martes, 24 de noviembre de 2009

Los hijos de Hilario

Macedonio Villafán Broncano (Ancash, 1949) es escritor, crítico literario y catedrático universitario en la Universidad Nacional de Ancash Santiago Antúnez de Mayolo. En 1987 obtuvo el Tercer Premio Copé de Cuento con “Sueños y viajes en las quebradas”; en 1997, el Primer Puesto del Premio Nacional de Literatura Quechua de la Universidad Federico Villareal con el cuento “Apu Kolkijirka”, y es autor del libro “Los hijos de Hilario” (1999). A continuación, una versión resumida de la entrevista a Villafàn.

En su libro de cuentos “Los hijos de Hilario”, ¿los temas lo fueron escogiendo o usted los escogió? ¿Cómo se articuló su contenido?
Los temas propios surgen a veces como una suerte de respuesta a la ausencia de temas de otros escritores, como una especie de búsqueda de temas de los que no han hablado otros. En mi caso, fui consciente de que había que diferenciarse de de los que estaban cerca, como Óscar Colchado, o, un poco antes, del mismo Marcos Yauri Montero, o de los maestros Alegría y Arguedas. Vi, por ejemplo, que Óscar Colchado, en “Cordillera Negra”, se había orientado al hombre andino en espacios rurales. Entonces pensé que tenía que hacer algo diferente, pues advertí que había cambios. El hombre del Callejón de Huaylas, por ejemplo, más o menos por la década del 60 empezó a cambiar; se trataba de un campesino andino en transformación, con todas las posibilidades de insertarse en el espacio urbano. Entonces, me dije, acá está el tema, y encontré esta veta de la migración y de la transformación que va sufriendo el hombre andino frente al mundo urbano y la modernidad.

Usted ha construido personajes que se resisten a la modernidad, pero que sin embargo no quieren ser ajenos a ésta.
Claro, toda transformación es conflictiva, no es fácil. De ahí que, efectivamente, podemos señalar que se trata de marcar los diversos rostros, las diversas instancias, o, si se quiere, las diversas caras de ese prisma en el que se encuentra el hombre andino. Este hombre andino puede transformarse sin sacar el pie del mundo rural, por ejemplo el personaje narrador de mi cuento “Fiesta grande”, o, de repente, en el caso de “Tantas amarguras por ella”, donde los padres buscan aferrarse a su mundo y no quieren que su hijo parta con la ola migratoria hacia la capital. Como tú dices, el hombre andino se ve inmerso en el conflicto de qué hacer ante un universo en que la modernidad atropella e invade su mundo. Yo creo que deben verse las múltiples facetas, los rostros, los conflictos, los diversos modos, y señalar qué avances y qué retrocesos se han producido.
¿Cómo logra configurar el efecto mítico en “Los hijos de Hilario”?
Bueno, yo pienso que cuando se habla del hombre andino hay que hacerlo desde su contexto cultural, y lo mítico es parte obligatoria de ese contexto. El mito implica un lenguaje, un medio, un discurso de aprehensión del mundo; y pienso yo que un escritor que intente mostrar al hombre andino, necesariamente tiene que llegar al discurso mítico, un elemento que no se puede obviar.

En su libro inédito “Pequeña nación” noto que la variante de la oralidad mítica e histórica, al final del relato, juega con la ironía, o es, en todo caso, un juego creativo que tiene que detectar el lector. ¿Qué plantea este libro?
Este libro es, en principio, un proyecto que está en pleno desarrollo. Es una especie de puntas de ciertos icebergs que están en el mar; ahí está la mirada a la época de la Conquista, a los hechos históricos, y su interpretación desde el tiempo actual. La propuesta que estoy trabajando es una especie de visión de historias cortas de lo que es Ancash, pero no en sentido localista lógicamente. Pretendo más bien que sea engañoso. La pretensión es que el libro, a través de la suma en conjunto de los cuentos breves, sea una especie de símbolo de cualquier país latinoamericano, de cualquier región latinoamericana, o, en todo caso, de nacionalidades pequeñas en nuestra Latinoamérica. Aparte de la pretensión de hacer diversas voces, diversos discursos con diversos lenguajes, hay varias y múltiples cosas por ver en estos textos.
¿Cómo ve el panorama actual de la literatura ancashina, hay un florecimiento responsable o irresponsable?
Es heterogéneo, la heterogeneidad no en el sentido de Antonio Cornejo Polar, cuando habla del indigenismo, sino en cuanto a niveles. Yo estoy atento a toda la literatura en Ancash, desde los 70, y creo que ese problema persiste. Así como podemos encontrar poetas que se esmeran, que trabajan la palabra, que tratan de tener en cuenta, digamos, el contexto literario de este ciclo, de cómo se está haciendo literatura en otros sitios, hay otros que no piensan en ese problema, no se hacen problemas por eso y, sin embargo, publican libros. Hay gente que sí tiene mucho entusiasmo en que su arte sea duradero y genere discusión y debate, pues necesariamente pasa por una exigencia, por una búsqueda desde algún modo novedoso de escribir o de trabajar la palabra, entonces se van esmerando; pero hay otros que piensan sacar libros y nada más. Pero sucede también que a veces uno va a un encuentro de literatura o sobre literatura, y se encuentra textos con mucho descuido, entonces esa heterogeneidad de niveles persiste. No obstante, hay una tradición que está bien fundada en Ancash; en narrativa, por ejemplo, está cimentada en Zavaleta, en Yauri, en Colchado. Y si esta tradición está bien cimentada, ¿por dónde hay que continuar? Pues por el camino de mantener el nivel para que la literatura de nuestra región concite la atención de otras latitudes.

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