domingo, 22 de diciembre de 2019

VISIONES DEL HOMBRE Y LA SOCIEDAD EN CAMINO A LOS EXTRAMUROS DE ÍTALO MORALES


La tradición literaria chimbotana ofrece un conjunto de escritores importantes dentro del género narrativo como Óscar Colchado (que pese no haber nacido en el puerto ha desarrollado una narrativa que se mueve en el eje costero y el andino), Julio Ortega, Antonio Salinas, Luis Fernando Cueto, Ítalo Morales, Gonzalo Pantigoso, Ricardo Ayllón, Augusto Rubio, Enrique Tamay, entre los más importantes.

Ítalo Morales (Chimbote, 1974) es licenciado en Lengua y Literatura por la Universidad Nacional del Santa, asimismo especialista en investigación y didáctica en el área de Comunicación. Su trabajo literario ha recibido muchos reconocimiento y premios en el país. Ha publicado en narrativa Día de suerte (1999), Camino a los extramuros (2005), Destierro de Abel y otros cuentos (2008) y El lado materno de la muerte (2016). También ha publicado los libros de microrrelatos El aullar de las hormigas (2003) y El cielo desleído (2006).

Recientemente acaba de aparecer, en su segunda edición, Camino a los extramuros (2019, Lima, Estruendomudo), libro de cuentos donde el autor plantea una serie de visiones filosóficas sobre la naturaleza del yo a través de su conciencia sobre el mundo.

El libro está conformado por siete cuentos. El primero se titula “La venganza”, este refiere la historia de cuatro hermanos, tres de ellos varones y una mujer, esta última precisamente ha sido violada por el brujo Colán. Entonces los hermanos emprenden un viaje de venganza a la choza del brujo, pero aquel les tiende una trampa en la cual los hermanos mueren quemados con gasolina cuando uno de estos enciende un fósforo. En el relato, la representación del paisaje y la atmósfera del misterio se combinan con la psicología de los personajes:

En la otra orilla, intranquilos, mordiendo una mueca, preguntan al hermano menor si ya se ha cagado de miedo. Nos responde que no, que desde ahora dejemos de joderle. Así me gusta, hermano. Fuerza, agallas, que ya falta poco para llegar a la maldita casa de Colán y darle lo que se merece, por pendejo (p. 12).

El segundo cuento es “El minotauro y el laberinto”, en donde el personaje principal dialoga con un timonel sobre el mito de Teseo y el Minotauro. Caracteriza al texto la compleja naturaleza del personaje, pues se mueve entre la realidad y la locura, pues es capaz de hacer razonamientos como cuando refiere que el laberinto moderno es la gran urbe o ciudad y que dentro de ella está la bestia, el animal que se alimenta en ella o el laberinto o ciudad que convirtió en bestia al hombre. A nivel técnico estructural en la narración se utilizan al menos dos paralelismos discursivos, donde se intercala el fluir de la conciencia del narrador personaje frente al diálogo que establece con el timonel de la lancha. También podemos hablar de un metarrelato, donde un relato convoca a otro para su entendimiento. De esta manera el personaje busca representar la ficcionalidad en la realidad como una suerte de expiación del alma al igual que el héroe a quien describe. Sin duda este texto guarda relación con el cuento de Jorge Luis Borges “La casa de Asterión” (de El Aleph), no solo por la referencia a los personajes míticos sino por la funcionalidad del cuento a través de la ironía, la reflexión, el fluir de la conciencia, etc.

El tercer cuento es “La mosca”, que refiere acerca de un suceso banal y nimio en la que un hombre muere al matar a una mosca que se había posado en su mesa. Se trata de un relato donde aparentemente no sucederá ningún acto que dignifique la naturaleza del personaje, sin embargo, se observa una lucha desproporcional, pues la mosca se caracteriza porla liviandad y velocidad al estar en su naturaleza, pero el hombre entra en ira y no mide las consecuencias de sus actos enceguecido por la venganza:

Conteniendo el aliento me acerco hasta el centro y, con orgullo de combatiente, descubro que mi enemiga yace muerta, junto a la envoltura en espiral. Me aproximo, respiro, absorbo el gas deletéreo y leo: CIANURO. Pero ya nada me importa. He ganado la batalla y soy el héroe del milenio. Empiezo a respirar armoniosamente como un iluminado (p. 44).

Otro cuento es “Reportaje en las tinieblas”, que relata una entrevista que busca esclarecer y entender en su entrevistado la muerte de Junior, un sicario. Particularmente en este cuento se puede observar una visión filosófica vinculada a la conducta y la conciencia del hombre a través del discurso del personaje Monterroso. Para tal propósito el autor se nutre de algunas ideas de Nietzsche referidas al bien y al mal, a Dios; asimismo, también se desarrolla el pensamiento nihilista en el relato, pues se niega el conocimiento y el valor de las cosas, marcando de esta manera el carácter escindido de los sujetos que en aquel relato se representan.

Otro cuento es “El sueño de Dios”, que, influenciado por el cuento de Jorge Luis Borges “Las ruinas circulares”, desarrolla temas vinculados al hombre, al sueño, a la creación per se, el desdoblamiento, la otredad, etc. En este cuento el personaje dialoga con Borges, y en donde se intercalan dos narraciones: entre el cuento borgeano y la narración del personaje. En el cuento hábilmente se introducen citas textuales del cuento del escritor argentino para explicar a partir de otra ficción la obra anterior:

¿he soñado en verdad el ficticio relato de un hombre? ¿acaso soy el juguete de algún Dios infantil escondido en alguna parte del universo? (p. 62-63).

     El penúltimo cuento del libro es “El antropófago”, que refiere la historia del narrador personaje quien padece de una antropofagia vinculada al fetiche de devorar solo las extremidades de sus víctimas. En el cuento aparece una niña que es vegetariana y sordomuda de quien, a diferencia de todas sus víctimas, se conduele el antropófago. En este cuento el narrador explora su propia naturaleza y cómo es que desde su representación la sociedad crea al monstruo, forma parte de ella. En este pasaje del relato, por ejemplo, nos hace sentir su voracidad:

¿el animal que necesita la carne de sus semejantes para saciar su sed de muerte? Para quienes han oído hablar de mí, es mi deber exponer esta parte de mi nefasta biografía (p. 71).

Finalmente, el último cuento, que da el título al libro, se denomina “Camino a los extramuros”, este está basado y desarrolla algunas nociones de Borges en el cuento “Episodio del enemigo”, donde refiere a la venganza, pero cuyo ámbito se localiza en el espacio onírico. Este cuento, sin duda, linda con la intertextualidad, pero es una intertextualidad que colinda entre la realidad y el sueño, pues el narrador ya no es la conciencia borgeana sino otro narrador que coloca citas del referido texto del escritor argentino.

Como hemos podido observar en nuestra lectura se pueden advertir diversas visiones que hermanan los cuentos. Una primera visión que desarrolla es la representación del hombre escindido o fragmentado, en muchos de los cuentos el hombre es guiado por sus impulsos vinculados a veces con la ira, la venganza, el deseo, la voracidad, la impotencia, la locura, su fugacidad y el deseo de conocimiento.  Al leer el conjunto de textos podemos observar que predomina la narración en primera persona (aunque por momentos pareciera cambiar o dar un giro en la narración, siempre vuelve al narrador personaje). De esta manera, en los cuentos, estos personajes protagónicos construyen por medio del lenguaje una realidad escindida, que se percibe por medio de la fragmentación del yo, muy ligado a la experiencia de la fugacidad del tiempo en el ámbito posmoderno y la transformación del espacio cotidiano e íntimo de este en las grandes urbes como producto de la migración, la pérdida del aura o la irrealidad de la historia.
Otra visión que se advierte en el libro es la representación de la sociedad. Si bien es cierto en el conjunto de cuentos, destacan las historias de los personajes protagónicos a partir del fluir de sus conciencias, estas no dejan de tener una representación colectiva significativa.
Por ejemplo, Lucien Goldmann (1962) señala que “el concepto de estructura significativa constituye el principal instrumento de investigación y de comprensión de la mayoría de hechos humanos, pasados y presentes” (p. 265), pues esta tiene que ver con la acción del sujeto colectivo. El teórico, además agrega que:

el estructuralismo genético parte de la hipótesis de que todo comportamiento humano es un intento de dar una respuesta significativa a una situación particular, y tiende, por ello mismo, a crear un equilibrio entre el sujeto de la acción y el objeto sobre que recae el mundo circundante.  Sin embargo, esta tendencia al equilibrio conserva siempre un carácter hábil y provisional. (Goldmann 1975: 221).

En Camino a los extramuros la sociedad se representa irreal, onírica, irreconocible, caótica, laberíntica, donde incluso habitan monstruos, es decir, humanos que han perdido sus valores, y, por ello, a partir de la conciencia de los narradores, se intenta restituir el orden, como en el caso del cuento “La venganza”, donde es el honor lo que está en juego frente a un violador, en otro cuento como “El minotauro y el laberinto”, es el narrador quien pretende ser el Teseo posmoderno para enfrentar al minotauro que aparecerá en otro cuento como “El antropófago”, o en otro texto como “La mosca”, en donde la batalla épica entre la mosca y el hombre se resuelve con la muerte de este último en una escena que pudo evitarse. Como se advierte, en la lectura de los cuentos, se representa un tipo de sociedad degradada, que genera monstruos y héroes posmodernos, que han perdido la vida, que entran en continuo conflicto o se saben víctimas de sus deseos y pasiones.

Asimismo, a nivel estructural y narrativo, el lector de este conjunto de cuentos hallará una narración en la que los cuentos conforman una totalidad y guardan relación entre estas. De tal manera que existe una relación o diálogo intratextual entre el cuento “El minotauro y el laberinto” con “El antropófago”, o la relación dialógica y el referente borgeano entre “El sueño de Dios” con “Camino a los extramuros”, o la relación a partir del tópico de la muerte en “La venganza” con “La mosca”. Lo interesante del planteamiento del autor es que un cuento conecta con otro, al mismo estilo de los grandes mitos griegos, donde en un mito aparecían los personajes de otros mitos a partir de partes irreducibles denominados como mitemas. En la poética narrativa de Morales estos devienen en un mito mayor: el hombre moderno.

Estos tópicos, sin duda, buscan vincular al hombre moderno a una idea no reducible a su transitar en su mundo cotidiano, sino descubrir lo fundamental en esa existencia: su fuerza para batallar o sobrevivir en un nuevo tiempo mítico, más personal que colectivo.

Mircea Eliade (1961), por ejemplo, sostiene que:

en el nivel de la experiencia individual el mito nunca ha desaparecido completamente: se hace sentir en los sueños, las fantasías y las nostalgias del hombre moderno, y la enorme literatura psicológica nos ha acostumbrado a encontrar la grande y la pequeña mitología en la actividad inconsciente y seminconsciente de todo individuo (Eliade 1961:24).

A nuestro entender, en Camino a los extramuros se percibe un aura mítica, donde antihéroes marginales y héroes degradados con historias que lindan con lo fantástico, metafísico, onírico y la locura posibilitan el nacimiento de un nuevo esquema: el mito del hombre posmoderno que se resuelve en universo avasallante y deshumanizador, y en donde este último ha perdido su aura y tiende a la fragmentación del yo.
Quien lea este libro a su vez podrá advertir diversas relaciones de transtextualidad, como la intertextualidad, en el texto a través del referente literario aparece Borges y su cuento “La casa de Asterión” o “Las ruinas circulares”, donde sin duda hay una copresencia textual, donde el autor ha resemantizado el mito y los ha adaptado al escenario porteño. Ya Borges había parodiado la tradición mítica occidental y oriental, pero en Morales observamos una ironización de esta adaptada al escenario del puerto, con antihéroes marginales y héroes degradados, cuyo elemento de valor obedece a una perspectiva más filosófica a través de las conciencias narrativas que se entrelazas en los relatos y que no buscan hacer una mera metaficcionalización, sino una ironización de la naturaleza humana adaptada a un espacio que no necesariamente pudiera ser Chimbote, sino cualquier urbe. De tal manera que aparecen posturas vinculadas al pensamiento nietzscheano, al pensamiento nihilista, al pensamiento idealista, particularmente.

Sin duda, En los extramuros del mundo de Ítalo Morales, es un libro importante que confirma a su autor como un referente importante en nuestra tradición literaria. Incluso el mismo título, que es también el título de un cuento, da cuenta de una particularidad de los textos. El título alude a aquello que escapa a la naturaleza del hombre, a aquello que está más allá de la sociedad y sus normas, al plano onírico que escapa a toda logicidad, al valor simbólico de lo no visible, etc. En el libro, diversos sujetos escindidos aparecen en el laberinto del mundo, la realidad o la vida a través de su monstruocidad humana: lo racional y lo irracional. De tal manera que aquello que escapa a su lógica interna como los sueños, lo irreal, las pasiones, los deseos o la locura liberan a los personajes que yacen prisioneros en esta. Pues estos aparecen en un mundo posmoderno, como hijos engendrados por un mundo caótico, invivible, fragmentado. Asimismo, la prosa poética que emplea el autor en este libro está muy cerca de la metaforización o la simbolización del espacio y el ser posmoderno, y en un libro posterior, El aullar de las hormigas, el autor confirma notablemente su dominio del lenguaje, quiero decir de la prosa poética y la parquedad que hereda de Borges.

martes, 4 de junio de 2019

APUNTES PARA UNA LECTURA DE "EL ARTE DE REMONTAR LA ZOZOBRA" DE AUGUSTO RUBIO ACOSTA


Los últimos impulsos desarrollados por poetas en Áncash han manifestado un sugestivo manejo del lenguaje poético que se materializan en propuestas como la de Manuel Cerna en Poemas perdidos, Ricardo Ayllón en Un poco de aire en una boca impura, Juan Carlos Lucano con su poemario La hora secuestrada, César Quispe con su libro Una piedra desplomada, Wilder Caururo Sánchez con Pájaro. Escrito para no matar, Dante Lecca con Breve tratado de ternura, Antonio Sarmiento con su obra La colina interior, Elí Urbina con La sal de las hienas y El arte de remontar la zozobra de Augusto Rubio, entre otros. Este dato resulta significativo; por un lado, se observa que los poetas provienen de ejes geográficos como Chimbote (en mayor cantidad) y Huaraz y; por otro lado, también se advierte que existe una creciente continuidad escritural forjada por escritores que llevan en alto el peso de poetas mayores como Rosa Cerna, Marcos Yauri, Julio Ortega, Juan Ojeda, Óscar Colchado, Román Obregón y Abdón Dextre.

El arte de remontar la zozobra (La resistencia Editores, 2018) es la más reciente publicación del poeta porteño Augusto Rubio Acosta (Chimbote, 1973). El autor, además, combina su faceta como gestor cultural, narrador y periodista. A esta reciente publicación se pueden añadir, también de su autoría, los siguientes poemarios: Inventario de iras y sueños (2005), Mi camisa de comando (2007) y Poquita fe (2010).

A través del presente texto me detendré en observar las particularidades de la poesía de Rubio. En primer lugar, analizo la configuración del sujeto escindido que se percibe por medio de la fragmentación del yo, la experiencia de la fugacidad cotidiana en el ámbito de la posmodernidad; en segundo lugar, observaré los tipos de memoria que se entretejen en el poemario; y, finalmente, abordaré cómo se construyen las representaciones figurales en el poemario a través del lenguaje.

1) Al leer el texto podemos observar que predomina la voz del locutor en primera persona (por ejemplo, en las deixis “yo” – “me”), también denominado como yo poético. En los poemas, este sujeto construye por medio del lenguaje una realidad escindida, que se percibe por medio de la fragmentación del yo, muy ligado a la experiencia de la fugacidad del tiempo en el ámbito cotidiano y la transformación de este en las grandes urbes como producto de la migración.
camino al peaje, desde los últimos ranchos, desde los barrios
innombrables donde termina-empieza la ciudad, los niños
harapientos me despidieron desnudos -sonriendo- mientras yo
pensaba en sus pulmones.

                                          (De “poemas de los días con los que hablaba con el mar”)

El tema del paseante en la urbe no es nuevo en poesía, hay una tradición importante iniciada con Baudelaire a partir de Las flores del mal (y de esta en la sección “Cuadros parisinos”), que funciona como una crítica a la sociedad, en la que aparecía la desproporcional “vida moderna”. La poesía de El arte de remontar la zozobra ofrece una interesante alegoría del viajante, del paseante por las calles, muy ligada al flâneaur Baudeleriano que al dandismo. El flâneaur o paseante baudeleriano ejerce una áspera crítica a la ilusión de la modernidad; en cambio el dandi consume la modernidad y se integra a ella. En la poética de Rubio el yo poético construye una identidad de paseante (cronista poético, por momentos), pues hay en esta una mirada crítica y áspera de la ciudad, del puerto, de la vida misma, una carga moral insoslayable frente al “ser” hendido.  De esta manera, la poética de Rubio levanta el polvo sobre la falsa modernidad y sus desastres en el hombre. El texto, “poema de los días en que hablaba con el mar” puede ser útil para entender esta dinámica:

me lavé la cara y la desdicha pensando en los abismos, caminé hacia el mar por la panamericana, y mientras veía pasar los autos, los pájaros, los patrulleros, cualquier cosa, me pregunté desde cuándo mi vida era una sombra, una lágrima hirviendo a la mitad de las infamias. había despertado y ahí estaba de nuevo mi voz; entre los médanos a uno nadie lo escucha y se puede hablar, toser, gritar y maldecir; las piedras se alinean en los bordes del asfalto como la historia, ese libro imperfecto de rabia y sudor, de sangre y hervor humano, ese rugido adulterado que registra -piltrafa abyecta- el transcurrir de los días. / camino al peaje, desde los últimos ranchos, desde los barrios innombrables… (p. 26)

El filósofo italiano Gianni Vattimo (1987) y el pensador francés Jean-François Lyotard (1987) coinciden en subrayar que la posmodernidad es un momento filosófico e histórico que advierte de la crisis y el fin del siglo XX. Entonces, la posmodernidad se caracteriza por la fragmentación del yo, la despersonalización, el signo del pesimismo y el debilitamiento de la historicidad, pues cuestiona a la Historia oficial que aparece como catastrófica y en la que se erigió el Progreso, el Humanismo, la Cultura, etc., como categorías importantes para interpretar la realidad. En este contexto el yo poético es el prisionero del tiempo, de la despersonalización del ser, la cosificación, la racionalidad instrumental, y cuya respuesta es su individualismo como vía de escape, que es a su vez una forma de volver a la construcción de la identidad y la individuación como sujeto único e irrepetible.
De esta forma, al leer el libro, podemos notar una atmósfera espiritual casi repetible en todos los poemas: el desencanto, la agonía, la crisis existencial, la orfandad y la crisis del mismo acto de escribir. El ir y el venir de la vida marca el círculo vicioso, el eterno retorno, lo monótono del día a día que llega a manifestarse como una crisis existencial en la voz poética:

el ir y venir a la deriva por los hondos bordes de una atmósfera
ominosa
me enrostra la angustia
la indagación de mi oficio
el asedio a la realidad vivida
la tensa alambrada en la azotea de la existencia

                                       (De “las psíquicas facultades de la noche”)

En este contexto posmoderno la figura femenina y la belleza se hallan en la experiencia de la fugacidad ligada al ámbito del dinamismo de la vida y a la transformación de esta en las grandes urbes; es así que la mujer y el amor son inasibles por la violencia del tiempo, donde el yo se resiste a integrarse y como auxilio queda solo la memoria, el recuerdo y la imagen de lo ausente:

en la soledad más salvaje de mi encierro, en la hora última -y a los hechos me remito- de pronto pensé en mis hijos; me vi en sus ojos transparentes, grandes y negritos, en las brasas de sus pechos de donde surge y se incinera -siempre- mi llantopensé también en las mujeres que un día me amaron. recordé las veces que fotografié a mi musa frente al océano, nuestro deambular por los insondables médanos de la noche, volví a las veces que dibujó en las orillas del viento, en los campos de cultivo donde nadie siembra, en las aguas que todo lo devoran…

                              (De “poema de los días en que hablaba con el mar”)

2) Otro elemento importante en el libro y que cobra notoriedad es la memoria. El antropólogo alemán, Jan Assmann distingue dos tipos: la memoria cultural y la memoria comunicativa. La primera cumple una función de almacenamiento social; mientras que la segunda, realiza la función de una memoria de todos los días que se sitúa en la actualidad. Desde mi perspectiva, en la obra de Rubio, advertimos en predominio una memoria comunicativa, situada en la actualidad y, por tanto, en la cotidianidad del “ser”. Hay elementos que nos permiten sostener esta idea, ya que constantemente nos encontramos con deícticos propios del ámbito cotidiano (caminar, cantar, sentar, escuchar, vestir, escribir, fumar, barrer, arrancar, etc.), pero que requieren información contextual para transmitir cualquier significado. El poema de esta manera plantea una memoria comunicativa de la cotidianidad, el siguiente texto de “también mi corazón escarbando”, puede resultar ilustrativo:

me pongo el saco y me pongo serio
(así como siempre he sido)
la realidad del ser humano
su desarrollo como especie social
y su conducta a través del tiempo
nunca fue de mi incumbencia
la forma de morir la elegí hace mucho:
convertirme en tu destino
en las antípodas de la luz y la memoria (p.17)

Otros elementos ligados a la categoría de memoria pueden ser (por el rasgo semántico): pasado, memoria, historia, nostalgia, recuerdo, etc., que aparecen en El arte de remontar la zozobra. En el libro es evidente que hay una clara representación del pasado, lo que podríamos denominar como una retórica órfica. ¿Y cómo se manifiesta esta?, ¿qué particularidades posee? Esta idea alegoriza al mítico Orfeo en relación con el tópico del viaje (simbólico, por cierto) que hace el héroe griego al mundo de los muertos (al pasado). El hombre recuerda y al hacerlo viaja a través del tiempo y se interna en el mundo del pasado para traer a la luz algún recuerdo, alguna nostalgia, alguna historia y activarla en el presente. Viaja a la oscuridad de la memoria. Pero al igual que en el mito, hay en este viaje figural una conciencia trágica, el pasado es inaprensible. De esta manera se configura, en el locutor personaje, una visión desesperanzadora en el presente:

le arranqué además respuestas
al dolor y la nostalgia
a nuestro mundo usurpado
y al desayuno que te nombra
a la taza donde bebo
a las raíces que nuestros ancestros
definitivamente han perdido
me arranqué verdades hoy
desde dónde escribo y para quién lo hago
qué es eso de arrojar botellas al océano
si me basta estar atado a tu memoria
descifrar el manuscrito en tus ojos
abandonarme a tu destino

                        (De “fulminación del invierno”)

3) Finalmente, abordaré el universo figurativo del poema y cómo se percibe el mundo de las representaciones en El arte de remontar la zozobra.
La poesía de Rubio ha procurado, desde sus libros anteriores, construir un discurso ligado al lenguaje cotidiano, a las jergas, al diálogo, a los clichés, y es que ha calado bastante la influencia de la poesía norteamericana de la segunda mitad del siglo XX, el rock and roll, y la vida del autor muy ligado a la crónica del día a día, propia del género periodístico donde también tiene muchos logros. Estos versos de dos poemas pueden resultar ejemplificadores:

yo nunca supe de commodities
de tasas de interés
ni indicadores bursátiles
la misión que tuve siempre en la vida
fue defender nuestra luna
el cielo las nubes las estrellas prostitutas
la alegría que a pesar del cemento y la mierda
brota como reclamo
de lo más profundo de la tierra

                           (De “Puerto eten”)

mi nombre es gucho
vivo en el progre
leo el periódico en la esquina de gálvez
con la avenida buenos aires
y me vacila pearl jam U2
stone temple pilots
y las enormes bridgestone
de los tráileres

                        (De “poema de cualquier tarde”)

Pero, ¿qué de particular tiene este lenguaje? A mi entender, el lenguaje poético de Rubio condensa perfectamente con la voz del o los personaje poéticos marginados o excluidos de la modernidad, pues esta representación del contexto y la atmósfera de la vida en las grandes urbes, muy distinto a otros poetas ancashinos, marcan una propuesta poética particular, quizás solo emparentado con Manuel Cerna, aunque los estilos sean disímiles.

Por otro lado, el título del libro es sumamente interesante. Está compuesto principalmente por tres palabras: arte, remontar y zozobra. El concepto de “arte” que aquí se desarrolla está en su acepción más extensa y referida a la actividad humana transformadora o trascendente; el concepto de “remontar” está ligado al ámbito de la navegación aguas arriba en una corriente y; “zozobra”, referida a la inclinación de una embarcación a consecuencia de la tempestad que origina la entrada del agua. Desde nuestra lectura, no es gratuita la referencia al elemento marino en el poemario. A nivel literal el título alude a la habilidad del navegante para sobresalir de la inestabilidad y la fuerza del mar; sin embargo, a nivel figurativo refiere la peripecia del hombre lanzado a remontar la inestabilidad de la vida misma que es el mar. Para Jorge Manrique, nuestras vidas son los ríos que va a dar a la mar; pero desde la visión de Rubio, la vida está en el mar, por ello la referencia constante a este en el libro, la mirada esperanzadora hacia este y es el lugar donde el yo poético retorna para reintegrarse a su mundo interior y encontrarse. 

Para finalizar, El arte de remontar la zozobra (2018) de Augusto Rubio confirma el estro creativo de su autor. El poemario, reafirma que la poesía ancashina de esta última década ha construido una poética donde el yo se haya escindido, como consecuencia de la experiencia posmoderna, tras la ilusión de la modernidad; de ahí resulta una reflexión sobre la fragmentación del yo y su individualismo como una actitud frente a un contexto apático, caótico, diforme y cambiante. El rincón feliz en este contexto es la memoria y; el lenguaje, su heroísmo catárquico.

Alejandro G. Mautino Guillén

lunes, 26 de marzo de 2018

"BATALLAS Y SUEÑOS DE UCHKU PEDRO" DE MELACIO CASTRO MENDOZA


Julia Kristeva (1978), importante filósofa y psicoanalista francesa refiere que “todo texto se construye como un mosaico de citas, todo texto es absorción y transformación de otro texto” (p. 190).  De esta manera entendemos al texto como un “sistema de estructuras coimplicadas en distintos niveles, de forma tal que cada elemento asuma un valor en relación con los demás” (Marchese [y] Forradellas 2004: 402). Es así que incluso una obra literaria está imbuida de otros textos: textos escritos, textos orales, textos de otras disciplinas, etc.

Acaba de publicarse, hace un par de años, Batallas y sueños de Uchku Pedro (Editorial Club Universitario, Alicante, España, 2016) del escritor Melacio Castro Mendoza, quien nació en Caín, un Caserío de la costa norte del Perú. Además, estudió Ciencias Sociales e Historia en la UNT (Universidad Nacional de Trujillo, Perú) y en la UDE (Universidad de Duisburg y Essen), Alemania.

Batallas y sueños de Uchku Pedro es como subraya Óscar Colchado Lucio (2016) en el prólogo:

un extenso poema épico [] cuyos versos recrean la historia de un sector de los Andes peruanos, Ancash, donde tuvo lugar la gran revolución indígena de 1885 con la figura protagónica de Pedro Celestino Cochachin, más conocido como Uchku Pedro, lugarteniente de Pedro Pablo Atusparia, jefe del levantamiento (Colchado 2016: 9).

  La obra de Castro Mendoza está compuesta de 54 poemas titulados de manera autónoma, pero deben entenderse todos ellos como una totalidad; y es que, efectivamente, se trata de un extenso poema épico escrito en prosa poética.
Al inicio subrayamos una cita de Julia Kristeva referida a que un texto es el resultado de la absorción y transformación de otros textos. De tal manera que hay en él las huellas (intertexto) de otros textos. Batallas y sueños de Uchku Pedro es un texto que absorbe no solo la historia, el mito, la leyenda, la religión, el pensamiento y la racionalidad andina, sino también su filosofía y su episteme; para luego transformar ese texto en otro, es decir en literatura, donde se perciben las huellas del lenguaje popular, ciertas marcas del quechua del Callejón de Huaylas y del lenguaje de sus principales ideólogos y combatientes. De esta manera, absorción y transformación textual resumen al libro de Castro.

Para muchos historiadores, la sublevación campesina de 1885 alcanzó una dimensión nacional que el tiempo no ha podido borrar. La literatura no ajena a ella también ha representado dicha gesta del pueblo indígena ancashino. En novela destacan, por ejemplo, El amauta Atusparia (1930) de Ernesto Reyna y  No preguntes quién ha muerto de Marcos Yauri Montero (1989); en cuento “Cordillera Negra” de Óscar Colchado (1985); en teatro Atusparia de Julio Ramón Ribeyro (1981);  y, en poesía (en algunos poemas), Reinos que declinan de Selenco Vega (2001) y Batallas y sueños de Uchku Pedro (2016) de Melacio Castro Mendoza. Como se puede observar hay una importante tradición de escritores de primer nivel que han representado dicho levantamiento en Ancash a nivel ficcional.


En Batallas y sueños de Uchku de Castro Mendoza se observa, en tiempos discontinuos, la voz poética de dos héroes. La primera es la voz de Uchku Pedro, quien da manifiesto de su estancia por la vida, su amor por Lucía y sus ansias de ver una tierra libre. Aquí Uchku Pedro está configurado como personaje y como voz colectiva en un ámbito histórico social; por otro lado, la segunda voz es la voz órfica del poeta cronista, Anacleto Méndez, quien al igual que Orfeo se introduce en la muerte, en el pasado, en la memoria cultural, en la historia y en los recuerdos para rescatar a los héroes con nombre y sin nombre que participaron en la sublevación de 1885 y otorgarles el valor que, como individuos colectivos, forjaron en el combate un ideal de nación indígena buscando igualdad y justicia.

En la prosa poética, de este libro, se desarrolla lo que para algunos teóricos como Elena Altuna denominan la "retórica del desagravio”. En este texto aparece la voz de Uchku Pedro y Anacleto Méndez como un discurso de desagravio, en el que se exponen los atropellos y abusos que se cometieron desde la llegada de los pseudo conquistadores. Es decir, hay una acción comunicativa en ese discurso, cuya finalidad es conmover al interlocutor dentro del texto y al lector del libro:

Llegaron la espada y la cruz.
Sus portadores, invasores sedientos de metales,
tierras y fuerza de trabajo, nos declararon bárbaros
amantes de la sierpe (p. 12).

Pero esta protesta que visibiliza el lastre dejado ya en la colonización también se extendió hasta las últimas décadas del siglo XIX (época en el que ocurre la sublevación de 1885 y que hoy en pleno siglo XXI se ha transformado en un neocolonialismo, por ejemplo, la privatización). En el libro de Castro Mendoza se leen estos versos:

La propiedad privada nos colgó a la cruz a la cruz del hambre
y su filuda espada nos sometió a la más negra
y absoluta miseria espiritual y física (p. 13).

Otro elemento que aparece en esta obra, y que deseo subrayar, es la racionalidad andina a través de la representación del mundo en la voz de sus principales personajes o héroes. Entendemos que por medio de la lengua del hombre viaja su cultura, su pensamiento, su idiosincrasia, su sistema de representación, etc. Es así que en la racionalidad andina se presenta una naturaleza metafórica a través de su discurso. Este está caracterizado por la prosopopeya o personificación, que consiste en atribuir propiedades humanas a un animal o a un objeto. Por ejemplo, en el libro leemos:

¿Oyes, mamá Hortulana?
Las rocas lloran la suerte de la patria
y, entre tanto,
las palomas arrullan la hora matinal (p. 17).

O en otro poema como “Habló el Auki” se lee:

Entronada a un Apu, una roca dijo:
«!Deja tus minas, Uchku Pedro: ve y busca al
viejo Atusparia! ¡En tus manos deposito
un sol y dos luceros!» (p.26).


Aunque en el libro abundan muchos ejemplos, he tomado solo los que acabamos de citar para hacer notar cómo en el texto se deja notar la racionalidad andina ligada a la personificación de todos los elementos que en el mundo andino se integran. Y es que en esta racionalidad, todos somos parte de la tierra y todos somos la tierra, no hay diferencias entre uno y otro, hombre y naturaleza son igual, por ello hay un respeto: he ahí porqué el diálogo con la coca, con la tierra, los apus, las piedras, los animales, etc. Sin embargo, esa relación armónica entre hombre y naturaleza se ve resquebraja con la llegada de los españoles, de los mishtis, de los hacendados, con la propiedad privada, con la indiferencia, el abuso del poder, el proteccionismo de las autoridades, los nuevos impuestos, etc., estos elementos son los que se denuncian a través de la voz del héroe en Batallas y sueños de Uchku Pedro.

Es así que para Carlos Toledo Quiñones (2018), por ejemplo, se producen dos momentos discursivos en la obra:

 El primer momento coincide con el desarrollo autónomo y soberano peruano correspondiente al añorado por Uchku Pedro, y el segundo, con la pérdida de la autonomía y de la soberanía, suplantadas por una dependencia, cuya madre es la invasión española.  Esta es parte constituyente de nuestra actualidad, madre, a su vez, de la aspiración del autor relacionada con la cosmovisión andina del Pachacuti (Toledo 2018).

Otro elemento importante en el libro es la reivindicación de los héroes anónimos de la sublevación de 1885. De esta manera, el yo poético en la voz de Anacleto Méndez testimonia sobre Manuel Granados, Ángel Baylón, Pedro Pascual Guillén, José Orobio, Severino Tukushuanca, Fernando Roque, Marcelino Sifuentes, Luis Felipe Montestruque, Tiburcio Mallki,  Lucía, Grimanesa Andrade, Mamá Hortulana, etc. De esta manera la voz de Anacleto Méndez, que es la voz poética y que funciona como memoria colectiva, trae del olvido no solo a Uchku Pedro y Atusparia, sino a otros combatientes del callejón de Huaylas y los reactualiza en su dinámicas más cotidianas, en sus posturas políticas, en sus ansias de una país más justo y en sus sueños de igualdad y de derecho.

Si bien es cierto, el tiempo individual es pieza clave en esta poética de Castro Mendoza pues esta refiere la reconstrucción de un pasado afectivo (llena de la vida de los héroes, sus hazañas y su modo de entender el mundo), también lo es el tiempo como recuerdo angustioso (el sufrimiento por sistemas de opresión aún tan vigentes desde la colonia). Batallas y sueños de Uchku Pedro es un texto que recrea la realidad histórica ancashina de 1885 a través de una intensa prosa poética y a su vez la ficcionaliza para traer a la memoria y reactualizar a todos esos héroes que la historia y el tiempo parecen querer olvidar. Particularmente este es un texto que reactualiza la historia desde la perspectiva de una poética histórica, reactualiza el lenguaje decimonónico del siglo XIX y sus héroes y reabre nuevamente el sentimiento de pertenencia y de denuncia frente a nuevas formas de colonialismo.   


Referencias bibliográficas

Castro Mendoza, Melacio. (2016). Batallas y sueños de Uchku Pedro. Alicante: Editorial Club Universitario.
Kristeva, Julia. (1978). Semiótica 1. Madrid: Editorial Espiral Fundamentos.
Marchese, Ángelo [y] Forradellas, Joaquín. (1994). Diccionario de retórica, crítica y terminología literaria. Barcelona: Editorial Ariel.
Toledo Quiñones, Carlos. (2018). “Reflexiones en torno al poemario Batallas y sueños de Uchku Pedro”. Lima, Perú: Servindi. Comunicación intercultural para un mundo más humano y diverso. Recuperado de https://www.servindi.org/02/02/2018/reflexiones-en-torno-al-poemario-batallas-y-suenos-de-uchcu-pedro


domingo, 27 de noviembre de 2016

"PERDEDORES DE OFICIO" DE EDGAR NORABUENA FIGUEROA



El escritor, poeta y político francés Alphonse de Lamartine (1790-1869), afirmaba que “a menudo el sepulcro encierra, sin saberlo, dos corazones en un mismo ataúd”. Sin duda esta cita resulta importante, pues la muerte ronda en las páginas del libro que nos convoca y tiene el corazón y la historia de quien se va y quien se queda, unidos en un enmarañado de historias tanáticas que devienen en múltiples formas de tragedia.

Edgar Norabuena Figueroa (Huaraz, 1978), poeta, narrador, promotor cultural y cazador empedernido de concursos por internet, acaba de publicar Oficio de perdedores (Killa editorial, 2016). Este nuevo libro está conformado por cuentos forzosamente unidos en un tema que atraviesa el libro como un cordón umbilical: la muerte. Asimismo, estos mismos intentan instalarse con mayor énfasis en otro topo simbólico como es el espacio costero, la urbe y Europa; recordemos que, en un primer momento, el autor tuvo una marcada predilección por el espacio andino (donde pese a algunas limitaciones, posee a su vez sus mayores logros narrativos) y; ahora, nos sorprende con la dinámica del espacio urbano.

El conjunto de cuentos de Norabuena se puede dividir en dos grupos. Un conjunto de cuentos donde se produce una muerte (“Muerte en San Valentín”,” Sebastián”, “¿Tú?”, “Simona”, “El pan de cada día”, “Las garras del miedo”, “Inocente por pecador” y “El inquilino”) y otro donde los personajes logran legitimar su personalidad por medio de la confesión de una verdad que lo libera (“Sed” y “Deidi”).

El primer cuento es “Muerte en San Valentín”; que refiere la historia del amor enfermizo de un hombre por Violeta y quién al final muere por el cuchillo del amante de ésta. La violencia en este cuento surge como una respuesta a las divergencias entre las expectativas no satisfechas que un género ha depositado en el 'otro'. Por momentos, opaca al cuento lo cursi y patético de algunas escenas de desprendimiento amoroso; sin embargo, a veces el cuento se eleva en temple con las referencias intertextuales con poemas de resemantizados de Pavese, Vallejo, Neruda y otros. El segundo cuento es “Sebastián”; que relata el amor adolescente de Sebastián por Bellorita y cómo el enamorado de ésta al final mata al frágil colegial en un arranque de celos y obsesión. Otro cuento es “¿Tú?”; que narra el tema del doble, a partir de la historia fantástica de una prostituta que retorna a su casa y encuentra a su doble. El cuento por momentos parece elevarse de nivel al mencionar textos y autores de la tradición universal con los cuales se intenta hacer un diálogo intertextual que sostenga la trama fantástica al mismo estilo borgeano; sin embargo, el cuento decae abruptamente cuando hace su aparición un narrador ebrio en el bar a través del elemento de la oralidad, más ligado a un amanuense de barriada o un matoncito de cantina que a un hombre cultivado en letras que intenta tejer una historia. Su pobreza se deja notar en expresiones de metáforas pobrísimas como “las ideas que van fluyendo como peces en la mar” (p. 38); frases ambiguas como “el mediocre finalista que siempre es”, pues no se sabe si se trata de El princeso o de Segundo; un denso diálogo a veces inverosímil dentro de lo fantástico como es el diálogo entre la prostituta y su doble; entre otros tropiezos escriturales del autor. Si bien es cierto, hay cuentos que merecían un mayor trabajo y corrección, hay otros como “Simona” que, a mi opinión, es uno de los más logrados no solo del libro sino de la producción narrativa de Norabuena. En este texto el autor nos sumerge en múltiples planos donde se dan cita lo infantil, lo existencial, lo macabro y lo fantástico. El cuento representa la dura vida de una maestra peruana quien emigra a España para ganarse la vida, ella vive con una hija que al final fallece y deambula como un alma en pena por las calles de Madrid. Lo interesante de este cuento es cómo el autor, a partir de la figura del narrador en segunda persona, nos va sumergiendo en múltiples planos de la historia. Dentro de esta desarrolla una reflexión sobre el paralelismo entre la madre y la hija al mismo tiempo en que se va dejando detalles que luego serán retomados al final del texto cuando la niña muere y divaga como alma en pena, recorriendo sus pasos, los lugares y personas que conoció. Solo esperamos que su autor no atente contra este buen cuento y no termine haciendo su parte I, parte II o sus sagas como sucedió con ese otro buen cuento como “Eugenita linda flor”. Volviendo a los textos del libro, continúan un conjunto de relatos cortos: “El pan de cada día”, “Sed”, “Las garras del miedo”, “Deidi”, “Inocente por pecador” y “El inquilino”. “El pan de cada día” refiere una extraña reflexión de un hombre moribundo sobre la condición del hombre en relación con el trabajo diario de una hormiga; “Sed”, en tanto, trata de cómo un hijo busca ser libre y legitimar su condición a partir de la declaración de su opción sexual; de otro lado, “La garras del miedo” y “Deidi” refieren un tema predilecto y monótono de Norabuena, el amor entre miembros integrantes de una familia; la hermana y la prima, ya aparecidos en otros cuentos. Aunque aquí hay una ligera variante; en el primero, la hermana y el personaje principal, maquinan la muerte de la otra hermana para vivir su amor y; en el segundo, la prima en una 'confusión' (tema muy típico de los cuentos del autor huaracino) termina viviendo con el personaje y éste le confiesa abierta y cínicamente su amor por la otra persona. En cambio, en “Inocente por pecador”, cuyo título ya de por si es previsible y pobre, una mujer en trauma por la muerte de su esposo en una equivocación mata a su hijo. Similar ocurre en el cuento “El inquilino”, donde también hay un asesinato en una situación confusa. En este último grupo de cuentos, como también en el primer conjunto, observamos que el autor utiliza técnicas literarias que sin duda demuestran su dominio y conocimiento del oficio técnico; sin embargo, casi todos son similares en los relatos (en este nuevo libro y en anteriores publicaciones); los cuales los hacen muy previsibles, otro detalle que debe repararse es que todos poseen una misma estructura: una narración en contrapunto, un final abierto en casi todos los textos y la sorpresa técnica que se develará en el último párrafo.

Como hemos podido observar, los personajes que aparecen en este conjunto de cuentos, buscan legitimar su existencia en relación al 'otro'. Hacer legítimo un amor enfermizo por medio de una posesión en “Muerte en San Valentín”; hacer legítimo una obsesión sin importar el precio en “Sebastián”; legitimar una vida decorosa en una sociedad de doble moral en “¿Tú?”; legitimar el equilibrio de la felicidad a costa de la muerte en “Simona”; legitimar el sacrificio simbólico en la vida diaria en “El pan de cada día”; legitimar la libertad de la opción sexual en “Sed”; legitimar un amor caprichoso con la hermana en “Las garras del miedo”; legitimar un amor pasional por la prima en “Deidi”; legitimar la venganza en “Inocente por pecador” y legitimar el arrebato macabro en “El inquilino”. De este modo, todos estos personajes están conectados con esa búsqueda y legitimación a través de la figura del 'otro', donde fracasan sueños, amores, ilusiones, etc. De esta manera el autor construye una visión particular sobre qué es ser un perdedor de oficio y cuál es el final trágico que se le procura; aunque observo que en muchos cuentos es innecesario que el narrador o personaje intente explicar o argumentar porqué una persona es un 'perdedor de oficio' y esto hace que el texto se sienta forzado en algunos párrafos. Por sí solo el título de la obra, Perdedores de oficio, bastaba pues este ya tiene una dimensión simbólica que ya no convenía explicar en cada cuento.

Como el lector podrá comprobar al leer la obra, hay un aura funesta que golpea a los personajes de Norabuena en este libro; pues sucumben frente a la pasión personal y a la naturaleza destructiva sobre el “otro”. Las fisuras existenciales, los traumas no superados y los vacíos del alma en la obra anulan la felicidad en los personajes. De este modo, se intenta representar el sentido trágico de la condición humana en donde existen fuerzas incontenibles pero que irremediablemente a ambas se llega a través del sometimiento y el terror. Hay, para decirlo como Michael Foucault (2003), un espacio donde se ejerce el discurso de poder sobre el cuerpo; es decir, de “vigilar y castigar”. Por un lado, el asesinato, tan caro al género negro y; por otro, la biografía romántica, propia de la novela rosa, parecen celebrar en la obra de Norabuena un complejo encuentro en este libro.

Por otro lado, he seguido de cerca el desarrollo de la narrativa de Norabuena y observo dos lugares comunes en aquella y que aún persisten en esta última entrega. Lugares que, por cierto, hacen previsible la técnica que emplea el autor (por ejemplo, el contrapunto narrativo y el narrador en segunda persona desde ya muchos libros anteriores a este y que al autor a veces los emplea con rigor y redundancia estructural) y la monotemática que a veces el autor no quisiera desligarse. Claro, esto no lo observa un lector colegial, sino los amigos quienes hemos leído de cerca la poética narrativa del autor. Como ya había advertido Javier Morales Mena (2007) sobre El huayco que te ha de llevar, hay malezas en el campo de trigo de la narrativa de Norabuena que incluso, en este aparente inicio de la madurez, observo que asoman casi descaradamente. El primero es la poca ficcionalización del discurso estilístico oral (Por ejemplo, “cuando los celos atacan por la puerta, el amor escapa por la ventana” (p. 14) o “el amor es vida y la vida es muerte” (p. 19) en el cuento “Muerte en San Valentín”; hasta una expresión pobrísima como “las ideas que van fluyendo como peces en la mar” (p. 38.) o textos forzados como “Retazos fuimos y en retazos nos convertiremos nuevamente” (p. 47) en el cuento “¿Tú?”; o en un título que intenta una metáfora pobre como “Las garras del miedo”)  y el diminutivo ligado muchas veces con el temple amoroso de algunas tramas narrativas que acaso lindan con lo cursi y lo inverosímil (por ejemplo, “Violeta, mi gaviotita Chimbotana” (p. 18) en “Muerte en San Valentín”, “Soy tu gatita, la gatita de tu corazón” (p. 24) en “Sebastián”, “Sí, fueron sus ojos de pichón de gaviota”(p. 73) o en “Te lo dedicaré, mi tierna gaviotita” (p. 73) en “Deidi”, que nos recuerdan por momentos a un romanticismo trasnochado.

Por lo que queda decir de Perdedores de oficio, este es un libro que a nivel técnico reitera muchos de los lugares comunes por donde ya ha transitado la narrativa de Norabuena; a nivel temático sucede igual: la violencia hacia el 'otro', la frustración, la tragedia, la mala fortuna y hasta ciertas tramas ya aparecidas en otros cuentos nuevamente se dan cita. Una primera parte de su narrativa focaliza el espacio andino (imbuida de la cosmovisión andina); en esta segunda, hay en cambio una aparente permuta de espacio (por la urbe); sin embargo, este parece ser solo un débil cascarón ya que muchos de los personajes poseen una racionalidad andina, un carácter similar al de los otros personajes, incluso en sus actitudes violentas no pueden desligarse de aquel vínculo. Pese a todo ello, considero a Norabuena un autor valioso dentro de la narrativa ancashina contemporánea, dentro de esta afirmación caben textos como El huayco que te ha de llevar, el cuento “Eugenita, linda flor” y Fuego cruzado como textos de muy buen nivel. En esta nueva publicación, así como en las anteriores, Norabuena ha hecho de la violencia uno de sus personajes principales de su narrativa. Esto, evidentemente, también puede obedecer a que en su poética escritural trata de representar cierto sector social donde este elemento se ha agudizado. Desde una lectura sociológica los personajes de Norabuena obedecen a cierto tipo de sociedad posmoderna imbuida en la crisis de los sistemas de historicidad y de los valores éticos y la verdad, propias de un sistema en crisis y donde prima el individualismo, el goce instrumentalizado del placer y ego macabro. En este libro, el lector podrá observar la compleja naturaleza humana que se muestra a través de complejos transtornos de ansiedad, traumas no superados, vacíos existenciales, la dependencia emocional, situaciones de depresión y personalidades anormales que nos permiten observar a una sociedad frívola y cambiante aún con mayor vertiginosidad que se representan en este siglo.



REFERENCIAS

Foucault, Michael. (2003). Vigilar y castigar. Buenos aires, Siglo XXI editores.
Morales Mena, Javier. (2007). “Primera aproximación a la narrativa huaracina última”. En: Kordillera. Revista Cultural, N° 22, Año 8, Huaraz, pp. 6-7.
Norabuena Figueroa, Edgar. (2016). Perdedores de oficio. Huaraz, Killa Editorial.