martes, 4 de junio de 2019

APUNTES PARA UNA LECTURA DE "EL ARTE DE REMONTAR LA ZOZOBRA" DE AUGUSTO RUBIO ACOSTA


Los últimos impulsos desarrollados por poetas en Áncash han manifestado un sugestivo manejo del lenguaje poético que se materializan en propuestas como la de Manuel Cerna en Poemas perdidos, Ricardo Ayllón en Un poco de aire en una boca impura, Juan Carlos Lucano con su poemario La hora secuestrada, César Quispe con su libro Una piedra desplomada, Wilder Caururo Sánchez con Pájaro. Escrito para no matar, Dante Lecca con Breve tratado de ternura, Antonio Sarmiento con su obra La colina interior, Elí Urbina con La sal de las hienas y El arte de remontar la zozobra de Augusto Rubio, entre otros. Este dato resulta significativo; por un lado, se observa que los poetas provienen de ejes geográficos como Chimbote (en mayor cantidad) y Huaraz y; por otro lado, también se advierte que existe una creciente continuidad escritural forjada por escritores que llevan en alto el peso de poetas mayores como Rosa Cerna, Marcos Yauri, Julio Ortega, Juan Ojeda, Óscar Colchado, Román Obregón y Abdón Dextre.

El arte de remontar la zozobra (La resistencia Editores, 2018) es la más reciente publicación del poeta porteño Augusto Rubio Acosta (Chimbote, 1973). El autor, además, combina su faceta como gestor cultural, narrador y periodista. A esta reciente publicación se pueden añadir, también de su autoría, los siguientes poemarios: Inventario de iras y sueños (2005), Mi camisa de comando (2007) y Poquita fe (2010).

A través del presente texto me detendré en observar las particularidades de la poesía de Rubio. En primer lugar, analizo la configuración del sujeto escindido que se percibe por medio de la fragmentación del yo, la experiencia de la fugacidad cotidiana en el ámbito de la posmodernidad; en segundo lugar, observaré los tipos de memoria que se entretejen en el poemario; y, finalmente, abordaré cómo se construyen las representaciones figurales en el poemario a través del lenguaje.

1) Al leer el texto podemos observar que predomina la voz del locutor en primera persona (por ejemplo, en las deixis “yo” – “me”), también denominado como yo poético. En los poemas, este sujeto construye por medio del lenguaje una realidad escindida, que se percibe por medio de la fragmentación del yo, muy ligado a la experiencia de la fugacidad del tiempo en el ámbito cotidiano y la transformación de este en las grandes urbes como producto de la migración.
camino al peaje, desde los últimos ranchos, desde los barrios
innombrables donde termina-empieza la ciudad, los niños
harapientos me despidieron desnudos -sonriendo- mientras yo
pensaba en sus pulmones.

                                          (De “poemas de los días con los que hablaba con el mar”)

El tema del paseante en la urbe no es nuevo en poesía, hay una tradición importante iniciada con Baudelaire a partir de Las flores del mal (y de esta en la sección “Cuadros parisinos”), que funciona como una crítica a la sociedad, en la que aparecía la desproporcional “vida moderna”. La poesía de El arte de remontar la zozobra ofrece una interesante alegoría del viajante, del paseante por las calles, muy ligada al flâneaur Baudeleriano que al dandismo. El flâneaur o paseante baudeleriano ejerce una áspera crítica a la ilusión de la modernidad; en cambio el dandi consume la modernidad y se integra a ella. En la poética de Rubio el yo poético construye una identidad de paseante (cronista poético, por momentos), pues hay en esta una mirada crítica y áspera de la ciudad, del puerto, de la vida misma, una carga moral insoslayable frente al “ser” hendido.  De esta manera, la poética de Rubio levanta el polvo sobre la falsa modernidad y sus desastres en el hombre. El texto, “poema de los días en que hablaba con el mar” puede ser útil para entender esta dinámica:

me lavé la cara y la desdicha pensando en los abismos, caminé hacia el mar por la panamericana, y mientras veía pasar los autos, los pájaros, los patrulleros, cualquier cosa, me pregunté desde cuándo mi vida era una sombra, una lágrima hirviendo a la mitad de las infamias. había despertado y ahí estaba de nuevo mi voz; entre los médanos a uno nadie lo escucha y se puede hablar, toser, gritar y maldecir; las piedras se alinean en los bordes del asfalto como la historia, ese libro imperfecto de rabia y sudor, de sangre y hervor humano, ese rugido adulterado que registra -piltrafa abyecta- el transcurrir de los días. / camino al peaje, desde los últimos ranchos, desde los barrios innombrables… (p. 26)

El filósofo italiano Gianni Vattimo (1987) y el pensador francés Jean-François Lyotard (1987) coinciden en subrayar que la posmodernidad es un momento filosófico e histórico que advierte de la crisis y el fin del siglo XX. Entonces, la posmodernidad se caracteriza por la fragmentación del yo, la despersonalización, el signo del pesimismo y el debilitamiento de la historicidad, pues cuestiona a la Historia oficial que aparece como catastrófica y en la que se erigió el Progreso, el Humanismo, la Cultura, etc., como categorías importantes para interpretar la realidad. En este contexto el yo poético es el prisionero del tiempo, de la despersonalización del ser, la cosificación, la racionalidad instrumental, y cuya respuesta es su individualismo como vía de escape, que es a su vez una forma de volver a la construcción de la identidad y la individuación como sujeto único e irrepetible.
De esta forma, al leer el libro, podemos notar una atmósfera espiritual casi repetible en todos los poemas: el desencanto, la agonía, la crisis existencial, la orfandad y la crisis del mismo acto de escribir. El ir y el venir de la vida marca el círculo vicioso, el eterno retorno, lo monótono del día a día que llega a manifestarse como una crisis existencial en la voz poética:

el ir y venir a la deriva por los hondos bordes de una atmósfera
ominosa
me enrostra la angustia
la indagación de mi oficio
el asedio a la realidad vivida
la tensa alambrada en la azotea de la existencia

                                       (De “las psíquicas facultades de la noche”)

En este contexto posmoderno la figura femenina y la belleza se hallan en la experiencia de la fugacidad ligada al ámbito del dinamismo de la vida y a la transformación de esta en las grandes urbes; es así que la mujer y el amor son inasibles por la violencia del tiempo, donde el yo se resiste a integrarse y como auxilio queda solo la memoria, el recuerdo y la imagen de lo ausente:

en la soledad más salvaje de mi encierro, en la hora última -y a los hechos me remito- de pronto pensé en mis hijos; me vi en sus ojos transparentes, grandes y negritos, en las brasas de sus pechos de donde surge y se incinera -siempre- mi llantopensé también en las mujeres que un día me amaron. recordé las veces que fotografié a mi musa frente al océano, nuestro deambular por los insondables médanos de la noche, volví a las veces que dibujó en las orillas del viento, en los campos de cultivo donde nadie siembra, en las aguas que todo lo devoran…

                              (De “poema de los días en que hablaba con el mar”)

2) Otro elemento importante en el libro y que cobra notoriedad es la memoria. El antropólogo alemán, Jan Assmann distingue dos tipos: la memoria cultural y la memoria comunicativa. La primera cumple una función de almacenamiento social; mientras que la segunda, realiza la función de una memoria de todos los días que se sitúa en la actualidad. Desde mi perspectiva, en la obra de Rubio, advertimos en predominio una memoria comunicativa, situada en la actualidad y, por tanto, en la cotidianidad del “ser”. Hay elementos que nos permiten sostener esta idea, ya que constantemente nos encontramos con deícticos propios del ámbito cotidiano (caminar, cantar, sentar, escuchar, vestir, escribir, fumar, barrer, arrancar, etc.), pero que requieren información contextual para transmitir cualquier significado. El poema de esta manera plantea una memoria comunicativa de la cotidianidad, el siguiente texto de “también mi corazón escarbando”, puede resultar ilustrativo:

me pongo el saco y me pongo serio
(así como siempre he sido)
la realidad del ser humano
su desarrollo como especie social
y su conducta a través del tiempo
nunca fue de mi incumbencia
la forma de morir la elegí hace mucho:
convertirme en tu destino
en las antípodas de la luz y la memoria (p.17)

Otros elementos ligados a la categoría de memoria pueden ser (por el rasgo semántico): pasado, memoria, historia, nostalgia, recuerdo, etc., que aparecen en El arte de remontar la zozobra. En el libro es evidente que hay una clara representación del pasado, lo que podríamos denominar como una retórica órfica. ¿Y cómo se manifiesta esta?, ¿qué particularidades posee? Esta idea alegoriza al mítico Orfeo en relación con el tópico del viaje (simbólico, por cierto) que hace el héroe griego al mundo de los muertos (al pasado). El hombre recuerda y al hacerlo viaja a través del tiempo y se interna en el mundo del pasado para traer a la luz algún recuerdo, alguna nostalgia, alguna historia y activarla en el presente. Viaja a la oscuridad de la memoria. Pero al igual que en el mito, hay en este viaje figural una conciencia trágica, el pasado es inaprensible. De esta manera se configura, en el locutor personaje, una visión desesperanzadora en el presente:

le arranqué además respuestas
al dolor y la nostalgia
a nuestro mundo usurpado
y al desayuno que te nombra
a la taza donde bebo
a las raíces que nuestros ancestros
definitivamente han perdido
me arranqué verdades hoy
desde dónde escribo y para quién lo hago
qué es eso de arrojar botellas al océano
si me basta estar atado a tu memoria
descifrar el manuscrito en tus ojos
abandonarme a tu destino

                        (De “fulminación del invierno”)

3) Finalmente, abordaré el universo figurativo del poema y cómo se percibe el mundo de las representaciones en El arte de remontar la zozobra.
La poesía de Rubio ha procurado, desde sus libros anteriores, construir un discurso ligado al lenguaje cotidiano, a las jergas, al diálogo, a los clichés, y es que ha calado bastante la influencia de la poesía norteamericana de la segunda mitad del siglo XX, el rock and roll, y la vida del autor muy ligado a la crónica del día a día, propia del género periodístico donde también tiene muchos logros. Estos versos de dos poemas pueden resultar ejemplificadores:

yo nunca supe de commodities
de tasas de interés
ni indicadores bursátiles
la misión que tuve siempre en la vida
fue defender nuestra luna
el cielo las nubes las estrellas prostitutas
la alegría que a pesar del cemento y la mierda
brota como reclamo
de lo más profundo de la tierra

                           (De “Puerto eten”)

mi nombre es gucho
vivo en el progre
leo el periódico en la esquina de gálvez
con la avenida buenos aires
y me vacila pearl jam U2
stone temple pilots
y las enormes bridgestone
de los tráileres

                        (De “poema de cualquier tarde”)

Pero, ¿qué de particular tiene este lenguaje? A mi entender, el lenguaje poético de Rubio condensa perfectamente con la voz del o los personaje poéticos marginados o excluidos de la modernidad, pues esta representación del contexto y la atmósfera de la vida en las grandes urbes, muy distinto a otros poetas ancashinos, marcan una propuesta poética particular, quizás solo emparentado con Manuel Cerna, aunque los estilos sean disímiles.

Por otro lado, el título del libro es sumamente interesante. Está compuesto principalmente por tres palabras: arte, remontar y zozobra. El concepto de “arte” que aquí se desarrolla está en su acepción más extensa y referida a la actividad humana transformadora o trascendente; el concepto de “remontar” está ligado al ámbito de la navegación aguas arriba en una corriente y; “zozobra”, referida a la inclinación de una embarcación a consecuencia de la tempestad que origina la entrada del agua. Desde nuestra lectura, no es gratuita la referencia al elemento marino en el poemario. A nivel literal el título alude a la habilidad del navegante para sobresalir de la inestabilidad y la fuerza del mar; sin embargo, a nivel figurativo refiere la peripecia del hombre lanzado a remontar la inestabilidad de la vida misma que es el mar. Para Jorge Manrique, nuestras vidas son los ríos que va a dar a la mar; pero desde la visión de Rubio, la vida está en el mar, por ello la referencia constante a este en el libro, la mirada esperanzadora hacia este y es el lugar donde el yo poético retorna para reintegrarse a su mundo interior y encontrarse. 

Para finalizar, El arte de remontar la zozobra (2018) de Augusto Rubio confirma el estro creativo de su autor. El poemario, reafirma que la poesía ancashina de esta última década ha construido una poética donde el yo se haya escindido, como consecuencia de la experiencia posmoderna, tras la ilusión de la modernidad; de ahí resulta una reflexión sobre la fragmentación del yo y su individualismo como una actitud frente a un contexto apático, caótico, diforme y cambiante. El rincón feliz en este contexto es la memoria y; el lenguaje, su heroísmo catárquico.

Alejandro G. Mautino Guillén