miércoles, 27 de mayo de 2009

UNA ANTOLOGÍA DE LA POESÍA ÚLTIMA DE ANCASH

Por: Camilo Fernàndez Cozman

“La poesía debe ser escrita por todos” -sentenció el poeta Lautréamont. Es decir, ella constituye un trabajo de tipo colectivo. T.S. Eliot decía que la labor de los poetas era la de preservar su lengua. Por eso, el lazo entre poesía y lengua es de carácter indiscutible. Hugo Friedrich hablaba de la conciencia crítica del poeta moderno, quien debía ser consciente de los rasgos más saltantes y de la problemática que involucra al hecho de escribir poesía. Y el ejemplo, para él, era Charles Baudelaire, quien compuso Las flores del mal; pero también ejerció, con sindéresis, la crítica escribiendo artículos sobre pintores y escritores de su época.

La orgía inmóvil: 15 poetas. Muestra de la poesía joven de Ancash es una buena selección de la nueva literatura que se produce en el interior del país. Observo que la temática erótica predomina de modo creciente y que dichos poetas nos sorprenden con su estro moldeando metáforas, profundizando en la meditación sobre la complejidad de la relación amorosa o dialogando creativamente con la tradición literaria.

Roxana Ghiglino revela un buen trabajo con el lenguaje: “Empiezo por declarar la guerra a cada estrella inmaculada/ y a danzar sobre el cadáver de una palabra irredenta”. En efecto, “La elaboración de una sombra” es un poema notable porque trasunta un buen manejo del ritmo y de la simbología de las palabras.

Patricia Colchado explora la dimensión erótica a partir de una simbología que remite a la naturaleza y al mundo grecolatino: hay referencias a la figura de Narciso y al “aroma helénico de tus cabellos”. Es digno de resaltar el escandido de los versos y el empleo de los puntos suspensivos como recursos formales empleados por la poeta.

Jaime Tranca dialoga con la figura de Rulfo y, por lo tanto, establece complejas redes intertextuales. El escritor mexicano pasa a ser un posible creador de la figura del yo poético: “Rulfo decidió ya no inventarme”. Al final el poema termina siendo una fructífera meditación acerca de los imprecisos límites entre la realidad y la ficción.

Carlos Maguiña medita sobre la guerra en el mundo contemporáneo subrayando el peso del recuerdo como determinante de la vivencia en el presente. Temas como la sexualidad y la locura aparecen atravesados por una atmósfera donde reina la muerte.

Joule Cáceres realiza una lectura muy personal de la figura de don Quijote, cuya locura permite paradójicamente un acercamiento más lúcido a la complejidad del amor: “Te he inventado entre el sueño y el milagro del fuego”. El poeta reflexiona en torno a cómo el Caballero de la Triste Figura termina extraviado en la ciudad como un rezago de una ilusión perdida.

Luz Shuán se solaza en las imágenes de corte surrealista explorando el espacio de la página en blanco. Se trata de un torrente de metáforas donde predominan aquellas que remiten al agua (“canto lleno de lágrimas”) o al aire (“Los vientos azules de aquella noche”) para propugnar un retorno al mito del eterno retorno y a la regeneración de los cuerpos.

Eber Zorrilla manifiesta una óptica neorromántica que entra en feliz mixtura con una apología del exceso: “Déjame esculpir blanco en el trigal acre de tu vientre”. Se trata de construir una obra de arte con la figura de la amada de manera que el erotismo adquiera un auténtico cariz humano.

John López explora la compleja relación entre el hombre y los ciclos de la naturaleza. La relación erótica, para él, hace que el ser humano se involucra, de modo fecundo, en el movimiento de regeneración del cosmos y con la dinámica de los ciclos naturales.

Ronal Marcelo aborda el tópico de la familia asociada al perenne eje del desierto. El reconocimiento del terruño propio, el recuerdo de la figura de la madre constituyen núcleos a partir de los cuales se teje un espacio donde prepondera el silencio, es decir, la insoslayable crisis de la comunicación.

María Isabel Guillén cavila acerca de cómo el amor está indisolublemente ligado a la muerte: “Hazme vino y bébeme/ hasta saciar el afán de tus células sedientas”. El final de “Poema X” hace ostensible que el nacimiento está fuertemente vinculado a la muerte a través del tamiz del amor.

Benggi Bedoya hace alusión al lazo entre la pasión y la locura. Se trata de una apología del exceso: “esta noche/ la esquizofrenia me tiene en sus garras/ y no hay forma de huir”. De alguna manera Rimbaud y el surrealismo pusieron de relieve cómo la poesía se asocia con la desorganización de los sentidos y el discurso del esquizofrénico como prácticas destinadas a cuestionar la racionalidad occidental.

Denisse Vega utiliza creativamente series enumerativas para dialogar con la propia poesía encarnada en un personaje: “poesía/ que no me des de beber/ poesía/ que ahora yo verteré el pocillo”. El acto de crear se asocia con una suerte de auto sacrificio que permite la purificación mediante el arte.

Christian Ahumada opone la eternidad a la sensación de un profundo desamparo. Es decir, la soledad produce en el yo poético una sensación de soledad que se enlaza con la devastación y el derrumbe: “Usted busca/ la eternidad en mi gruta/ de ventanas fijas y huerto helado/ pero la soledad me ha devastado”.

José Cárdenas indaga por el sentido del tiempo en el ámbito de la cotidianidad. En tal sentido, el yo poético percibe una atmósfera de caída y de objetos marchitos. La ausencia y la muerte han terminado triunfando en el ámbito del amor.

Axthedmio Mau Guil vuelve sus ojos a la tradición literaria y recuerda a Borges como un ser que sueña con un animal nocturno. El acto de cerrar los ojos tiene una dimensión simbólica precisa: trata de configurar una sucesión inacabable a la manera de un laberinto borgeano.

Esta muestra de la poesía joven de Ancash ofrece una selección de la mejor producción lírica, realizada en autores que empiezan por el duro camino de la creación literaria. Celebro la aparición de esta antología como manifestación de que la poesía se renueva, de modo infinito, como el Ave Fénix.

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Nota: Camilo Fernàndez Cozman es crítico literario y poeta nacido en 1965, en Lima (Perú). Es miembro de número de la Academia Peruana de la Lengua y profesor de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y de la Universidad San Ignacio de Loyola. Ha sido conferencista en las universidades de Santiago de Chile, Salamanca, Burdeos, Roma, Florencia, Siena, Bérgamo, Urbino y Rímini. Forma parte del Consejo de Redacción de la revista electrónica Tonos digital de la Universidad de Murcia. Ha obtenido el primer puesto en los siguientes certámenes: Concurso de Ensayo "Raúl Porras Barrenechea" (Instituto Nacional de Cultura,1997), Primer Concurso Nacional del Libro Universitario (Asamblea Nacional de Rectores,2003), Premio al Mérito Científico (UNMSM, 2004 y 2006), Premio Nacional de Ensayo "Federico Villarreal" 2005, entre otros.

MIGUEL GUTIÉRREZ: ENTRE EL CAFÉ Y EL CIGARRILLO,CONVERSACIÓN CON EL VIEJO SAURIO.



Por Alejandro Mautino Guillén


El viejo saurio en Huaraz

Sin duda, uno de los más grandes narradores de la literatura peruana contemporánea. En alguna oportunidad me sentí obsesionado por la vida de los reptiles, mas aún, sabiendo que había un reptil -escritor (tómese este epíteto, no como ofensa o de animo despectivo, sino como un animo figurativo o metafórico de la trascendencia de este notable escritor) que venía de la cálida Piura a hablarnos de su prosa, tan fina, tan lograda.
Una mañana soleada y un aromático y abrumador olor a tabaco en la cafetería "El encuentro" nos esperaban. El viejo saurio pregunta por un café express, y es complacido por un halo de rapidez, mientras medita un poco y enciende un Hamilton. Sentado nos cuenta algunas anécdotas y se sumerge en parte de su vida y  su formación como escritor.
Miguel Gutiérrez dice que Gabriel García Márquez solía decir que él escribía para que lo amen sus amigos; Bryce, también dice lo mismo, escribo para que me quieran mis amigos; por desgracia y por los resultados, yo escribo para que me odien…
Gutiérrez recuerda que, cuando publicó su primer libro; el viejo saurio se retira (1968), la crítica de aquél entonces fue muy severa, e incluso la consideraban como un libro indecente e inmoral que no hacia bien a la juventud. Pues dicho texto, trataba la vida de unos adolescentes en un colegio de curas y su férrea formación religiosa que tenía como escenario referencial una ciudad marcada con una aguda pobreza y depravación social. Incluso una crítica de esos años, la más importante de entonces, a nivel periodístico, dijo que su novela merecía el tacho de la basura.
Considerado como una especie de víbora, que hablaba mal de su propia tierra, estaban a punto de considerarlo persona no grata en Piura, lugar donde nació el escritor en 1940. Pasaron 30 años y la nueva generación de lectores leyeron e interpretaron de otro modo su novela, nuevos aires, nuevas perspectivas para su prolífica carrera como escritor.
Otro libro, el que suscitó odio en las personas es su ensayo, La Generación del 50: un mundo dividido (Lima: Sétimo Ensayo, 1988). Éste, un libro que reúne la inquietud del escritor por el proceso de nuestra literatura a través de la denominada Generación 50 en un marco de desestabilidad político-social en esos años. Cuando apareció este libro, hubo un silencio total, ni una nota periodística, era un libro muy crítico y hasta agrio para algunos escritores, dice Gutiérrez.
Nada parece perturbarnos “El viejo saurio” se detiene en el silencio imperecedero y sutilmente toma su café express, mientras cautelosa y detalladamente habla de sus encuentros con José María Arguedas, Ciro Alegría y Juan Rulfo, entre la enorme cabellera de humo del segundo cigarrillo, que es encendido por su complaciente esposa y que agradablemente se filtra en nuestras narices juveniles…

Acaba la primera ronda de cafés americanos y express. Fraternalmente el viejo saurio (MG) nos mira fijamente, me mira fijamente y pregunta sin más qué género literario es nuestro preferido. Nuestra voz se nubla y fragmentariamente solemos decir que nos gusta la poesía; entonces, sonríe un poco el saurio, piensa… viene a su mente su libro El pacto con el diablo y nos dice que en aquél recoge muchos artículos y ensayos acerca de los poetas de los años 50, 60 y 70. Y hablando de poesía, suele filtrarse y evocarse en su memoria los nombres de poetas como José María Eguren, César Vallejo, César Moro, Martín Adán, Emilio Adolfo Westphalen, Carlos Oquendo de Amat, Jorge Eduardo Eielson, Javier Sologuren, Juan Gonzalo Rose, Blanca Varela, Pablo Guevara, Rodolfo Hinostroza, Javier Heraud, Jorge Pimentel, Abelardo Sánchez León, Carmen Ollé, María Emilia Cornejo, Enrique Verástegui, entre otros.
Respira nostálgico el saurio y afirma que a pesar de la descomunal referencia de autores en nuestra poesía peruana; sin lugar a duda, los más significativos y de mayor trascendencia que él pudiera citar son los nombres de César Vallejo y Jorge Eduardo Eielson. Por un lado Vallejo, como iniciador de una tradición poética nueva y original en nuestro país y reconocida en el exterior (Trilce); por otro lado Eielson, con una matriz musical y pictórica desbordante quien exhibe duramente a la modernidad alienante en Habitación en roma.
Se reinventa nuevamente el saurio, su memoria y sus historias nos atrapan. Después de encender otro cigarrillo, entonces explosionan en los labios del viejo saurio nombres como el de Jorge Luis Borges, Charles Baudelaire, George Bataille, William Faulkner, Frans Kafka, James Joyce, Marcel Proust, Sthepane Mallarmè, Paul Verlaine, Arthur Rimbaud, etc. Considerando a estos como escritores de gran calidad literaria y filosófica en algunos casos, e incluso recomienda el viejo saurio leer a Truman Capote (A sangre fría).
La narrativa en el siglo XX es fundamental para él. El autor de Hombres de camino y La violencia del tiempo hace una distinción telúrica, confirma sustancialmente una triada Joyce, Kafka y Proust; considerándolos como los verdaderos renovadores de la narrativa moderna. Recuerda Gutiérrez también ser asiduo lector de Kafka; el autor de La metamorfosis, en donde Gregorio Samsa sufre una transformación, una trasgresión involuntaria por medio de una marginación mas extraña y abusurda, que linda entre la realidad y el sueño, esa soledad distorsionada y autodestructiva, que se ve también en El Proceso, dice el maestro.
Nos asaltan nuevas ideas de la narrativa de la violencia, ¿acaso también a nivel musical se dio este fenómeno? ¿acaso también la música, es decir, subterránea, surge en este lapso?

El autor de La destrucción del reino y de Un mundo sin Xóchitl,  afirma no ser especialista en música subterránea. Pero efectivamente, en sus ensayos sobre este mismo tema, el de la narrativa de la violencia, toca brevemente el tema del movimiento musical subterráneo, ya nacientes en este contexto. Afirma que Leuzemia y Narcosis; en efecto, fueron los que singularmente, resumen esa protesta contestataria y rebelde de los años 80´. Cómo olvidar -afirma MG- las romanzas, las cursiles del señor Daniel F, que sin duda empiezan a incorporar música y poesía a este fenómeno social. Ya que, en esos años, eran algo así como poetas populares que sabían mucho de música e incluso de poesía.
Hablando de la combinación armoniosa de los sonidos; es decir, la música, MG también nos afirma su fascinación por los acordes de guitarra. Se muestra maravillado por los arpegios, por su inventiva de deleitar y por esa combinación singular que le recuerdan en sus mejores años a Ximi Hendrix y Santana…
Finalmente, un tema no apetecible para los escritores, aunque significativos para muchos de ellos, el papel de la crítica en nuestro país. ¿La crítica literaria afecta de algún modo al inconsciente del creador-escritor?

MG suele decir que hay pocos críticos serios y que, por el contrario, tenemos a falsos críticos frustrados existencialmente. Pero a pesar de ello, sí hay un tipo de críticos extraordinarios, críticos creadores como Luis Cernuda en España; buen crítico y buen poeta, otro caso resaltante en nuestro país lo es Mario Vargas Llosa, que cumple sin duda esa distinción, hablando de grandes figuras…
El viejo saurio recuerda las críticas a su libro El mundo sin Xóchitl (2001); críticas como las de Melvin Ledgar, Kathya Araujo, entre otros. Sin embargo, una crítica sustancialmente breve, pero que mejor ha logrado simplificar temáticamente y estructuralmente su novela, es pues la de la poeta Ana María Gazzolo, según el mismo autor.
El viejo saurio parece fascinado por la idea de no ser entrevistado mecánicamente (pregunta-respuesta). Lo motiva animosamente la idea del diálogo creativo, del encontrarse, directo y libre. De este modo, el escritor termina siendo el entrevistador y así también parece culminar nuestra extensa sesión en una cafetería del parque del periodista.
El viejo saurio busca su bastón. Lo ayuda su esposa a levantarse de la mesa y suele despedirse con un “ojala me visiten algún día allá en Lima”. El viejo saurio abraza a su mujer, a su reptil compañera. Entonces, una imagen desolada suele evaporarse entre nuestras pupilas, como en aquel final de El amor en los tiempos del cólera; donde es la vida, más que la muerte, la que no tiene límites. Ellos parten de igual modo, como si fuesen cómplices de algo, con rumbo incierto por las calles de Huaraz, calles ya desconocidas para nosotros.
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NOTA: Miguel Gutiérrez es autor de una novela juvenil como lo señala James Higgins: El viejo saurio se retira (Lima: Milla Batres, 1968), pero logra notoriedad con la publicación de sus novelas en su madurez como narrador en Hombres de caminos (Lima: Editorial Horizonte,1988); La violencia del tiempo, 3 vols. (Lima: Milla Batres, 1991); La destrucción del reino (Lima: Milla Batres,1992); Babel, el paraíso (Lima: Colmillo Blanco,1993); Poderes secretos (Lima: Campodónico, 1995); El mundo sin Xóchitl (Lima: Fondo de Cultura Económica, 2001), Confesiones de Tamara Fiol (Lima: Alfaguara,2008), entre otros textos.