
El escritor, poeta y político francés Alphonse de Lamartine (1790-1869), afirmaba que “a menudo el sepulcro encierra, sin saberlo, dos corazones en un mismo ataúd”. Sin duda esta cita resulta importante, pues la muerte ronda en las páginas del libro que nos convoca y tiene el corazón y la historia de quien se va y quien se queda, unidos en un enmarañado de historias tanáticas que devienen en múltiples formas de tragedia.
Edgar Norabuena Figueroa (Huaraz, 1978), poeta, narrador, promotor
cultural y cazador empedernido de concursos por internet, acaba de publicar Oficio de perdedores (Killa editorial,
2016). Este nuevo libro está conformado por cuentos forzosamente unidos en un
tema que atraviesa el libro como un cordón umbilical: la muerte. Asimismo, estos
mismos intentan instalarse con mayor énfasis en otro topo simbólico como es el espacio costero, la urbe y Europa;
recordemos que, en un primer momento, el autor tuvo una marcada predilección
por el espacio andino (donde pese a algunas limitaciones, posee a su vez sus
mayores logros narrativos) y; ahora, nos sorprende con la dinámica del espacio
urbano.
El conjunto de cuentos de Norabuena se puede dividir en dos grupos. Un
conjunto de cuentos donde se produce una muerte (“Muerte en San Valentín”,”
Sebastián”, “¿Tú?”, “Simona”, “El pan de cada día”, “Las garras del miedo”, “Inocente
por pecador” y “El inquilino”) y otro donde los personajes logran legitimar su
personalidad por medio de la confesión de una verdad que lo libera (“Sed” y “Deidi”).
El primer cuento es “Muerte en San Valentín”; que refiere la historia
del amor enfermizo de un hombre por Violeta y quién al final muere por el
cuchillo del amante de ésta. La violencia en este cuento surge como una respuesta
a las divergencias entre las expectativas no satisfechas que un género ha
depositado en el 'otro'. Por momentos, opaca al cuento lo cursi y patético de
algunas escenas de desprendimiento amoroso; sin embargo, a veces el cuento se eleva
en temple con las referencias intertextuales con poemas de resemantizados de Pavese,
Vallejo, Neruda y otros. El segundo cuento es “Sebastián”; que relata el amor
adolescente de Sebastián por Bellorita y cómo el enamorado de ésta al final
mata al frágil colegial en un arranque de celos y obsesión. Otro cuento es “¿Tú?”;
que narra el tema del doble, a partir de la historia fantástica de una
prostituta que retorna a su casa y encuentra a su doble. El cuento por momentos
parece elevarse de nivel al mencionar textos y autores de la tradición
universal con los cuales se intenta hacer un diálogo intertextual que sostenga
la trama fantástica al mismo estilo borgeano; sin embargo, el cuento decae abruptamente
cuando hace su aparición un narrador ebrio en el bar a través del elemento de
la oralidad, más ligado a un amanuense de barriada o un matoncito de cantina que
a un hombre cultivado en letras que intenta tejer una historia. Su pobreza se
deja notar en expresiones de metáforas pobrísimas como “las ideas que van
fluyendo como peces en la mar” (p. 38); frases ambiguas como “el mediocre
finalista que siempre es”, pues no se sabe si se trata de El princeso o de
Segundo; un denso diálogo a veces inverosímil dentro de lo fantástico como es
el diálogo entre la prostituta y su doble; entre otros tropiezos escriturales
del autor. Si bien es cierto, hay cuentos que merecían un mayor trabajo y
corrección, hay otros como “Simona” que, a mi opinión, es uno de los más logrados
no solo del libro sino de la producción narrativa de Norabuena. En este texto el
autor nos sumerge en múltiples planos donde se dan cita lo infantil, lo
existencial, lo macabro y lo fantástico. El cuento representa la dura vida de
una maestra peruana quien emigra a España para ganarse la vida, ella vive con
una hija que al final fallece y deambula como un alma en pena por las calles de
Madrid. Lo interesante de este cuento es cómo el autor, a partir de la figura
del narrador en segunda persona, nos va sumergiendo en múltiples planos de la
historia. Dentro de esta desarrolla una reflexión sobre el paralelismo entre la
madre y la hija al mismo tiempo en que se va dejando detalles que luego serán
retomados al final del texto cuando la niña muere y divaga como alma en pena,
recorriendo sus pasos, los lugares y personas que conoció. Solo esperamos que su
autor no atente contra este buen cuento y no termine haciendo su parte I, parte
II o sus sagas como sucedió con ese otro buen cuento como “Eugenita linda flor”.
Volviendo a los textos del libro, continúan un conjunto de relatos cortos: “El
pan de cada día”, “Sed”, “Las garras del miedo”, “Deidi”, “Inocente por pecador”
y “El inquilino”. “El pan de cada día” refiere una extraña reflexión de un
hombre moribundo sobre la condición del hombre en relación con el trabajo
diario de una hormiga; “Sed”, en tanto, trata de cómo un hijo busca ser libre y
legitimar su condición a partir de la declaración de su opción sexual; de otro
lado, “La garras del miedo” y “Deidi” refieren un tema predilecto y monótono de
Norabuena, el amor entre miembros integrantes de una familia; la hermana y la
prima, ya aparecidos en otros cuentos. Aunque aquí hay una ligera variante; en
el primero, la hermana y el personaje principal, maquinan la muerte de la otra hermana
para vivir su amor y; en el segundo, la prima en una 'confusión' (tema muy
típico de los cuentos del autor huaracino) termina viviendo con el personaje y éste
le confiesa abierta y cínicamente su amor por la otra persona. En cambio, en “Inocente
por pecador”, cuyo título ya de por si es previsible y pobre, una mujer en
trauma por la muerte de su esposo en una equivocación mata a su hijo. Similar
ocurre en el cuento “El inquilino”, donde también hay un asesinato en una
situación confusa. En este último grupo de cuentos, como también en el primer
conjunto, observamos que el autor utiliza técnicas literarias que sin duda
demuestran su dominio y conocimiento del oficio técnico; sin embargo, casi todos
son similares en los relatos (en este nuevo libro y en anteriores publicaciones);
los cuales los hacen muy previsibles, otro detalle que debe repararse es que
todos poseen una misma estructura: una narración en contrapunto, un final
abierto en casi todos los textos y la sorpresa técnica que se develará en el último
párrafo.
Como hemos podido observar, los personajes que aparecen en este conjunto
de cuentos, buscan legitimar su existencia en relación al 'otro'. Hacer
legítimo un amor enfermizo por medio de una posesión en “Muerte en San Valentín”;
hacer legítimo una obsesión sin importar el precio en “Sebastián”; legitimar
una vida decorosa en una sociedad de doble moral en “¿Tú?”; legitimar el
equilibrio de la felicidad a costa de la muerte en “Simona”; legitimar el
sacrificio simbólico en la vida diaria en “El pan de cada día”; legitimar la
libertad de la opción sexual en “Sed”; legitimar un amor caprichoso con la
hermana en “Las garras del miedo”; legitimar un amor pasional por la prima en
“Deidi”; legitimar la venganza en “Inocente por pecador” y legitimar el arrebato
macabro en “El inquilino”. De este modo, todos estos personajes están
conectados con esa búsqueda y legitimación a través de la figura del 'otro', donde
fracasan sueños, amores, ilusiones, etc. De esta manera el autor construye una
visión particular sobre qué es ser un perdedor de oficio y cuál es el final trágico
que se le procura; aunque observo que en muchos cuentos es innecesario que el narrador
o personaje intente explicar o argumentar porqué una persona es un 'perdedor de
oficio' y esto hace que el texto se sienta forzado en algunos párrafos. Por sí
solo el título de la obra, Perdedores de
oficio, bastaba pues este ya tiene una dimensión simbólica que ya no
convenía explicar en cada cuento.
Como el lector podrá comprobar al leer la obra, hay un aura funesta que
golpea a los personajes de Norabuena en este libro; pues sucumben frente a la
pasión personal y a la naturaleza destructiva sobre el “otro”. Las fisuras
existenciales, los traumas no superados y los vacíos del alma en la obra anulan
la felicidad en los personajes. De este modo, se intenta representar el sentido
trágico de la condición humana en donde existen fuerzas incontenibles pero que irremediablemente
a ambas se llega a través del sometimiento y el terror. Hay, para decirlo como
Michael Foucault (2003), un espacio donde se ejerce el discurso de poder sobre
el cuerpo; es decir, de “vigilar y castigar”. Por un lado, el asesinato, tan
caro al género negro y; por otro, la biografía romántica, propia de la novela
rosa, parecen celebrar en la obra de Norabuena un complejo encuentro en este
libro.
Por otro lado, he seguido de cerca el desarrollo de la narrativa de
Norabuena y observo dos lugares comunes en aquella y que aún persisten en esta
última entrega. Lugares que, por cierto, hacen previsible la técnica que emplea
el autor (por ejemplo, el contrapunto narrativo y el narrador en segunda
persona desde ya muchos libros anteriores a este y que al autor a veces los
emplea con rigor y redundancia estructural) y la monotemática que a veces el
autor no quisiera desligarse. Claro, esto no lo observa un lector colegial,
sino los amigos quienes hemos leído de cerca la poética narrativa del autor. Como
ya había advertido Javier Morales Mena (2007) sobre El huayco que te ha de llevar, hay malezas en el campo de trigo de
la narrativa de Norabuena que incluso, en este aparente inicio de la madurez, observo
que asoman casi descaradamente. El primero es la poca ficcionalización del
discurso estilístico oral (Por ejemplo, “cuando los celos atacan por la puerta,
el amor escapa por la ventana” (p. 14) o “el amor es vida y la vida es muerte”
(p. 19) en el cuento “Muerte en San Valentín”; hasta una expresión pobrísima
como “las ideas que van fluyendo como peces en la mar” (p. 38.) o textos
forzados como “Retazos fuimos y en retazos nos convertiremos nuevamente” (p.
47) en el cuento “¿Tú?”; o en un título que intenta una metáfora pobre como
“Las garras del miedo”) y el diminutivo
ligado muchas veces con el temple amoroso de algunas tramas narrativas que
acaso lindan con lo cursi y lo inverosímil (por ejemplo, “Violeta, mi gaviotita
Chimbotana” (p. 18) en “Muerte en San Valentín”, “Soy tu gatita, la gatita de
tu corazón” (p. 24) en “Sebastián”, “Sí, fueron sus ojos de pichón de gaviota”(p.
73) o en “Te lo dedicaré, mi tierna gaviotita” (p. 73) en “Deidi”, que nos
recuerdan por momentos a un romanticismo trasnochado.
Por lo que queda decir de Perdedores
de oficio, este es un libro que a nivel técnico reitera muchos de los
lugares comunes por donde ya ha transitado la narrativa de Norabuena; a nivel
temático sucede igual: la violencia hacia el 'otro', la frustración, la
tragedia, la mala fortuna y hasta ciertas tramas ya aparecidas en otros cuentos
nuevamente se dan cita. Una primera parte de su narrativa focaliza el espacio
andino (imbuida de la cosmovisión andina); en esta segunda, hay en cambio una
aparente permuta de espacio (por la urbe); sin embargo, este parece ser solo un
débil cascarón ya que muchos de los personajes poseen una racionalidad andina,
un carácter similar al de los otros personajes, incluso en sus actitudes
violentas no pueden desligarse de aquel vínculo. Pese a todo ello, considero a
Norabuena un autor valioso dentro de la narrativa ancashina contemporánea,
dentro de esta afirmación caben textos como El
huayco que te ha de llevar, el cuento “Eugenita, linda flor” y Fuego cruzado como textos de muy buen nivel. En
esta nueva publicación, así como en las anteriores, Norabuena ha hecho de la
violencia uno de sus personajes principales de su narrativa. Esto, evidentemente,
también puede obedecer a que en su poética escritural trata de representar
cierto sector social donde este elemento se ha agudizado. Desde una lectura
sociológica los personajes de Norabuena obedecen a cierto tipo de sociedad
posmoderna imbuida en la crisis de los sistemas de historicidad y de los
valores éticos y la verdad, propias de un sistema en crisis y donde prima el
individualismo, el goce instrumentalizado del placer y ego macabro. En este
libro, el lector podrá observar la compleja naturaleza humana que se muestra a
través de complejos transtornos de ansiedad, traumas no superados, vacíos
existenciales, la dependencia emocional, situaciones de depresión y
personalidades anormales que nos permiten observar a una sociedad frívola y
cambiante aún con mayor vertiginosidad que se representan en este siglo.
REFERENCIAS
Foucault, Michael.
(2003). Vigilar y castigar. Buenos
aires, Siglo XXI editores.
Morales Mena,
Javier. (2007). “Primera aproximación a la narrativa huaracina última”. En: Kordillera. Revista Cultural, N° 22, Año 8, Huaraz, pp. 6-7.
Norabuena
Figueroa, Edgar. (2016). Perdedores de
oficio. Huaraz, Killa Editorial.