Hay un elemento clave
en la narrativa de Colchado: el discurso mítico. Este tiene la capacidad de mitificar
un espacio referencial. De este modo, Chimbote se convierte en el telón de
fondo en el libro Del mar a la ciudad. Asimismo, es sabido
que mitificar un espacio no solo obedece a un proceso de referencialidad sino
que actúa como si fuese un personaje más, al menos así lo
entiende la narrativa moderna. Por ejemplo, Joyce mitifica Dublín, Faulkner a Yoknapatawpha, Roma en el caso de Moravia, el Manhatan de
Dos Passos, el Oak Park de Hemingway o el Kansas de Truman Capote, entre otros.
¿Cómo ha planteado Colchado las focalizaciones de los espacios en su narrativa?
Mi narrativa hasta el momento se desarrolla en dos espacios
referenciales: un pueblo del Callejón de Conchucos que está presente en mis
cuentos y novelas y que aparece con diferentes nombres por mi deliberado
propósito de cubrir un espacio panadino y el otro propiamente la ciudad de
Chimbote, a donde llegué niño aún procedente de aquel pueblito serrano al que
muy pocas veces he mencionado directamente. Si es que esos espacios
referenciales al que aludo devienen en míticos se debe a esa subjetividad
propia que tiene cada escritor de ver el mundo.
Sábato, al referirse sobre la temática de la
narrativa moderna, sostiene que “el gran tema de la literatura no es ya la
aventura del hombre lanzado a la
conquista del mundo externo, sino la aventura del hombre que explora los
abismos y cuevas de su propia alma”. De este modo, el mundo exterior se articula
como un angustioso telón de fondo para representar la hazaña del hombre
moderno, donde es necesario conquistar una utopía. Se habla del individuo en
la ciudad, se habla del héroe moderno, aquel que batalla con sus monstruos
interiores, con la pobreza, el trabajo, con su propia alma, con su angustia,
sus frustraciones, sus miedos, etc. Noto que en Del
mar a la ciudad, esta perspectiva no
le es ajena si rastreamos los conflictos, motivos, sueños, ilusiones y utopías
de muchos personajes en los cuentos.
Yo creo que Sábato en
cierta medida tiene razón. En “El escritor y sus fantasmas” hace profundas
reflexiones sobre los grandes temas de la novela y nos da los ejemplos de
Proust, Kafka, Faulkner, Dostoievski y sus inmersiones en las profundidades del
alma, la condición humana y los sueños, entre otros. Arremete contra las
novelas policiales, de aventuras y otras de fácil factura y cuestiona muy acremente
la narrativa de los conductistas o exterioristas del noveau roman.
Volviendo sobre Del mar a la ciudad, distingo que se
presenta un elemento clásico del mito. Esta es la aventura del héroe migrante
que tiene que conquistar un espacio de referencialidad y otro que linda con la
subjetividad. Este héroe de cualidades y virtudes, en algunos casos
sobrenaturales, es lanzado a la conquista de un espacio que se le presenta como
necesario para afirmar su existencia. En Del mar a la ciudad se lleva al plano ficcional el tema del viaje en sus
conceptos más amplios y en su sentido más simbólico, de este modo es posible
los viajes hacia el interior del pensamiento, del recuerdo, de la memoria, de
las ilusiones etc. Pero también estos coinciden con viajes de un lugar a “otro”,
por ejemplo de la sierra a la costa, de las islas al puerto, del pasado al presente, de la alucinación a
la realidad, etc. ¿Qué simbolizarían, acaso una
utopía?
Uno de los cuentos del libro Del
mar a la ciudad es el viaje de unos migrantes andinos hacia la costa en
busca de trabajo, el mismo que resulta siendo un relato mítico, mágico o fantástico,
que simboliza la crisis del sistema capitalista y plantea la utopía de una sociedad
que se levantaría sobre los escombros de aquél.
En su novela Rosa
Cuchillo, dos mundos parecen
luchar, mundos opuestos, pero complementarios, me refiero al mundo como
realidad sensible y el mundo mítico, ¿Cómo se plantean estos conflictos y
asimilaciones?
Como es
sabido, el yanantín, según el
pensamiento andino es la lucha de mundos opuestos pero complementarios. Ese ser
tangible, real, que es el hombre mientras hay en él un fulgor de vida, está
siempre en pugna con esa realidad mítica, etérea, que es su alma la cual se
revela con la muerte. Al producirse esta, ese ser tangible, material, cambia a
un estado espiritual que, absorbido por la totalidad del cosmos, halla por fin
su complemento que le permite insertarse dentro de este.
¿Podría hablarnos de
la espectronarrativa de su prosa?. En Del mar a la ciudad está visible un discurso fantasmagórico: “Isla
blanca”, “Katia o algo más que una historia de amor”, “Del mar a la ciudad”,
“El tren”, “Vuelve la Moby Dick” o en Rosa Cuchillo, en algunos cuentos de
Cordillera Negra. ¿Qué elementos involucran esta espectronarrativa?
Resulta que las cosas que yo escribo tienden a volverse míticos, mágicos
o fantásticos por una fuerza que me gobierna y me impele a teñirlos de
sustancias oníricas. Son asuntos de la subconsciencia los que logran esas
transformaciones en relatos planteados desde sus inicios de una manera realista
y que, como repito, terminan escapando a la voluntad del autor.
En muchos de sus
cuentos y novelas está presente una técnica (entre muchas otras), referida a un
discurso fragmentado y diagramático, con manejos y rompimientos de tiempos
secuenciales y espacios, por un lado esto a nivel técnico y, por otro, esta
misma técnica acaso tiene que ver con los rompimientos, fracturas y
reacomodamientos de la historia peruana. ¿La técnica también simboliza
al tema?
En algunos casos se hace esto de manera deliberada; mas no siempre. A
veces los reacondicionamientos, rompimientos y fracturas de un texto literario
sólo responden a precisiones estrictamente formales. Sin embargo, los críticos
hurgan tanto que encuentran cosas que el autor no lo pensó; pero que
seguramente estaban ahí de modo inconsciente.
Tomás Escajadillo, González
Vigil, James Higgins, Víctor Quiroz Aguirre y Edith Pérez señalan que Colchado
representa lo individual valioso y representativo del neoindigenismo, entre una
dialéctica ineludible: la religión andina y la religión cristiana, la
cosmovisión costeña y la cosmovisión andina.
Creo que sí. Siempre he tratado de mostrar la síncresis de la religión
andina y la religión cristiana y la engañosa asimilación de dioses de esta
última por parte de los andinos, a fin de contrarrestar la destrucción de sus deidades por los
extirpadores de idolatrías. He mostrado también la pervivencia de ciertas
huacas que aún tienen vigencia en estos tiempos de la globalización.
¿Mucho se ha hablado
de las marcas de Arguedas, Alegría y Rulfo por el sentir de los temas y
motivos; Joyce, por la secuencias técnicas. ¿Qué otros escritores han
dejado huellas en tu narrativa, Óscar?
Principalmente los que reflexionan sobre los temas y
problemas de nuestra América india. Aparte de lo que tú has mencionado citaré,
por ejemplo, a Miguel Ángel Asturias, a Alejo Carpentier, a Joao Guimaraes
Rosa, a Augusto Roa Bastos, entre otros, quienes están dotados, no sólo del
conocimiento de nuestra gran riqueza ancestral, sino que manejan todas las
técnicas de la narrativa moderna, sin hacerlas deliberadamente visibles como
ocurre con los escritores del boom literario.
¿Cómo ves el panorama actual de la literatura en Ancash, especialmente,
qué imágenes te transmiten las publicaciones de novelas, cuentos, revistas en
esta parte del país?
Me entusiasma mucho la producción última de la narrativa
ancashina. Veo que hay jóvenes valores que apuntan muy lejos, que se hallan en
plena formación y que están dotados para hacer obras que han de dejar huella.
Es un panorama muy alentador para nuestra región.
¿Palabras finales de Óscar Colchado Lucio?
Me gustaría que siempre estén atentos al rescate de
nuestra identidad cultural. Nosotros somos un país con un rico legado histórico
y es necesario no dejarse avasallar por los cantos de sirena de la modernidad.
Tomar de esta sí lo que es necesario, pero erguidos siempre sobre nuestra gran
herencia ancestral. No olvidemos esa ejemplar frase de Gamaliel Churata: “Para
ser modernos hay que ser muy antiguos”.