafo ni  pintor. Básicamente hay una imagen virtual que el poeta puede crear y hay una imagen real que la hacen los pintores, el sentido esencial entonces de mi poesía forma parte de una visión del mundo basado en la palabra. Me he preguntado a cada minuto porqué yo dejé de escribir poesía durante muchos años y siempre me preguntaban ¿porqué no escribe ya poesía? o ¿cuándo publicas poesía? Y había transcurrido algo así como treinta años que no publicaba poesía. Yo decía: “tengo otras cosas, escribo teatro, cuentos y muchas otras”; entonces, una de esas personas me dijo “pero usted ha abandonado la poesía por la prosa”,  y le respondí “no, un momento, no es que yo haya retrocedido sino que he ascendido a lo más alto que puede ascender el arte de la palabra, que es la palabra entera, que se ejecuta a través de todos los medios en poesía, cuento, teatro, novela, ensayo, crónica y verbalmente también a través de discursos", porque yo soy un ser de palabra fundamentalmente, me encuentro muy cómodo con la palabra y a través de ella me deslizo.

A.M.:¿Es posible, de este modo, integrar los diversos géneros literarios en una feliz correspondencia entre fondo y forma? ¿Cómo se te ha planteado esta disyuntiva en tu poesía, Rodolfo?

R.H.: He logrado a través de ella todo lo que comporta la palabra. Todo es palabra, todo ha pasado por la palabra, mi vida se ha dado a través de aquella y me he ganado los frijoles a través de ella y eso es una definición actual de mi trabajo poético literario. En general, es el hecho de haber trabajado durante cincuenta años, más o menos estoy con diversos tipos de expresión literaria, pero siempre literarios o extremos literarios como el periodismo. En fin, en todo caso, es lo que yo he querido unir, tengo que explicarle al público que esta fascinación por la palabra la heredé de mi padre que era un magnífico poeta que también vivió fascinado por la palabra. Escribió sobre todo teatro y poesía, pero hizo también novelas, radioteatro como “La conquista” que se difundió en muchos capítulos. Yo soy más o menos la segunda generación de poetas Hinostroza, porque hay un abuelo Hermenegildo Hinostroza que escribía, que no se si tuvo algún valor o déficit grande, en fin yo formo parte de una especie de familia interesada en la literatura. Yo creo por eso que es importante el origen ancashino en mi padre y en mí, pues yo me he criado en Huaraz. Entonces es de esa tradición de la que provengo, donde mi padre, me atrevo a decir, tiene una poesía muy lograda dentro de la poesía ancashina, quizás la más lograda por su manejo extraordinario del verso técnico y su gran lirismo que lo hizo cantor de la estampa.
 
A.M.: En una entrevista que concedes a Miguel Ángel Zapata señalas que “Imitación de Propercio” lo escribiste de un tirón, a propósito de la fiera de la inspiración que también tocó a tu padre el poeta Octavio Hinostroza ¿crees en la inspiración o la inspiración es el trabajo diario al cual se refería Baudelaire?

R.H.: Yo creo en la inspiración. Por otro lado, el trabajo es también importante porque refiere el empleo de la lengua; entonces, cuando estás como una especie de máquina bien afinada, bien aceitada, de repente ahí aparece la inspiración. Hay una anécdota de mi padre, quien me contó cuando tenía unos catorce años, época en que empezó a despertarme la poesía y entonces me preguntó cuál de sus poemas me gustaba más y yo le dije “Elegía a la muerte de Engracia” y él me dijo, "¿sabes cómo lo escribí?" y entonces me contó que había estado cruzando el patio de la casa de Huaraz y de repente, a la mitad del patio, le vino la inspiración y lo tumbó y se mandó entero con el poema, son como cuarenta versos que escribió de un solo tirón. Claro, yo decía que eso era imposible, hasta que me ocurrió a mí y cuando sucedió yo quedé fulminado con el poema, y eso me ha ocurrido varias veces como una especie de dictado. Después de una tarde que paseaba por París y tenía que estar en Normandía al día siguiente de visita a la casa de la tía de mi mujer, de repente me puse a escribir el poema largo y en la media noche mi mujer me dijo apaga la luz y al día siguiente empacamos y nos fuimos a Normandía y cuando recién volvimos a desempacar, lo primero que hice fue ponerme a escribir instalado en un cuartito, mientras ella iba a preparar el aperitivo seguí con el poema y lo terminé en dos sentadas, cuando ella regresó yo ya había terminado el poema, por eso aparece el Monte Saint-Michel constantemente en el poema. ¡En dos sentadas hice el poema de catorce páginas, ¡joder!, después le di un pequeño corte, dos versos que estaban demás los corregí, por eso yo creo en la inspiración porque es un poder secreto, un tigre en su motor, todo eso influye en la palabra. Los poetas sucumben a este designio.

A.M.: Rodolfo,observo que tu poesía está impregnada del aura culta de los clásicos poetas griegos y de los poetas de lengua inglesa. ¿Cómo has visto esta suerte de correspondencia entre lo culto y lo marginal en el arte contemporáneo?

R.H.: Yo diría que cada época lee su propio tiempo. Yo desconfío de las apariencias, yo tengo una estética que es no creer en lo que veo. Un poeta busca extraer de las apariencias las cosas mentales que hay en ella. Un poeta, también, va muy al fondo con su lenguaje y ve cosas que el lenguaje oculta y ofrece. Por eso propone alternativas de lectura de mitos, por ejemplo, el poeta debe tener ese espíritu de indagación formal y también de sentido porque la poesía es un poderoso medio.

A.M.: En tu poética noto también un intenso conflicto y me atrevería a señalar que en tus dos primeros poemarios está lo bélico, no sólo en términos militares, sino hasta las palabras que están en trance pero no se excluyen, mas bien se integran. Y está lo bélico en el amor, en lo erótico, en lo cultural, en la calle, en la imaginación y el pensamiento a través del lenguaje.

R.H.: Efectivamente, soy astrólogo y yo le doy mucha importancia a la mitología. Efectivamente yo tengo un componente de eso en mi escritura. A veces me da mucha energía animal, me da mucha agresividad porque yo reconozco ser una persona agresiva, no en el sentido de pegarle a la gente, pero sí soy irónico, uso la ironía como arma de humor. El estilo humorístico también es uno de mis medios. El Aries tiene esa genética, hay muchos como Charles Chaplin que eran Aries, porque el Aries no es sólo agresivo, sino humorista, tú ves esa vena pues la tengo yo. Asimismo, me gusta la comedia, yo tengo comedias escritas, me interesa ir dominando uno y otro arte y la empresa de la palabra: la novela, la poesía, el cuento, pues comencé con la poesía; después, me fui al cuento; luego, al teatro y; ahora, que estoy en la edad madura, al ensayo y a la memoria.


A.M.: Tú vienes de un grupo de escritores importantes como la Generación del 60, que en términos de Alberto Escobar "con aquella empieza un nuevo ciclo en la renovación de nuestra poesía". ¿Hubo una ruptura de la tradición? ¿Cuál fue tu posición frente a la Generación anterior?

R.H.: Los de la Generación del 50 como que se portaron muy bien con nosotros. Nos recogieron y fueron nuestros mentores: Alejandro Romualdo, Juan Gonzalo Rose y Wáshington Delgado. Ellos nos enseñaron el oficio y las actitudes. Yo aprendí muchísimo de Rose. Yo diría que fue una pasada de mano, la Generación del 50 nos pasó la antorcha olímpica y seguimos corriendo con la poesía. No peleamos o tropezamos y eso me importa porque sino se pierde esta celeridad, yo he visto que la gente se odia en este oficio y debemos mantener esa continuidad generacional que nos caracteriza como poesía nacional. En otros países como Argentina o Chile, de feroces dictaduras, no lograron configurar una suerte generacional, en cambio en nuestro país hay una huella generacional y de continuidad que hasta ahora en nuestra fecha está vigente en los jóvenes poetas. A mí me entusiasma todo eso, nosotros hemos excavado más en la poesía experimental porque toda la poesía moderna peruana viene de  una base experimental como los Orkopata, los Westphalen, los Eielson, los Sologuren que son corrientes experimentales que han forjado hondo en el alma de la poesía peruana. Entonces digo que hemos experimentado mucho en las formas poéticas. La poesía peruana es la más consistente  históricamente y la más variada en América Latina.

Huaraz,  mayo del 2012